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El efecto Shein sacude París: marcas a la fuga del BHV y un gobierno en crisis

La llegada del gigante chino a los históricos grandes almacenes desencadena una crisis sin precedentes. Marcas en retirada, impagos, una petición ciudadana y el debate sobre el ultra fast fashion en plena convulsión política.

El efecto Shein sacude París: marcas a la fuga del BHV y un gobierno en crisis
El efecto Shein sacude París: marcas a la fuga del BHV y un gobierno en crisis
Shein llegará a los grandes almacenes con un espacio de mil metros cuadrados el próximo noviembre.

Triana Alonso

La tormenta no da tregua en el corazón de París. Mientras el nuevo primer ministro Sébastien Lecornu presentaba su dimisión este lunes, sólo escasas horas después de haber dado a conocer los nombres de los futuros ministros de su gobierno, otro terremoto sacudía el mercado galo como una ola incesante que acapara la actualidad desde la pasada semana. Compartiendo igualmente protagonismo en el espacio mediático de la industria con el primer desfile de Balenciaga bajo la mirada creativa Pierpaolo Piccioli, la polémica a partir del anuncio del aterrizaje de Shein en los grandes almacenes de la rue de Rivoli ha desatado una reacción en cadena económica, ética y simbólica que va mucho más allá del comercio de moda.

 

Las reacciones al acuerdo entre grupo Société des Grands Magasins (SGM), propiedad de la familia Merlin, y el gigante chino de la moda rápida no se han hecho esperar. La operación, concebida como un impulso de tráfico y que tomará forma física el próximo noviembre, cuando Shein se instale en la sexta planta del edificio con una superficie de venta de más de mil metros cuadrados, ha abierto una brecha doble.

 

Por un lado, Galeries Lafayette se opone a la comercialización de productos de Shein en algunos de los espacios gestionados en formato de afiliaciación por SGM, una problemática que afectaría a cinco centros de otras ciudades. Por otro, se ha producido una profunda escisión con el ecosistema de marcas que daban vida al BHV.

 

En los últimos meses, decenas de firmas han denunciado impagos, de forma relativamente discreta, por parte de la dirección del BHV Marais. Los grandes almacenes fueron adquiridos hace tan sólo unos meses por SGM a Galeries Lafayette, antiguo propietario, y el gran relanzamiento esperado no se ha producido, por lo que sus responsables aspiran a que el aterrizaje de Shein suponga un golpe de efecto para sus negocios.

 

 

Sin embargo, la realidad dista de las ambiciones del proyecto y las consecuencias se anuncian catastróficas para unos grandes almacenes que ya atravesaban dificultades. Con deudas acumuladas que, según la Unión Francesa de Industrias de la Moda y de la Confección (Ufimh), superarían los siete millones de euros, BHV hace frente a un presente turbulento.  Algunas empresas aseguran que no han recibido pagos desde julio y hablan de una gestión “caótica” bajo el nuevo accionista.

 

Un amplio número de marcas lideradas por nombres franceses como Le Slip Français o Maison Lejaby han decidido abandonar el centro, citando tanto la falta de transparencia como el cambio radical de rumbo comercial. El resultado no es otro que una estampida generalizada de firmas que han recogido sus productos o incluso desmantelado sus corners como mecanismo público de presión para forzar a BHV a ceder y saldar sus cuentas pendientes. Sin ir más lejos, Guillaume Gibault, fundador de Le Slip Français, comunicó el cierre de su espacio tras una década de colaboración, apelando a recuperar “el orgullo” de producir y vender en Francia.

 

Desde la Fédération Française du Prêt-à-Porter Féminin, presidida por Yann Rivoallan, se habla abiertamente de un “desastre anunciado” y de una gestión que “ha dejado de pagar a quienes sostienen el comercio francés”. Por su parte, el presidente de NellyRodi y copresidente de la Ufimh, Pierre-François Le Louët, describe la situación como “una quiebra en directo”, argumentando que las marcas retiraban sus prendas del BHV “cansadas de promesas incumplidas”.

 

El rechazo no se limita a los proveedores. Figuras del ecosistema parisino como Maxime Brousse, cofundador de la plataforma de segunda mano especializada en diseño y decoración Selency, recuerdan que el BHV fue durante años un referente de consumo responsable, con espacios dedicados al reciclaje y la sostenibilidad. “Hoy elige la vía contraria”, lamenta Brousse, calificando la llegada de Shein de “error de imagen” y “golpe para todo el sector”.

 

 

En la misma línea, Christophe Verley, presidente de Maison Serge Lesage, denuncia que las condiciones comerciales se han vuelto inviables: caída del tráfico, márgenes negativos y una sensación generalizada de abandono. Para muchos, el acuerdo con Shein representa el síntoma de una dirección más interesada en el volumen inmediato que en la coherencia a largo plazo.

 

La polémica ha trascendido al terreno político. El primer adjunto a la alcaldía de París, Emmanuel Grégoire, ha lanzado la petición “No a Shein en el BHV”, en la línea de profundo desacuerdo con la decisión mostrado por la alcaldesa, Anne Hidalgo. La firma, que supera ya los 2.000 apoyos cuenta igualmente con el impulso de la directora de impacto de Vestiaire Collective, Dounia Wone; de la. Directora general de la plataforma La Caserne, Maëva Bessis, y del ya mencionado Yann Rivoallan. El texto defiende una moda “creativa, responsable y local” y alerta de que acoger a Shein “es incompatible con los compromisos ecológicos y sociales de la ciudad”.

 

El movimiento se suma a la agenda legislativa francesa, marcada por el proyecto de ley contra la moda ultrarrápida, que penalizará a las plataformas con tasas medioambientales y restricciones publicitarias. La iniciativa, impulsada por el propio Parlamento y respaldada por el Ministerio de Economía, se ha convertido en el símbolo de la resistencia francesa frente a un modelo que contrasta con el discurso de relocalización industrial.

 

El episodio del BHV reabre el debate sobre qué significa hoy “moda francesa”. Lo que comenzó como un problema de impagos y gestión inmobiliaria se ha convertido en una cuestión de identidad. La Banque des Territoires, el brazo financiero del estado que negociaba su participación en la compra del edificio, ha mostrado su incomodidad con la alianza y podría retirarse del proyecto, según la prensa económica local.

 

 

La consultora Félicie Le Dragon, por su parte, prefiere abrir la puerta a la reflexión cuestionando si realmente Frédéric Merlin, el máximo dirigente de SGM, puede “asumir toda la miseria del mundo del retail francés sobre sus espaldas”. Para la experta, el dirigente no es “la causa de todos los males, sino la parte mediática de un iceberg que ha hundido al textil francés” y la polémica tiene más que ver con “un síntoma de la inercia política”. Y no duda en señalar directamente a Shein que, en sus iniciativas de lobbying, asumió la contratación de exministros para acelerar su despliegue en el mercado.

 

La escena, con marcas retirando sus productos de los percheros y federaciones llamando al boicot, ilustra una fractura profunda entre el comercio de proximidad y la lógica del algoritmo, entre el savoir faire y la rentabilidad inmediata. Francia, pionera en legislar contra la moda rápida, vive así un conflicto que sintetiza las tensiones de su propia industria.

 

El BHV, símbolo de la clase media parisina y del comercio tradicional, se convierte ahora en escenario de una batalla cultural y económica que define el rumbo de la moda francesa. En un país donde hasta el Gobierno tiembla y las enseñas de moda entran en concurso a un ritmo acelerado, el futuro del retail se juega en la frontera entre la ética y el negocio.