15 sep 2025
Hablar de canales es hablar de posibilidades: de oportunidades abiertas y conducidas, de caminos trazados por la valentía, la humildad y, sobre todo, la escucha. Abrir un canal es un acto de exploración… y también de generosidad. Porque si tu canal llega a buen puerto, será la vía por la que otros peregrinen con mayor seguridad. Se canaliza para unir, para escalar industrias e incluso —por qué no— para escapar. Dichosos aquellos canales que nos permiten ponernos a salvo.
Y cuando hablamos de estos conductos, hablamos, por supuesto, de comunicación. Del entendimiento entre un punto y otro —o entre muchos—, del deseo de poner algo en común, compartir, transmitir. La comunicación rompe espacio y tiempo. Y en nuestra sociedad, debería también proponer la reflexión. No solo entretener, sino interpelar.
Pero otra cosa son los tumultos entre los habitantes de un canal. ¿Qué ocurre si insistimos siempre en los mismos actores? ¿Y si ese canal no es lineal, sino triangular? ¿O sistémico? ¿Y si el canal ya no fuera sólo de ida, sino también de vuelta? Pues bien: todas estas preguntas revelan las oportunidades que aún tenemos por descubrir en cómo vemos —y usamos— esos canales. Los canales de nuestras entretelas: los ocultos, los silenciados, los que aún no conocemos.
Toca repasar, entonces, las condiciones del canal: su uso, su propósito, su entorno, sus normas. Hoy, seguimos atrapados en el modelo clásico: yo, marca – vosotros, todos, clientes. Yo te envío estímulos y me quedo a la espera de una respuesta. Como científicos espaciales lanzando señales al vacío interestelar, aguardando durante décadas una réplica en forma de ruido estático —ese zumbido ininteligible que antes llenaba la pantalla cuando no se sintonizaba la televisión. A ver quién es el guapo que lo capta, lo descifra y lo transforma en acción con sentido… sin que acabe perdido en un cisma interdimensional, como en la película de Interestelar.
Este es nuestro cuello de botella. Todos buscando como locos conectar con el cliente, acoger a las comunidades de nuevas generaciones, despertar cierto entusiasmo en esas hordas cambiantes de consumidores. Y aun así, no queremos darnos cuenta de que las sociedades han cambiado. No tanto por loque sienten, sino por cómo se comportan. ¡A los hechos, señorías! En un mundo saturado de estímulos, ya no sabemos por dónde tirar. Buscamos libros de autoayuda para salir de la confusión, y acabamos, al más puro estilo Diógenes de Sinope, intentando alumbrar la penumbra con una lamparilla de aceite.
Pero, al final de la sala —como suele pasar—, surge una voz tímida, casi tintineante:—¿Y la tecnología qué?
Está claro: ese otro canal ya no sirve igual. Necesitamos uno nuevo. Llamemos al sherpa. Y llamémosles: tecnología, innovación y ciencia. La santísima trinidad del progreso. Y atención: en este grupo también incluyo a humanistas, filósofos, sociólogos. Porque, si de algo adolece muchas veces la industria española, es de no meter a todos estos en el ajo. Ellos podrían darnos pistas, abrir caminos más ligeros, más humanos, con mayores garantías.
Pero volviendo a la tecnología y a los canales: ya tenemos las herramientas encima de la mesa. Ahora falta rigor, valentía y ánimo para empezar a jugarla. El Internet de las Cosas nos dio la posibilidad de estar en muchos lugares a la vez, de conectarnos y medir. Blockchain nos ofreció certificaciones inalterables, la capacidad de asegurar, automatizar y garantizar. La inteligencia artificial ha ampliado radicalmente el alcance de las preguntas que solíamos hacer, permitiéndonos saber más… y mejor.
Juntemos todo esto. Construyamos.
Precisamente ahora vemos cómo la sostenibilidad y las nuevas regulaciones están poniendo sobre la mesa canales que ni imaginábamos: desde los pasaportes digitales como llave de entrada, hasta todo lo que puede desarrollarse a partir del etiquetado inteligente, del tagueado de prendas. Prendas que hablan… y que nos hablan.
Ya no se trata del yo-todos, del monólogo de la marca hacia la masa. Ahora es el paso al yo-tú, al “para ti”. Las marcas ya no necesitan llenar el canal decontenido: hay personas —influencers, comunidades, creadores— que ya tienen el contenido, aunque no tengan la marca. Con estos nuevos canales, pueden elevarlo, co-crear, generar valor auténtico.
La industria de la moda, más que nunca, es la industria de saber reconectar.
Javier Fernández Poyo
Con más de 15 años de experiencia en la industria de la moda y retail, Javier Fernández Poyo se ha especializado en la integración estratégica de innovación y tecnología para transformar modelos de negocio. Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Autónoma de Madrid y con un Máster en Operaciones e Innovación por ESADE, su trayectoria combina rigor académico con implementación práctica. Su trayectoria laboral comenzó a desarrollarse en Decathlon (España y Alemania), donde evolucionó desde roles operativos hacia la gestión de innovación en entornos internacionales. En 2018 asumió como responsable de innovación en Desigual, construyendo el área desde cero con una mentalidad disruptiva y fundando Awesome Lab, la aceleradora de startups especializada en moda. Actualmente dirige Vangelis Tech Missions, organización de impacto social basada en el Caribe que utiliza tecnología e innovación para generar valor sostenible. Además, presta asesoramiento estratégico a corporaciones y startups, destacando su rol en Oktics donde lidera la vertical de moda y lifestyle. Complementa su labor como speaker internacional y formador, compartiendo su expertise en gobernanza de innovación y transformación digital en los principales foros del sector.
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