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Escándalo, multitudes e intervención del Gobierno: la rocambolesca llegada de Shein a París

Entre abucheos, cámaras y una cola que daba la vuelta a los grandes almacenes BHV de Le Marais, Shein abrió su primera tienda permanente el mismo día en que el Gobierno francés ordenó la suspensión de su plataforma digital.

Escándalo, multitudes e intervención del Gobierno: la rocambolesca llegada de Shein a París
Escándalo, multitudes e intervención del Gobierno: la rocambolesca llegada de Shein a París

Triana Alonso. París.

Las últimas 48 horas del aterrizaje de Shein en Francia bien podrían inspirar un guion de Paul Thomas Anderson. Cuando parecía que la polémica había alcanzado su punto más álgido en la víspera a la apertura de su primera tienda física en París, el gigante chino ha sorprendido (muy a su pesar) con un nuevo as bajo la manga que ha despertado una polémica de calado nacional y obligado al Gobierno de Emmanuel Macron a reaccionar. La plataforma asiática se ha visto expuesta a los límites de su propio modelo marketplace defensor del libre mercado, en un cocktail de explosivos ingredientes que han combinado la venta de productos ilícitos, como armas blancas o muñecas sexuales de aspecto infantil, la producción no regulada, la competencia desleal o el impacto sobre el medioambiente.

 

En un movimiento vivido como un ataque frontal a la industria gala del prêt-à-porter y a los valores de la République, la compañía liderada por Donald Tang ha abierto una brecha política y social, y se ha topado con un “enemigo” al que probablemente había subestimado. Cuna revolucionaria, Francia practica una política estatista, centralista e intervencionista. Y Shein se ha colocado en el ojo del huracán, objeto de debate global multiplicado por la tradición nacional de convertir toda cuestión en una batalla ideológica y cultural. Crónica de la inauguración más esperada (y polémica) del año en Francia: cuando Shein abrió una tienda y el país se revolucionó.

 

Frente a la fachada renacentista del Hôtel de Ville, símbolo del poder republicano y municipal de París, turistas y despistados se mezclaron con decenas de manifestantes, curiosos y una extensa cola en la céntrica rue de Rivoli que daba la vuelta a la manzana. Al despliegue de vigilancia policial y de seguridad se sumó una gran comitiva de periodistas nacionales e internacionales a las puertas de los grandes almacenes BHV Marais. En el sexto piso del icónico edificio se ultimaban los detalles de la inauguración prevista a la una del mediodía del miércoles 5 de noviembre. En las calles, la polémica estaba servida y el contraste entre el patrimonio parisino y el modelo global de fast fashion alcanzaba su punto máximo.

 

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Del lado del Ayuntamiento, los opositores que se habían dado cita para mostrar su reprobación ante la instalación de Shein en Le Marais. “Shein, non merci”, resumía una enorme pancarta de sentimiento colectivo, si bien las protestas fueron diversas y heterogéneas. Entre grupos ecologistas, activistas y carteles contra el trabajo forzoso o por la protección de los menores, banderas de la región de Xinjiang en la plaza se oyeron abucheos y críticas a las condiciones de los uigures.

 

 

 

 

Por su parte, la alcaldesa Anne Hidalgo se había mostrado reticente a la instalación, que considera “contraria al modelo de comercio sostenible que París defiende” y “una provocación” para la ciudad.

 

Frente a los manifestantes, los pacientes clientes de Shein esperaban desde hacía varias horas la apertura del establecimiento. Algunos de ellos habían llegado a las seis de la mañana. Imperturbables ante las críticas, en general, los compradores justificaban su presencia “por curiosidad” o “porque Shein es más barato” y no veían una diferencia radical entre las prácticas del gigante chino y otras compañías de gran distribución de moda. ¿El perfil de cliente? En su amplia mayoría, mujeres jóvenes y de mediana edad y grupos de adolescentes, teléfono móvil en mano. Además de poder acceder a las prendas de Shein de forma inmediata, el aliciente era doble: los grandes almacenes habían prometido premiar a los compradores con cheques regalos por el mismo valor de la compra ese mismo día.

 

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La expectación ante la apertura no dista de la de otras inauguraciones, en el pasado, de flagships de gigantes como Primark o H&M. Sin embargo, el ambiente agitado y el dispositivo policial reforzado subrayaban el carácter controvertido del evento y la tensión de la jornada. Algunos transeúntes grababan la escena con sus móviles; otros preguntaban qué ocurría. La imagen sintetizaba el conflicto entre dos modelos: la ciudad que reivindica su historia comercial y la globalización que la ocupa.

 

 “Shein ha elegido Francia como laboratorio para su salto definitivo al retail físico”, explicó Donald Tang, presidente ejecutivo del grupo, en un comunicado. “Es natural que este viaje comience en París, en el BHV, cuna del comercio moderno, antes de extenderse a otras ciudades.”  La criticada alianza con la Société des Grands Magasins (SGM), propietaria del BHV, incluye la creación de 200 empleos y, según la empresa, representa “un compromiso para revitalizar los centros urbanos y restaurar los grandes almacenes”. Tang presentó el proyecto como un gesto de “democratización de la moda” y “contribución al comercio local”.

