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Jeremy Lardeau (SAC): “No puedes ser una empresa sostenible en el sistema actual”

El responsable del Índice Higg enla Sustainable Apparel Coalition (SAC) se ha enfrentado en el último ejercicio a duras críticas por parte de las autoridades de países como Noruega, que han vetado algunos de los usos del índice.

Jeremy Lardeau (SAC): “No puedes ser una empresa sostenible en el sistema actual”
Jeremy Lardeau es responsable del Índice Higg enla Sustainable Apparel Coalition (SAC).

Iria P. Gestal

17 ene 2023 - 05:00

Jeremy Lardeau ha terminado el que probablemente haya sido uno de los años más difíciles de su carrera. El responsable del Índice Higg enla Sustainable Apparel Coalition (SAC), una herramienta aplaudida durante años por ser la primera en tratar de establecer un esquema uniforme para medir la sostenibilidad, se ha enfrentado en el último ejercicio a duras críticas por parte de las autoridades de países como Noruega, que han vetado algunos de los usos del índice. Lardeau reconoce que no ha sido un año fácil, pero pide aún más regulación.  Aunque piensa largo y tendido las respuestas y habla con voz pausada, en su discurso prima el sentido de urgencia. “Hay que dejar de hablar y pasar a la acción”, reivindica.

 

 

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Pregunta: ¿Qué significa hoy ser sostenible?

 

Respuesta: La voluntad y el esfuerzo de hacerlo mejor. El primer paso es ser consciente de que tiene que haber un gran cambio y de que no va a ser un camino fácil llegar hasta allí. En última instancia, trata de progreso y esfuerzo por encima de la perfección. Ser sostenible requiere un cambio sistémico, una transformación de todo el sistema de la industria de la moda No puedes ser una empresa sostenible en el sistema actual; el sistema tiene que cambiar contigo. Por eso siempre decimos que la colaboración es el nuevo liderazgo. Todos necesitamos trabajar juntos, a lo largo de la industria, de los proveedores, los gobiernos, las organizaciones y las marcas, para lograrlo. Hay muchos desafíos complejos, no hay una solución fácil, pero eso no es una excusa. Como industria, necesitamos hacer una transformación urgente, y tenemos que hacerla juntos. Además, el tiempo de hablar se ha terminado. Necesitamos que la industria se una de verdad y demuestre más transparencia, más acción, y no sólo intentar reducir levemente el impacto medioambiental y social, sino llevarlo un paso adelante y generar más beneficios positivos a las personas y al planeta. Eso sería una industria sostenible.

 

 

P.: ¿Daría esta misma respuesta hace diez años?

 

R.: Lo que ha cambiado es, en primer lugar, el sentido de la urgencia. La crisis climática ha puesto un sentido de la urgencia que no teníamos hace diez años, e iniciativas como los Science Based Targets [impulsada en 2015 por el CDP, el Pacto Mundial de las Naciones Unidas, el Instituto de Recursos Mundiales y el Fondo Mundial para la Naturaleza para dotar de criterio científico a los objetivos climáticos] han puesto a las empresas ante el espejo, exponiendo que no están siquiera cerca en materia de objetivos, compromisos y esfuerzo necesarios para lograr un cambio. Y esto no afecta sólo a las empresas, sino a todos nosotros: los países, con el Acuerdo de París, nos hemos dado cuenta de que estábamos muy lejos de los objetivos que hacen falta para frenar el cambio climático. Hace diez años, 2030 parecía muy lejos. Ahora, 2030 está a la vuelta de la esquina, faltan sólo siete años. Si piensa en el nivel de esfuerzo necesario para cambiar radicalmente el sistema hasta 2030, tienes un sentido de la urgencia que no tenías antes. Otro cambio es el nivel de escrutinio y transparencia por parte de los diferentes grupos de interés y de consumidores, que acelera el nivel de exigencia, y por tanto las empresas tienen que rendir cuentas más y mejor que antes. Nunca se había pedido tanta transparencia e información a las compañías. Otro aspecto que ha cambiado es el crecimiento del ultra fast fashion y el digital: la transformación digital y las herramientas de inteligencia artificial, la gamificación… han acelerado lo que podíamos ver en el fast fashion antes. Y eso es algo que tenemos que pensar cómo abordar.

