22 ene 2026
La marroquinería española vive un momento decisivo. Somos un país con una larga tradición en el trabajo de la piel, con talleres familiares que han construido, durante décadas, un saber hacer que hoy reconocen las principales firmas del lujo internacional.
España ha consolidado una posición en el panorama internacional al convertirse en uno de los principales centros europeos de fabricación de artículos de piel para las firmas más prestigiosas del mundo. Desde Ubrique hasta Barcelona, pasando por la Comunidad Valenciana o Galicia, numerosos talleres y fábricas trabajan para marcas que ocupan habitualmente las portadas de las revistas internacionales.
Esta fortaleza no es fruto de la casualidad. La cifra de negocio del sector, 4.870 millones de euros, según los últimos registros industriales, evidencia una industria madura, diversificada y con una notable capacidad exportadora: más del 65% de la producción se destina a mercados exteriores y algunos artículos, como los bolsos de piel, superan los 900 millones de euros en exportaciones. Se trata de un músculo industrial que pocos países europeos pueden igualar.
Sin embargo, ese patrimonio industrial y cultural se enfrenta a una de sus amenazas más silenciosas: la falta de relevo generacional. Un problema que no sólo compromete la continuidad de las empresas, sino, sobre todo, la capacidad del sector para competir en un mercado global donde la calidad, la trazabilidad y la excelencia son más valoradas que nunca.
Quienes hemos nacido y crecido en el oficio conocemos bien esta encrucijada. Recibimos de nuestros padres una tradición basada en la disciplina, el rigor artesanal y la relación de confianza con los clientes. Pero también heredamos un reto: la necesidad de modernizar, atraer nuevo talento, profesionalizar procesos y proyectar una visión que mire más allá del taller y entienda la marroquinería como una industria avanzada.
Son muchos los obstáculos a afrontar, algunos de ellos los abordaré a continuación. El primer obstáculo es evidente: la falta de mano de obra cualificada. La artesanía de la piel requiere años de aprendizaje, paciencia y vocación.
Sin embargo, la alta demanda de mano de obra cualificada y las exigencias propias de la industria para poder cubrir las necesidades productivas han llevado a la instauración de nuevos modelos productivos en cadena, que cubren esa necesidad cuantitativa pero que ponen en serio peligro la artesanía y el oficio.
El segundo desafío está en la presión competitiva global. España compite con polos industriales consolidados como Italia, Francia, Portugal, entre otros, que combinan una excelencia en la manufactura con agilidad productiva. Ante ello, la respuesta no puede ser bajar precios ni renunciar a la calidad: debe ser elevar aún más el valor del trabajo artesanal.
El tercer desafío está en los términos flexibilidad y polivalencia. En el contexto actual, el mundo avanza con más incertidumbres que certezas. Los cambios económicos, sociales y tecnológicos se suceden a una velocidad sin precedentes, obligando a las empresas a replantear constantemente su forma de trabajar. En este escenario, la capacidad de adaptación deja de ser un valor añadido para convertirse en un requisito imprescindible.
Por ello, fortalecer la flexibilidad tanto en los procesos productivos como en el propio trabajo de los artesanos será clave para afrontar los desafíos del futuro. La combinación de oficio, técnica y capacidad de respuesta nos permitirá evolucionar sin perder nuestra esencia, garantizando que cada pieza mantenga su excelencia incluso en un entorno en continua transformación. La flexibilidad será, en definitiva, uno de los principales pilares para seguir aportando valor y mantenernos competitivos en un mercado cada vez más exigente.
El cuarto obstáculo es un elemento más profundo: el modelo de empresa familiar. El relevo generacional requiere liderazgo, profesionalización y, en muchos casos, tomar decisiones difíciles. Pasar de un modelo centrado en la figura del fundador a uno basado en equipos multidisciplinares, estructuras claras y procesos estandarizados es un proceso que no todos los talleres han abordado a tiempo. Pero es indispensable. La gestión moderna del lujo exige visión estratégica, capacidad de inversión y un estilo de liderazgo que combine tradición e innovación.
Para finalizar, el último y quinto obstáculo a destacar es la escasez de marcas propias de lujo. A diferencia de otros países con una tradición marroquinera fuerte, en España existen muy pocas marcas propias de lujo consolidadas. Durante décadas, la industria ha centrado su modelo de negocio en la fabricación para terceros, convirtiéndose en un socio estratégico para las grandes maisons de lujo. Este modelo ha permitido desarrollar una altísima especialización técnica, pero también ha generado una dependencia estructural del éxito o fracaso de las marcas para las que se produce.
La consecuencia es clara: cuando las firmas experimentan cambios de estrategia, fluctuaciones en su demanda o simples ciclos naturales del mercado, los talleres españoles sienten de inmediato el impacto. Esta vulnerabilidad, sumada a la dificultad de atraer a nuevas generaciones a un sector que perciben como incierto o limitado en sus perspectivas de crecimiento, crea un entorno complejo para garantizar la continuidad empresarial.
Contar con marcas propias fuertes no sólo permitiría equilibrar esta dependencia, sino que abriría nuevas oportunidades de desarrollo, innovación y valor añadido. Una marca propia estable actúa como colchón frente a los vaivenes del mercado internacional y contribuye a generar orgullo sectorial, identidad y visión de futuro. Además, es una herramienta clave para atraer talento joven, que encuentra en la creación de marca un espacio más estimulante y con mayores posibilidades de crecimiento profesional.
El desafío, por tanto, no reside únicamente en transmitir técnicas y oficios a las nuevas generaciones, sino en impulsar un cambio cultural que anime al sector a apostar por el desarrollo de marcas propias. Un camino exigente, pero necesario, para garantizar que la marroquinería española no sólo siga siendo una potencia productiva, sino que también construya un legado propio capaz de perdurar en el tiempo.
“El día de mañana de la marroquinería española se escribirá con las manos de quienes decidan innovar sin renunciar a la esencia, profesionalizar sin perder el alma y construir un legado que represente no sólo lo que fuimos, sino lo que queremos llegar a ser”
La marroquinería española se encuentra, en definitiva, ante un momento histórico. Nunca antes había contado con tanto reconocimiento internacional ni con un potencial industrial tan robusto. Pero tampoco había afrontado desafíos tan determinantes para su futuro. El equilibrio entre tradición y modernidad, entre oficio y tecnología, entre manufactura para terceros y construcción de marcas propias marcará el rumbo de las próximas décadas.
Si somos capaces de atraer talento, fortalecer el relevo generacional y apostar decididamente por una visión estratégica más ambiciosa, el sector no sólo mantendrá su posición, sino que la ampliará. El día de mañana de la marroquinería española se escribirá con las manos de quienes decidan innovar sin renunciar a la esencia, profesionalizar sin perder el alma y construir un legado que represente no sólo lo que fuimos, sino lo que queremos llegar a ser.
Porque el futuro no está escrito: se fabrica, puntada a puntada.
Pedro Galindo
Pedro Galindo es vicepresidente de la Asociación Española de Marroquinería, Artículos de Viaje, Complementos y Afines (Asefma) desde 2024 y director general de la división de lujo de Cache Artesano desde 2014. Galindo es licenciado en administración y dirección de empresas por la University of Wales y cuenta con un máster en negocios internacionales por EAE Business School.
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