Romualda echa el cierre: el adiós de los sombreros XXL con raíces almerienses
La firma madrileña se despide de Salesas con una venta final y el mensaje de bajar el ritmo. En seis años, la marca pasó de proyecto artesanal a distribuir en 16 mercados y cerca de 50 puntos de venta, con foco en Estados Unidos.
Romualda baja la persiana de su tienda de Salesas. “Hasta siempre, Almirante”, fijó la marca en la vitrina de su boutique al anunciar las fechas de su última actividad en el número 18 de la madrileña calle Almirante. Hasta el próximo 31 de enero, una venta de archivo, también disponible en su plataforma online, propondrá descuentos en creaciones de estos años, tejidos estampados de colecciones pasadas y dibujos y bocetos originales de su diseñadora. La firma ha acompañado el anuncio con un texto de despedida en el que las fundadoras describen la decisión como “la más difícil de nuestra vida”. En ese mensaje, Romualda explica que necesita bajar el ritmo y reconoce que el esfuerzo de sostener un modelo basado en piezas únicas, producido de forma cercana y cuidada, “no siempre es suficiente”.
Detrás de Romualda han estado las hermanas madrileñas Mariana y Cristina Aguirre. Su historia arrancó en 2020, como ellas mismas describen, antes con una palabra que con un producto. Romualda, el nombre que bautizó a su firma, era una artista holandesa que vivió en el desierto almeriense de Rodalquilar y que impresionó a las hermanas cuando visitaban a amigos de la familia. Ese recuerdo terminó convirtiéndose en su marca, un proyecto familiar y artesanal que fusionaba pintura con diseño premium. Después, llegó el resto, una oferta principal de reconocibles sombreros que fue ampliándose progresivamente gracias al apoyo de sus adeptas clientas, con prendas y accesorios de estampados pintados a mano y un discurso apoyado en lo artesanal y en colaboraciones con artistas, marcas y oficios afines.
Los primeros lanzamientos consistieron en diez modelos de sombreros que se agotaron rápido y empezaron a circular por ciudades como Nueva York o Los Ángeles a través de Instagram. Fácilmente identificables por sus estampados con reminiscencias de acuarela y tamaños exagerados que coincidieron con el boom de las pamelas gigantes del francés Jacquemus, los diseños catapultaron el desarrollo mediático de la marca a nivel internacional. A medio camino entre el objeto de moda y la pieza de estudio, el sombrero XXL se convirtió en su sello de identidad, posicionado alrededor de cien euros.
El atelier también acompañó ese arranque. El primer espacio de trabajo estuvo en el barrio de Prosperidad, en un antiguo taller de costura, donde cada pieza requería horas de confección. Con el tiempo, ese punto se convirtió en un lugar al que acudía clientela a comprar, y las fundadoras decidieron abrir tienda en una calle con más paso. Así nació el local de Almirante, que ahora cierra y deja un espacio libre en uno de los barrios más codiciados por las marcas del sector de moda de alta gama en los últimos dos años.
Romualda pasó de ser un fenómeno de Instagram a instalarse en el local de Salesas
En paralelo, Romualda apostó por el wholesale como canal para ganar visibilidad fuera. De hecho, en esta línea, la marca llegó a participar en la feria parisina Tranoï. En su etapa de expansión, la empresa alcanzó presencia en más de 140 puntos de venta internacionales y, más tarde, fue reduciendo la red. La estrategia del repliegue de Romualda consistió así en un posicionamiento más nicho y una producción menos rápida, con más selección.
Hasta su adiós, Romualda ha mantenido su distribución en dieciséis mercados y cerca de cincuenta puntos de venta. Con España como mercado de mayor representación, la marca alcanzó catorce ubicaciones. Entre ellas, El Corte Inglés de Serrano, Auka (Barcelona y San Sebastián), hotel Landa (Burgos) y los hoteles Zel (Costa Brava y Mallorca), además de puntos en Cádiz, Lanzarote, Formentera, Sevilla, Vizcaya o Santiago de Compostela.
Estados Unidos ha sido el segundo gran bloque, con once distribuidores y una red repartida entre distintas ciudades. A partir de ahí, la marca ha contado con presencia en Reino Unido, Japón, donde llegó a estar presente en Isetan, e Italia, además de Australia, Francia y Suiza, y una capilaridad más selectiva en Bélgica, Costa Rica, Grecia, Jordania, México, Polonia, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos.
En el plano de la oferta, la marca también había ampliado categorías. Aunque nació alrededor del sombrero, pronto fue incorporando ropa y accesorios. Según las fundadoras, el 70% de las ventas procedía ya de prendas, fabricadas en Madrid y alrededores. Los sombreros, en cambio, viajaban al norte. Durante la pandemia, dieron con un costurero en Asturias con el que empezaron a trabajar y desde entonces esa parte del producto se confecciona allí.
Romualda llegó a fijarse objetivos de crecimiento. En 2023, según publicó El País, el propósito era alcanzar 900.000 euros de facturación. El adiós se concreta ahora en una venta final este enero. Después, la tienda bajará la persiana.