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¿Quién es Marco Bizzari? El cerebro de Gucci y ahora guardián de Armani

El ejecutivo pilotó el gran ciclo de Gucci, convivió con un acuerdo con el fisco italiano y salió del cargo en 2023. Ahora reaparece como consejero clave en Italia, entra en el consejo de Armani y suena para dirigir Golden Goose.

¿Quién es Marco Bizzari? El cerebro de Gucci y ahora guardián de Armani
¿Quién es Marco Bizzari? El cerebro de Gucci y ahora guardián de Armani
Marco Bizzarri, el ejecutivo al alza en Italia.

Triana Alonso

Algunos años antes de iniciar la era Luca De Meo, en mayo de 2019, Kering acordó pagar 1.250 millones de euros a la Hacienda italiana para cerrar una investigación fiscal centrada en cómo atribuía los beneficios de la marca Gucci entre Italia y su hólding suizo, Luxury Goods International. El acuerdo incluía 897 millones de euros en impuestos adicionales y el resto en sanciones e intereses. En la comunicación de aquel entonces, el grupo confirmó que el consejero delegado de Gucci, Marco Bizzarri, y su predecesor Patrizio di Marco seguían bajo investigación en su calidad de representantes legales de la sociedad, confiando en que la situación se aclararía.

 

Ese episodio ilustra a la perfección el juego en el que se ha movido la carrera de Bizzarri. Experto de un lujo que ya no sólo se mide en desfiles y cuota de mercado, el ejecutivo domina con destreza el equilibrio en estructuras fiscales, supervisión regulatoria y gestión de riesgo reputacional.

 

Antes de llegar a Gucci, Bizzarri construyó un perfil de operador. Tras sus primeros años como consultor en Accenture, se incorporó a Mandarina Duck en 1993, donde llegó a consejero delegado y, más tarde, asumió la dirección general de Marithé et François Girbaud. En 2005, entró en el perímetro de Kering como presidente y consejero delegado de Stella McCartney y, en 2009, tomó las riendas de Bottega Veneta, que bajo su gestión cruzó la barrera de 1.000 millones de dólares en ventas en 2012.

 

 

 

 

En enero de 2015, Kering nombró a Bizzarri presidente y consejero delegado de Gucci. Su primera gran decisión fue elevar a Alessandro Michele, hasta entonces miembro del equipo interno, a la dirección creativa. El tándem, al estilo del que en su día conformaron Tom Ford y Domenico De Sole, consolidó un giro estético que se convirtió en fenómeno cultural y, sobre todo, en un caso de negocio. Bajo su mandato, las ventas de Gucci crecieron de 3.898 millones de euros en 2015 a 9.628 millones en 2019.

 

Más allá de las cifras, Bizzarri convirtió Gucci en un sistema de engranajes casi perfectos. El dirigente endureció la política de descuentos, reorganizó el retail y colocó la cultura corporativa en el centro, desde la coordinación entre Milán y Florencia hasta la agenda de sostenibilidad. Gucci se convirtió en un case study en el sector, una demostración de que el deseo y el lujo se pueden industrializar sin diluir la marca.

 

El ciclo, sin embargo, se agotó antes de lo que el grupo hubiera deseado. En julio de 2023, Kering anunció que Bizzarri dejaría la empresa en septiembre de ese año y que Jean-François Palus asumiría las riendas como consejero delegado y presidente en un periodo transitorio, dentro de una reorganización destinada a “restaurar el impulso” de la enseña. El anuncio llegaba cuatro años después del acuerdo fiscal de 2019, en un contexto de primeros signos de desaceleración de la marca.

 

 

 

 

Tras su salida de la casa italiana, Bizzarri no encadenó otro cargo de primer ejecutivo en un gran grupo. En su lugar, activó una segunda vía como inversor y consejero. En 2024 puso en marcha Nessifashion, una sociedad de inversión con la que tomó hasta 23% de la firma italiana Elisabetta Franchi y asumió la presidencia del consejo. La propia compañía explicó que el nombre del hólding remitía a “nessi”, un término afectivo familiar, un detalle menor pero revelador del cuidado en la arquitectura societaria.

 

La operación se apoyaba en un negocio ya rentable, dado que la marca preveía cerrar 2023 con 170 millones de euros de facturación y un margen operativo del 32%. Aun así, el movimiento fue tan rápido como su salida. En septiembre de este mismo año trascendió que Bizzarri había dejado de ser inversor y ya no presidía Elisabetta Franchi; salió del capital en julio y formalizó su dimisión semanas después.

 

El pasado noviembre, Armani anunció la creación de un nuevo consejo de ocho miembros para pilotar la compañía en su plan de sucesión tras la muerte de Giorgio Armani en septiembre. Entre los nombrados figuraba Marco Bizzarri, junto a John Hooks, el empresario Angelo Moratti y varios representantes de la familia. El diseño del órgano forma parte de la hoja de ruta fijada en el testamento del creador, que prevé la venta gradual de una participación minoritaria, empezando por 15% en los próximos 18 meses, con la fundación conservando al menos 30% del capital.

 

En paralelo, el capital internacional también ha llamado a su puerta. A finales de 2025, se hizo pública la oferta de HongShan Capital Group a Permira para adquirir Golden Goose por unos 2.500 millones de euros y el hecho de que el fondo se había acercado a Bizzarri para ofrecerle la presidencia de la compañía como parte del plan.

 

Golden Goose cerró 2024 con 655 millones de euros de ventas y 227 millones de resultado bruto, unas cifras que explican el interés de los fondos y la necesidad de un perfil con experiencia industrial. Para algunos inversores, su nombre aporta una experiencia doble alrededor de su capacidad de construir una “máquina Gucci” y su background para navegar entornos complejos de presión regulatoria y fuertes expectativas de crecimiento.

 

El ‘método Bizzarri’

En un momento en que Italia está sometida al escrutinio de su cadena de producción nacional y negocia su lugar entre la independencia de sus casas históricas y la presión del capital global, Bizzarri se alza como uno de los perfiles históricos del sector con habilidades de navaja suiza. Su experiencia, según confirman fuentes del sector, le hace entender la lógica de los grandes grupos, ha pilotado uno de los grandes ciclos de expansión reciente del lujo y ha convivido con un acuerdo fiscal récord.

Su trayectoria, no obstante, también arrastra sombras como la dependencia de Gucci de un lenguaje estético muy marcado por el léxico de Michele y la pérdida de tracción y atractivo en la parte final del ciclo son signos del agotamiento de una marca ante el mercado cambiante. Con Bizzarri como ejemplo, el poder ejecutivo en la moda se está desplazando, en cierto modo, desde el despacho del consejero delegado a los consejos.