Polène revoluciona Ubrique: el lujo silencioso que se fabrica en España
De los talleres gaditanos a los Campos Elíseos, Polène ha convertido la artesanía en el lenguaje del lujo francés. La firma de marroquinería de los Mothay, participada por L Catterton, ya factura más de 140 millones de euros.
En la avenida más emblemática de París causan sensación los bolsos artesanalmente creados en Ubrique, la localidad gaditana que se ha convertido en el taller del nuevo lujo francés. En pleno al bullicio de los Campos Elíseos, la marca Polène ha levantado un espacio sin artificios, donde el diseño se pronuncia en voz baja y la materia habla por sí sola. La tienda de la marca, ubicada en el número 2 del Rond-Point Marcel-Dassault, despliega 450 metros cuadrados de calma escultórica y las colecciones de un proyecto convertido en el objeto de deseo de clientas ávidas de lujo tan accesible como minimalista. Entre altas columnas, curvas envolventes y un mobiliario tallado a mano, Polène defiende una atmósfera basada en el control y la precisión como lenguaje global, mientras desde los talleres de Ubrique dicen con la discreción que les caracteriza que esta firma, el último fenómeno del lujo, copa cada vez más líneas de producción.
Encargada al estudio surcoreano Wgnb, la tienda de Polène abrió parcialmente en diciembre de 2024 y culminó su inauguración completa en abril de 2025, con la presentación del piso superior y del Atelier de Curiosités, un espacio sensorial donde los visitantes pueden ver, oler y escuchar los gestos del oficio marroquinero. Allí, cada material cuenta una historia que remite a los talleres de Ubrique, entre mesas de roble recubiertas de cuero comprimido y mostradores forrados.
En la planta superior, una mesa-instalación creada por Clémentine Debaere-Lewandowski reúne 500 piezas de gres blanco moldeadas a partir de rocas extraídas en los alrededores del municipio gaditano donde se produce toda la marroquinería de la marca. Lo que puede parecer un mero gesto es anecdótico es más bien un estrecho vínculo entre el corazón industrial español con la puesta en escena parisina. París firma un relato de ensueño, mientras que Ubrique lo fabrica.
Esta lógica a dos velocidades permite, además, garantizar la protección y la viabilidad de un oficio tradicional que artesanos como Sonia, José María o Ángel aprendieron desde la adolescencia, heredando prácticas familiares. Siguiendo la estela del savoir-faire francés, dominado y defendido con maestría por maisons históricas de marroquinería de lujo como Louis Vuitton o Hermès, Polène no sólo comunica sus valores artesanales y su producción europea, sino que la reivindica en voz alta. Ubrique funciona así, en la industria del lujo francés, como un sello de tradición, calidad y trazabilidad que catapulta los bolsos de la marca al escenario de los bestsellers del momento.
Polène, la firma de marroquinería de los hermanos Mothay, ha apostado por un posicionamiento de ‘quiet luxury’
Fundada en 2016 por los hermanos Antoine, Elsa y Mathieu Mothay, Polène nació con la ambición de construir una marca de lujo sin ruido mediático, sin campañas ostentosas ni intermediarios. En plena saturación del mercado del lujo accesible y de productos it en las redes sociales de los influencers del momento, los Mothay apostaron por un modelo de venta directa al consumidor, con una identidad estética reconocible y un discurso coherente que no necesitara de embajadores ni de anuncios y que, además, sedujera a una clientela sofisticada y atemporal muy conectada a los valores asiáticos.