 

 

 

 

Pero la apertura se produce en un momento crítico. Además del escándalo judicial y social, Shein acumula multas por valor de 191 millones de euros en Francia por infracciones sobre cookies, promociones engañosas y falta de transparencia sobre sus materiales.

 

En el interior, los grandes almacenes se mostraron prácticamente vacíos, con plantas que, en las últimas semanas, han perdido la presencia de numerosas marcas del sector del prêt-à-porter francés como respuesta a la entrada de Shein. Ocupando la sexta y última planta del espacio, el gigante chino desplegó una propuesta completa de moda para mujer, hombre, niño, accesorios y prendas deportivas. Alrededor de 6.000 referencias que, según la dirección del espacio, han sido “cuidadosamente seleccionadas” entre los millones de artículos de Shein. “Es un espacio precioso, un ambiente muy agradable y me he comprado prendas que parecen de Sandro”, celebró una de las primeras clientas en salir con su bolsa Shein de los grandes almacenes, entre un fondo de abucheos y reproches.

 

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El precio, una de las cuestiones determinantes del atractivo de Shein, se convirtió en uno de los objetos de crítica. “No es más barato que H&M o Zara”, reprocharon algunas clientas. La oferta, que incorpora algunas submarcas de la plataforma (como Dazy, Motf o Anewsta), baraja una horquilla de precios desde 15 euros las piezas más sencillas hasta alrededor de 100 euros algunos abrigos de polipiel. La composición, 100% políester o poliamida. Y la procedencia, made in China.

 

“Hemos prestado atención al producto, a su calidad y a su fabricación; aquí no vendemos camisetas Shein a dos euros”, defendió Frédéric Mérlin, presidente de la SGM, propietario del BHV y hombre más buscado del día, argumentando que el posicionamiento es ligeramente más elevado porque el retail no disfruta de las mismas ofertas y promociones que la plataforma. El dirigente, que no podía esconder su nerviosismo, argumentó ante la prensa que “Shein cuenta con 25 millones de clientes en Francia” y los productos vendidos “cumplen las normas europeas” y la apertura “atraerá nuevos públicos al centro de París”.

 

 

 

 

El empresario, convertido en enemigo público del sector de moda francés, aseguró que su objetivo consiste en “redinamizar la actividad de los grandes almacenes y conseguir buenos resultados”. Asimismo, añadió que “aunque prefiero no cantar victoria, las primeras sensaciones son muy buenas”. Ante la polémica alrededor de los artículos ilícitos a través del marketplace, Mérlin se mostró de acuerdo con las críticas y dispuesto a tomar las medidas necesarias para solventar la situación.

 

Sólo unas horas después de la inauguración, el Gobierno francés anunció la suspensión temporal de la plataforma Shein, en reacción a la polémica por la venta de muñecas sexuales y armas. La medida, instruida directamente por el primer ministro Sébastien Lecornu, obliga al grupo a demostrar su conformidad con la legislación francesa y se enmarca en la estrategia del Ejecutivo para reforzar el control sobre las plataformas digitales extranjeras.

 

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Tras el anuncio, Shein comunicó la suspensión temporalmente los productos de sus vendedores externos en Francia, con el objetivo de revisar el cumplimiento de las normas nacionales y “garantizar los más altos estándares de protección al consumidor”. La empresa afronta así una nueva ofensiva regulatoria. Pese a la presión y a la ruptura de la colaboración entre BHV y Galeries Lafayette, el grupo mantiene sus planes de expansión en el país, con cinco nuevas aperturas previstas en Angers, Dijon, Grenoble, Limoges y Reims.

 

 

 

 

Ante la polémica, el Gobierno francés calificó la apertura de “error estratégico y peligro, mientras el ministro de Industria, Sébastien Martin, denunció “una estrategia de agresividad que ataca nuestros valores”. Desde el propio sector, Yann Rivoallan, presidente de la Fédération du Prêt-à-Porter Féminin, consideró que la operación fue “el gran fracaso del año”. “Shein ya ha perdido”, señaló, argumentando que “la estrategia de Shein consistía en usar el efecto multitud para apagar las polémicas y fingir que era representativa de los franceses, pero la realidad es otra”.

 

El representante citó un estudio de Ipsos, según el que siete de cada diez franceses piden medidas para detener a Shein. Por su parte, la Union Française des Industries de la Mode et de l’Habillement, organización que agrupa a las principales federaciones del sector, celebró la decisión: “Habíamos pedido esta suspensión. Hemos sido escuchados y seguiremos extremadamente vigilantes respecto a su aplicación”.

 

Para el tejido empresarial francés, la presencia del gigante asiático representa una amenaza directa para el comercio local y la producción nacional. El caso francés se produce mientras la Unión Europea debate nuevas medidas contra el ultra fast fashion. En 2024, 4.600 millones de paquetes de menos de 150 euros fueron importados al bloque, la mayoría procedentes de Asia, y el número se duplica cada dos años.

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