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¿Por qué la moda necesita prepararse ya para un futuro ‘data-driven’?

Las exigencias regulatorias, el Pasaporte Digital de Producto y las demandas de transparencia obligan al sector a repensar sus activos digitales y la gestión de la información con el dato en el centro.

 

¿Por qué la moda necesita prepararse ya para un futuro ‘data-driven’?
¿Por qué la moda necesita prepararse ya para un futuro ‘data-driven’?

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 La digitalización, en el corazón de la moda. Hasta ahora, la transformación digital del sector había centrado sus esfuerzos en objetivos relacionados con la aceleración de procesos creativos, la mejora de la comunicación visual o en ganar velocidad en el desarrollo de colecciones. Sin embargo, el contexto actual obliga a dar un paso más.

 

La llegada del Pasaporte Digital de Producto (DPP, por sus siglas en inglés), junto con un marco regulatorio cada vez más dinámico y exigente en materia de trazabilidad, sostenibilidad y transparencia, está impulsando a las empresas a replantear cómo gestionan, estructuran y comparten la información de sus productos. En este sentido, empresas como CLO Virtual Fashion son capaces de optimizar la operativa de las marcas mediante el uso de tecnología 3D.

 

La cuestión ha dejado de ser si la industria debe digitalizarse, sino qué tipo de activos digitales necesita construir para sostener su negocio e impulsarlo en el medio y largo plazo. En este escenario, el dato ha adquirido un valor casi incalculable y se ha convertido en el verdadero eje de la competitividad en el negocio de la moda.

 

Uno de los grandes desafíos del sector en este ámbito es la fragmentación de la información en archivos, plataformas y departamentos que no dialogan entre sí. Imágenes, fichas técnicas, hojas de cálculo o documentos de proveedores funcionan como estructuras fragmentadas. Este modelo resulta incompatible con un entorno que exige trazabilidad, coherencia y agilidad en la capacidad de respuesta.

 

Aquí es donde el uso de activos 3D marca una diferencia sustancial. Frente a una imagen tradicional, estática y carente de información técnica, un activo 3D actúa como un contenedor dinámico de datos. Integra la representación visual del producto con sus especificaciones técnicas, medidas, propiedades físicas, información de materiales, costes o métricas ESG. A medida que el producto avanza a través de la cadena de valor, el activo 3D se enriquece y se actualiza.

 

 

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Esta lógica convierte al gemelo digital en una fuente única, capaz de acompañar al producto desde el diseño hasta la producción, la comercialización y hasta el cumplimiento normativo. Compañías como CLO llevan años trabajando en esta dirección, impulsando el uso del 3D más allá del fin estético y comprendiéndolo como una infraestructura de datos sobre la que construir procesos más eficientes y conectados.

 

La diferencia es amplia también frente al auge de la Inteligencia Artificial Generativa aplicada a la imagen. Las imágenes generadas por IA pueden acelerar tareas creativas o de comunicación, pero carecen de datos estructurados. Sin una información técnica fiable, no pueden alimentar la cadena de suministro ni sostener procesos industriales complejos.

 

El impacto de este cambio trasciende la tecnología y alcanza de lleno a la organización del negocio. En un entorno donde el producto es un activo de datos compartido, la relación entre marcas y proveedores evoluciona. El proveedor ya no es un mero intermediario, sino un socio técnico que trabaja bajo un mismo gemelo digital con el fin de optimizar procesos, anticipar problemas y ajustar costes antes de fabricar.

 

La colaboración basada en datos reduce errores, acorta plazos y mejora la eficiencia operativa. Del mismo modo, protege mejor la propiedad intelectual, al trabajar sobre plataformas seguras y activos controlados. Con estos métodos, la transparencia deja de ser una amenaza para transformarse en una ventaja competitiva.

 

El consumidor actúa como otro actor clave en este nuevo modelo. El 3D permite comunicar el producto con mayor precisión, transmitiendo información sobre la caída de la prenda, su peso o su ajuste, que una imagen plana no puede ofrecer. Además, el gemelo digital abre nuevas posibilidades narrativas: el cliente puede acceder a la historia completa del producto, desde su origen hasta su impacto ambiental.

 

Aunque la Inteligencia Artificial ofrece mejoras rápidas a nivel individual, el impacto real llega cuando se apoya en datos estructurados y sistemas interconectados. Sin una base sólida de activos 3D, la IA no puede escalar ni alcanzar su máximo potencial.

 

La moda, entonces, se encuentra ante una decisión estratégica entre seguir acumulando imágenes y archivos desconectados o construir una base de datos viva del producto que sostenga la toma de decisiones, el cumplimiento regulatorio y la relación con el mercado. Las compañías que ya integran el 3D como columna vertebral de su cadena de valor parten con ventaja en una carrera que, esta vez, se gana con datos.