Opinión

Un parásito llamado Hedi Slimane

Un parásito llamado Hedi Slimane
Un parásito llamado Hedi Slimane

Inmaculada Urrea

11 sep 2025

Confieso que este fin de semana iba a escribir una reflexión sobre mi querido Giorgio Occhi di ghiaccio, pero Hedi Slimane la Apisonadora trastocó mis planes con su story del pasado sábado en Instagram, así que aquí estoy para comentar de nuevo sobre el diseñador y sus cositas.

 

En una especie de amable comunicado advierte: “Salí de Celine en octubre de 2024. Estoy convencido desde entonces (y me alegra) de que Celine sabrá reinventarse brillantemente en sus campañas publicitarias y su imagen institucional, con una gramática y un universo fotográfico distintivos y autónomos”. Y prosigue: “Es en el respeto hacia uno mismo y hacia los demás… saber crear, inventar e innovar velando por la originalidad y la integridad, adherirse a su tiempo y enmarcar los futuros éxitos de esta casa de moda”, para concluir: “Estoy impaciente por descubrir el nuevo lenguaje fotográfico de Celine y la nueva imagen visionaria de una maison francesa a la que sigo profundamente vinculado”.

 

Resumiendo: pobre de Michael Rider si se le ocurre hacer nada mínimamente parecido a Mr. Apisonadora. Ya nadie puede ser tan rockeroindieminimalista como él. Es decir, tonto el último. Pero vamos a ver…

 

Que Slimane tiene talento es innegable: el de convertir cualquier marca en una réplica de sí mismo. Da igual que sea Dior, Saint Laurent o Céline: apisona con su manual de rock adolescente y andrógino de cuero negro y looks slim, arrasando cual Atila con cualquier héritage. No interpreta, impone su monólogo. Su creatividad no es un homenaje a la identidad previa, sino un reseteo sistemático.

 

 

 

 

Por eso me resulta casi cómico que ahora reclame respeto, él, que jamás lo ha tenido por los archivos de las marcas en las que ha trabajado, apisonando siluetas y códigos. Slimane apisona uniformando. Su estilo no evoluciona, invade. Es como un parásito: instalado en una marca, se alimenta de su prestigio y sustituye su patrimonio por un estilo monocorde, que ni se adapta ni reinterpreta. Y cuando por fin se va, deja una marca vacía, obligada a reconstruirse.

 

Si tuviese marca propia, sería su primera defensora: a coherencia no le gana nadie. Es tan predecible como Chanel, Armani o Ralph Lauren. Con Slimane, 0 sorpresa. Pero no, según parece, no tiene ninguna intención de crear su propia marca.

 

La culpa de este fenómeno no es suya: los verdaderos responsables son los CEOs que lo contratan. Saben lo que pasará porque Slimane no engaña a nadie: llega con su full pack estético y su cámara, y convierte la marca de turno en su marca. Su ego vampiriza todo. ¿Beneficios de contratarlo? Imagen cool a corto plazo, ventas rápidas, titulares. Pero el coste es alto: borrado de identidad, vaciado del patrimonio, reducción de la marca a un uniforme intercambiable.

 

Lo bueno del caso es que ahora exige un respeto que él nunca ha dado. En la vida, el respeto se gana reconociendo al otro. En moda, también. Si no, funda tu propia marca y haz en ella lo que quieras. Qué listo, el tipo: yo, a jugar con “mis cositas” y de lo complicado que se ocupen otros. Porque crear una marca (y que tenga éxito) es muy difícil. Ser un buen creativo no basta, basta recordar a Lacroix, Galliano, Josep Font o hasta el mismísimo Karl Lagerfeld.

 

Cada marca tiene (o debería tener) un patrimonio simbólico, estético y cultural que ha de dialogar con el presente. El papel de un director creativo itinerante es reinterpretarlo, no borrarlo. Así, la moda se convierte en diálogo, no en monólogo. Pero Slimane, verdadero dictador estético, es el rey del copypaste autoreferenciado. Y con cada maison apisonada, el paisaje de la moda se empobrece y muere un gatito.

Inmaculada Urrea

Inmaculada Urrea

Inmaculada Urrea. Mi lema: “No es marca si no pasa por el corazón”. Soy una consultora free spirit y me gusta ayudar a crear identidades de marca memorables. Llevo más de 30 años dedicada al sector de la moda y casi 20 como consultora de todo tipo de marcas. Me apasiona el branding y mis clientes, por este orden. Soy honesta, independiente y con criterio propio. Para mí, la marca está por encima de todo y de todos. Es una ética, además de una estética. Pienso siempre que a mis clientes su marca les importa tanto como a mí, así que me encanta enseñarles a gestionar su identidad, porque la marca es suya, no mía. Por cierto: tener un brandbook es necesario, pero no suficiente: sin implementación, no hay paraíso, ni beneficio. Sólo branding de postureo. Más información en mi antiweb: inmaculadaurrea.com