Asier Labarga, método y estrategia para guiar el futuro de la MBFW Madrid
Tras una larga trayectoria en Ifema, Asier Labarga dirige la pasarela madrileña con una visión panorámica que une logística ferial, internacionalización, espectáculo y artesanía para reforzar la moda española en el mapa global.
El primer vínculo de Asier Labarga con la moda se remonta a su infancia en San Sebastián, cuando la modista de su abuela acudía a casa y él se quedaba hipnotizado observando cómo los alfileres atravesaban las telas, dando forma a las prendas entre pruebas y ajustes. Aquel ritual doméstico de hilos y silencios marcó su primer contacto con un universo que más tarde reconocería como propio. Poco después, con apenas once años, viviría otra escena fundacional: la primera vez que eligió su ropa en una boutique del barrio. Fue un look de estética ochentera, con una camisa de brochazos en blanco, negro y rojo combinada con un pantalón del mismo color, que supuso una afirmación de gusto e independencia.
Desde abril de 2025, Asier Labarga está al frente de la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid pasarela más importante de España. Su llegada se produjo en un año simbólico, el del 40 aniversario de la cita y supuso un relevo con doble carga: consolidar un proyecto histórico y, al mismo tiempo, redibujar su estrategia de futuro.
La propuesta que le hizo Ifema, institución a la que lleva vinculado gran parte su vida laboral, la aceptó con “ilusión y muchas ganas”. En apenas unos meses puso en marcha un plan estratégico que presentó en junio. “No se trataba de tirar la casa por la ventana por el aniversario, sino de un proyecto muy hilado, bien pensado y estructurado”, explica. Ese plan ha sido, asegura, “sólido” y está concebido como una hoja de ruta para varias ediciones.
Labarga aterrizó en la institución ferial en 2000 y ha pasado por casi todos sus ángulos: departamentos comerciales de ferias profesionales (de mueble, educación, óptica o incluso veterinaria), la dirección comercial de las ferias de lifestyle y, desde 2018, la línea de ocio, entretenimiento y música, que abarcaba festivales y conciertos. En cada etapa fue acumulando una visión poliédrica de cómo gestionar públicos, contenidos y logística, con la convicción de que un evento es tanto la coordinación técnica como la experiencia que genera.
Asier Labarga asumió la dirección de la MBFW Madrid la primavera pasada
Ese bagaje lo traslada ahora a la pasarela madrileña. “El desfile tiene mucho de show y la parte experiencial es importante, pero el punto de vista industria de la moda”, señala. Su visión 360 grados se alimenta de un aprendizaje de la feria profesional, donde el foco está en expositores y compradores, y el del espectáculo masivo, donde la prioridad es la experiencia del público.
Nacido en San Sebastián, Labarga se crió en La Palma, donde su familia se trasladó cuando él era niño. “El carácter isleño te marca: abierto, emprendedor, con necesidad de salir y volver”, afirma. En la isla descubrió el valor del mestizaje cultural y artesano, una sensibilidad que hoy conecta con su apuesta por visibilizar oficios tradicionales en la pasarela madrileña.
Después de haber estudiado Derecho en la Universidad de La Laguna, se especializó en comunicación corporativa en la Complutense. La moda le interesaba desde siempre como consumidor y observador de tendencias, aunque no imaginó que acabaría dirigiendo una fashion week. Tras un breve paso por agencias de comunicación, entró en Ifema, donde consolidó su carrera.
La gestión del tiempo es para él un ejercicio casi analógico. “Sigo siendo muy de papel; me siento más seguro con listados de cosas”, admite. El secreto, asegura, está en rodearse de equipos solventes y responsables claros de cada área. En caso de imprevistos, confía en la reacción colectiva y en la estructura de la institución.
De origen vasco, Labarga se formó en la Universidad Complutense de Madrid
Entre las nuevas iniciativas que ha impulsado, destaca su apuesta por la artesanía nacional. Labarga insiste en que el savoir-faire debe integrarse de forma habitual en la cadena de valor de la moda española. “Las hilanderas de seda de La Palma, por ejemplo, son las únicas de Europa que quedan; hay que dar visibilidad al artesano, no sólo en colaboraciones puntuales, sino de manera regularizada”, subraya.
Lejos del bullicio de la pasarela, Labarga defiende rutinas sencillas: dormir ocho horas “a rajatabla” incluso en semanas de máxima intensidad, nadar para despejar la mente y pasear por el Retiro o el Paseo del Prado, su ruta preferida. “Es un lujo y marca el carácter de la ciudad”, reconoce.
En el retrato final, Labarga aparece como un gestor discreto que prefiere mantener el foco en los diseñadores y en la industria antes que en su propia figura. Como en aquella infancia en San Sebastián, sigue observando con atención cómo se hilvanan tejidos. Ahora, sin embargo, el desafío es mayor. No se trata de una prenda en el salón familiar, sino de la pasarela que simboliza el presente y el futuro de la moda española.