Desde entonces, el crecimiento ha sido orgánico, sostenido y, sobre todo, medido. Primero el canal online, luego, una red de flagships escogidas en ubicaciones estratégicas. París, primero con un espacio en la rue de Richelieu y después un punto de venta en Le Bon Marché, marcó el inicio de una expansión que ha llevado a Polène a miles de kilómetros de sus orígenes en Ubrique. Del SoHo neoyorquino a Minamiaoyama, en Tokio; Garosu-gil, en Seúl y Regent Street en Londres. Su instalación más reciente, en los Champs-Élysées, supuso su desembarco en el kilómetro cero del lujo mundial.
La estrategia de desarrollo del negocio se ha basado en dos pilares. En primer lugar, el control de márgenes, de imagen y de su distribución selectiva. Y en segundo, la consistencia estética en todas las superficies del producto y del espacio. Polène no externaliza su storytelling, sino que lo diseña, lo acompaña estrechamente desde su producción made in Spain y cuida cada detalle hasta que abandona el punto de venta.
Hasta ahora, esta exigencia le ha permitido mantener márgenes elevados y escalabilidad sin renunciar a la coherencia de producto. En 2023, la empresa alcanzó 142 millones de euros en ventas, según Le Monde, con un 80% de facturación internacional. Un año después, en septiembre de 2024, el fondo L Catterton, vehículo inversor del grupo francés de lujo LVMH, tomó una participación minoritaria, tras la salida de los fondos Eutopia y Otium. La operación, cuyo importe no fue revelado, permitió a la marca reforzar su músculo financiero y su red de distribución sin perder el control familiar.
LVMH entró en el accionariado de la marca en 2024 a través de L Catterton
Los precios, situados entre 260 euros y 620 euros según modelo y material, colocan a Polène en la categoría del lujo contemporáneo por debajo de las maisons tradicionales, pero muy por encima del premium masivo. Sus iconos, bautizados en serie como Numéro Un, Numéro Neuf o Numéro Dix, presumen de ser reconocibles a pesar de su minimalismo. Cada pieza se caracteriza por pliegues suaves, curvas envolventes y una paleta de color contenida que evita el exceso y apela a la sobriedad material de origen.
En sus lanzamientos, Polène apela a la exclusividad relativamente accesible. Las colas delante de sus tiendas son frecuentes, aún más desde la entrada de L Catterton en el capital que supuso un boost de ventas impulsadas por el interés del gigante de lujo.

Así, los drops de temporada son limitados, las cápsulas esporádicas y la fidelización se construye sobre la calidad percibida y la permanencia del diseño. La rumorología sobre una progresiva subida de precios es también un motor de venta entre las adeptas a la firma, que se apuran a coleccionar diseños de la firma antes de que sea demasiado tarde.
Ubrique como laboratorio del nuevo lujo europeo
Al igual que en el caso de otras firmas de lujo, el núcleo productivo de Polène está en Ubrique (Cádiz), enclave histórico de la marroquinería europea. Allí trabajan cerca de 5.000 a 6.000 personas en unas 290 empresas, que concentran el 75% de la producción andaluza de artículos de piel. El saber hacer artesanal de la sierra gaditana abastece desde hace décadas a maisons como Loewe, Dior o Carolina Herrera, pero Polène ha sido la marca francesa que más ha reivindicado ese vínculo recientemente de forma pública, subrayando su colaboración con 1.300 artesanos locales.
La empresa asegura que todas sus piezas se producen artesanalmente en un radio de cinco kilómetros, con talleres auditados y un circuito de trazabilidad corto. Esta organización le permite un control total del proceso, desde el prototipo hasta el envío. El resultado es una red industrial altamente especializada y flexible, capaz de responder a series cortas y reposiciones rápidas sin comprometer la calidad.

El know-how de Ubrique, que va desde el corte a los acabados, pasando por la costura y el ensamblaje; se traduce en productos donde la precisión manual convive con la eficiencia industrial. En un sector que se mueve hacia la transparencia y la producción responsable, este modelo de proximidad se ha convertido en su principal ventaja competitiva. El total del cuero empleado por Polène es, además, de origen europeo, procedente de España e Italia.
El auge de Polène coincide con un momento de curvas industriales para la moda española. En 2024, la industria del cuero y el calzado redujo su facturación un 6,1% respecto a 2023, según datos del INE, y la producción cayó 8,3% anual. Pese a ello, el precio de las exportaciones del segmento creció un 1,3% y su valor total aumentó un 5%, hasta 5.408 millones de euros entre enero y noviembre, según Icex.
Ubrique, convertido en la capital española de la marroquinería, ha resistido mejor que otros polos industriales gracias a su integración con el lujo internacional. Para los talleres gaditanos, trabajar con marcas como Polène ha supuesto blindarse frente a la volatilidad de la moda de volumen. El modelo también refleja una mutación cultural. El lujo ya no necesita manufacturar en París para ser francés, sino que puede concebir en la capital y fabricar en la periferia, siempre que la excelencia y el relato sean coherentes. En ese sentido, Ubrique se ha convertido en una extensión de la geografía emocional del lujo europeo.
Los próximos meses serán decisivos para la siguiente etapa de crecimiento de Polène. Con nuevas aperturas previstas en Múnich, Dubái y Miami, la marca pondrá a prueba su capacidad para expandirse sin diluir su esencia. El desafío pasa por mantener la producción concentrada en Ubrique y sostener la calidad en cada taller y producto que llegue a las tiendas.