16 jul 2025
Me tiene muy alucinada que, en pleno siglo XXI y con “todas” las mujeres “empoderadas” siga viendo imágenes que hablan de todo lo contrario. La moda, como todos sabemos, es un fiel reflejo de la sociedad, y en este tema no iba a ser menos. Sólo hay que ver las alfombras rojas, pasarelas de mujeres objetualizadas en su inmensa mayoría hasta la náusea.
El cuerpo femenino ha sido el lienzo de experimentación del patriarcado desde que éste se convirtió en la representación del poder. A lo largo de la historia, no ha habido nada menos natural y cómodo que vestir de mujer. Pero, para colmo, las mujeres que iban a la moda siempre han sido vestidas por hombres (los sastres), ya que hasta el siglo XVIII las costureras no pudieron trabajar de forma independiente. Sin embargo, la cosa tampoco cambió demasiado, ya que el canon de belleza imperante marcaba la moda y, así, las mujeres llegamos al siglo XIX e incluso al XX asfixiadas y enfermas a causa del corsé.
De lo que quiero hablar hoy es de por qué muchos diseñadores siguen
Pero qué curioso me parece, más allá de la experimentación de las formas, que, en pleno siglo XXI, ser hombre o mujer siga consistiendo, para muchos, en vestir cómodo (ellos) e incómodo (ellas). En respetar el cuerpo masculino y agredir el femenino. Diseñadores que disfrazan de costura una estética misógina creyéndose artistas y que construyen discursos estéticos y éticos sobre cuerpos que no son los suyos, deformándolos y convirtiéndolos en espectáculo. Moda conceptual llaman a esta glorificación del sacrificio corporal que muchas aplauden. Sobre todo, las empoderadas que dedican más horas, y dinero, a su cuerpo que a su intelecto.
Pero la moda es una cosa y el arte, otra, como dijo Coco Chanel. La creatividad radical tiene su espacio en el arte, pero no en la moda, si conlleva la sublimación de la falta de libertad de movimiento. Hay una línea muy clara entre experimentar con volúmenes y seguir perpetuando la violencia estética que históricamente he
El corsé ya no oprime en nombre del decoro burgués. Ahora lo hace en nombre del ego creador. El cuerpo de la mujer sigue siendo sacrificable; el de los hombres, no. Muchas mujeres contentas ante este autosacrificio porque ahora “eligen ellas”. Claro que sí, guapis.
¿Sabéis que el deseo no es libre, ni inocente? Está moldeado por el poder y el mercado. Como si las modelos pudieran elegir sus propias medidas para seguir trabajando... La opresión física como herramienta de control en nombre de una moda disfrazada de vanguardia. Thorstein Veblen primero y Naomi Wolf después ya lo dejaron bien claro.
En tiempos de un feminismo ultra, no entiendo por qué ninguno de sus colectivos pone el grito en el cielo. Por qué y, sobre todo, con qué derecho, ciertas miradas
Además de esas cinturas torturadas, podría hablar también de mangas que no se despegan del cuerpo, de hombreras imposibles, de tacones tan afilados como la puntera del zapato o de plataformas que parecen peanas. En cambio, ellos, como siempre, tan cómodos con sus trajes, porexperimentales que sean. No se trata de maltratar sus cuerpos también, sino de dejar de hacerlo con los nuestros.
Como llevo diciendo desde hace tanto que ni me acuerdo: el problema no son los traumas de ciertos hombres, sino los complejos de muchas mujeres. Hoy ya no necesitamos, como antes, que nos liberen de nada. Podemos por fin hacerlo solas. Pero, por lo visto, no todas quieren. Ni tienen toda la información.
Como escribió en X el experto en moda @LucioChine: “La respuesta de los diseñadores al neo feminismo, la sororidad, el empoderamiento femenino y la igualdad en pleno siglo XXI es tapar la cara a las modelos, corsés imposibles, volúmenes que no permiten caminar ni moverse, tejidos que no transpiran y vestidos de princesa Disney”.
La moda y sus cositas.
Inmaculada Urrea
Inmaculada Urrea. Mi lema: “No es marca si no pasa por el corazón”. Soy una consultora free spirit y me gusta ayudar a crear identidades de marca memorables. Llevo más de 30 años dedicada al sector de la moda y casi 20 como consultora de todo tipo de marcas. Me apasiona el branding y mis clientes, por este orden. Soy honesta, independiente y con criterio propio. Para mí, la marca está por encima de todo y de todos. Es una ética, además de una estética. Pienso siempre que a mis clientes su marca les importa tanto como a mí, así que me encanta enseñarles a gestionar su identidad, porque la marca es suya, no mía. Por cierto: tener un brandbook es necesario, pero no suficiente: sin implementación, no hay paraíso, ni beneficio. Sólo branding de postureo. Más información en mi antiweb: inmaculadaurrea.com
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