Opinión

La Inteligencia Artificial no salvará a la industria de la moda

La Inteligencia Artificial no salvará a la industria de la moda
La Inteligencia Artificial no salvará a la industria de la moda

Rosa Fernández Velilla

22 sep 2025

Que la inteligencia artificial tiene el poder de transformar la industria de la moda no es noticia. Lo que de verdad importa es cómo convertir ese poder en realidad traduciéndose en progreso tangible.

 

Mustafa Suleyman, CEO de Microsoft AI, lo expresó recientemente con una claridad poco habitual en la jerga tecnológica: “El futuro ya está aquí, más distribuido que nunca… pero activado de forma desigual. La IA es un superordenador gratuito en tu bolsillo. Pero no todo el mundo sabe que lo tiene. Qué puede hacer. Cómo usarlo. El acceso nivela el terreno de juego. Ahora necesitamos educación para que la gente pueda salir a jugar en él.”

 

Su observación señala la paradoja de nuestro tiempo: la tecnología nunca había estado tan disponible, tan barata, tan al alcance de cualquiera; y, sin embargo, nunca había sido tan inútil en manos de quienes no saben qué hacer con ella. La mera posesión de la herramienta ya no significa nada: todos tenemos acceso a modelos de IA de niveles extraordinarios pero muy pocos sabemos cómo activarlos con propósito.

 

La estadística lo confirma con crudeza. El MIT Nanda, en su informe The GenAI Divide: State of AI in Business 2025, comparte que el 95% de las organizaciones están obteniendo cero retornos de sus iniciativas de IA, y solo el 5% de los pilotos generan valor económico significativo. El motivo es claro: nos perdemos en listas de herramientas y de modelos de IA interminables, en prompts mágicos que creemos recetas replicables y en rankings imposibles de entender. Esta energía y curiosidad es la que deberíamos invertir en entrenar criterio, imaginación y en practicar tareas útiles que con la IA podríamos dominar.

 

Por citar algunas en procesos creativos de moda, estamos hablando de: creación de moodboards originales y únicos; exploración infinita de siluetas, prints y materiales; infinitas propuestas de diseños amplificadas por la IA; visualizaciones hiperrealistas de ideas que ahorran cientos de muestras; variaciones frescas de best sellers que prolongan su ciclo comercial; campañas editoriales declinadas y adaptadas a los códigos de cada canal. Y muchas más.

 

El tiempo que antes se diluía en la ejecución se libera para lo que de verdad importa: la mirada, el gusto y la curaduría. Se gana eficiencia, sí, pero sobre todo se gana diferenciación. Porque ahí donde la repetición aburre, la IA puede convertirse en un aliado del diseñador para la singularidad. El resultado ya no son piezas para engordar el scroll infinito, sino creaciones significativas capaces de detenerlo.

 

Pero, ¿cómo conseguimos centrarnos en las tareas creativas y no en la tecnología? Con educación en IA. La respuesta parece sencilla y, sin embargo, exige un cambio cultural radical en la manera de trabajar: en esta nueva era solo se aprende haciendo. La metáfora médica resulta inevitable: igual que ningún cirujano se forma sin entrar en el quirófano, la moda no puede aprender IA desde el aula ni desde un tutorial. El conocimiento en IA sin práctica se evapora; la teoría sin acción es puro ornamento. Aprender ya no es un ritual de preparación para el mañana, sino un gesto inmediato: abrir el ordenador, probar, fallar, corregir, volver a intentar. Un ciclo perpetuo de ensayo y error en el que la práctica, más que la teoría, se convierte en la única forma auténtica de aprendizaje.

 

Esta nueva lógica de aprender altera la organización desde la raíz. La formación ya no es una check list a cumplir para la Dirección. Los equipos creativos trabajan y aprenden a la vez, difuminando la frontera entre tareas y formación en un proceso que nunca acaba. Recursos Humanos deja de preparar formaciones para convertirse en creador de experiencias prácticas de aprendizaje continuadas en el tiempo. Los líderes dejan de preguntar a IT qué herramientas de IA necesitamos para empezar a preguntar qué nuevas tareas concretas estamos haciendo hoy con IA y qué impacto real estamos teniendo. ¿Acaso preguntamos al cirujano qué marca de bisturí usa? No. Lo que nos importa es que el cirujano sea el mejor operando. Del mismo modo, debemos dejar de hablar de herramientas de IA y empezar a hablar de tareas que se pueden y se deben hacer con IA.

 

La cuestión se vuelve entonces política en el sentido más amplio: ¿Qué tipo de liderazgo requiere esta nueva era? Uno totalmente renovado. Ya no sirve parapetarse tras la retórica del roadmap, el brainstorming o el steering committee. Ese lenguaje pertenece a una temporalidad extinta. La IA exige otro pulso: la velocidad no perdona. Hacer, probar, fallar, iterar, mejorar y volver a empezar. En bucles infinitos de acción y aprendizaje continuo. El verdadero liderazgo consiste en activar esos círculos virtuosos: en sostener el movimiento perpetuo, inspirando y guiando.

 

El contexto global añade, además, un matiz inquietante. La Organización Mundial del Comercio calcula que la IA podría aumentar hasta un 40% el valor del comercio mundial de aquí a 2040, gracias a la reducción de costes y la ganancia de productividad. Pero no todos los sectores avanzan al mismo ritmo: la moda aparece al fondo de la tabla, junto a la construcción o el papel. Dicho claramente: si la moda no acelera su adopción, corre el riesgo de perder su oportunidad histórica de crecimiento. McKinsey estima que la sola IA generativa podría añadir entre 150.000 y 275.000 millones de dólares al beneficio operativo de la industria. El problema no es la falta de potencial, sino la falta de velocidad, de acción y de educación práctica en IA.

 

Esta educación parte, además, de un lugar renovado, de un laboratorio de exploración. Es necesario investigar, tensionar los límites de lo posible, experimentar con lenguajes opuestos a lo “técnico” en problemas y oportunidades reales. Con artistas, y no con ingenieros, que empujen los límites de lo posible con IA y luego se lo enseñen al resto de los profesionales. La moda puede, y debe, marcar un camino distinto al de otros sectores con la IA.

 

La IA, por sí sola, no salvará a la moda. La educación sí.

Rosa Fernández Velilla

Rosa Fernández Velilla

Rosa Fernández-Velilla Peña es cofundadora y CEO de prompt couture, la primera consultora estratégica europea especializada en potenciar la creatividad deorganizaciones y profesionales del sector de la moda mediante IA generativa. Con una dilatada trayectoria como directiva en compañías de lujo, retail y moda como Inditex (chief digital officer en Bershka entre 2015 y 2021) y El Corte Inglés (digital director en fashion, beauty and luxury entre 2013- 2015), y con un amplio background en consultoría (Accenture), Fernández-Velilla conoce de primera mano los retos de la industria de la moda y tiene claro cómo la IA generativa puede ser clave para

resolverlos. Desde su fundación en 2024, prompt couture ya ha formado a más de un millar de creativos de grandes grupos de moda de Europa, Oriente medio y Brasil y prevé llegar a los 15.000 profesionales en los próximos 3 años.