 

 

 

 

P.: Algunos expertos hablan de que hemos entrado en la era del greenhushing. ¿Es una amenaza para los esfuerzos en materia de sostenibilidad?

 

R.: Sí. Es una amenaza. Sin transparencia, sin compartir los datos, sin actualizar en qué punto están las compañías, hace más difícil hacer un escrutinio de las empresas, y puede llevarles a abstenerse de marcarse objetivos más ambiciosos e impulsar el progreso. Nos tomamos eso muy enserio. En la Sustainable Apparel Coalition (SAC) representamos a un gran número de compañías de toda la cadena de valor, y nuestro objetivo es aumentar la transparencia en lo que se refiere a su desempeño en materia de sostenibilidad, en toda la industria. Es uno de los pilares de nuestra propuesta de valor desde el principio. Que queremos abordar este riesgo de greenhushing, y hay muchas formas de hacerlo. Ahora mismo, el foco está puesto muy especialmente en las etiquetas de producto, particularmente en las que se dirigen al consumidor final, pero hay muchas otras formas de ser transparente. Por ejemplo, en diciembre lanzamos un nuevo programa de decarbonización, que tiene el objetivo de que el sector aborde la reducción de emisiones, que es necesaria y urgente. El programa se centra en colaboración, apoyar a miembros que están empezando el camino, y proveerles de herramientas y orientación para que logren los objetivos. Como parte del programa, requiere a los miembros que se comprometan a un Science Based Target y que reporten sobre él anualmente. Esto hace responsables a las empresas de sus compromisos, y eso es un mecanismo de transparencia independiente de los que han sido problemáticos en el último año y que puede impulsar el cambio.

 

 

P.: Pero la etiqueta de producto es la forma más fácil para que un cliente pueda entender el impacto medioambiental que tiene una prenda.

 

R.: En primer lugar, estamos poniendo mucha responsabilidad en el consumidor, en que esté informado. Pero al final del día, si bien hay un porcentaje de consumidores que están informados, quieren estarlo y actuarán según la información que tengan, si ve los datos es una fracción relativamente pequeña del volumen total de ventas y consumidores. Para el grueso del volumen en la industria, la decisión de compra no está real[1]mente vinculada a una etiqueta verde de ningún tipo. Es importante, porque hay consumidores que sí quieren la información y no podemos abandonar la idea de que los clientes pueden impulsar el cambio en esta industria, porque claro que pueden, pero no es suficiente. Hay muchos otros mecanismos de transparencia que pueden impulsar el cambio, incluso más que poner una etiqueta en un producto. Se habla mucho en todos los foros del consumidor consciente o eco-responsable, pero los datos muestran que no son la gran mayoría.

 

 

jeremy lardeau perfil r45

 

 

P.: ¿Qué opina entonces de etiquetas como Conscious o Join Life, que identifican las prendas “más sostenibles” en H&M o Zara?

 

R.: Ha habido un espacio muy abierto y fragmentado en lo que se refiere a las declaraciones sobre productos “verdes”. Hay millones de tipos de etiquetas, cada marca tiene su propia definición que puede ser más o menos amplia… Los consumidores están pidiendo cada vez más información, y el greenwashing es totalmente inaceptable, pero la transparencia en producto es todavía vital. Lo importante es tener una regulación buena, clara y efectiva para lograr un entorno armonizado de etiquetaje de producto para los atributos sostenibles. Si no la tenemos, tendremos el salvaje oeste, como hasta ahora (con medidas duras en distintos países, de formas diversas): el enfoque de las autoridades de Noruega en lo que se refiere a las etiquetas de producto ha sido muy distinto al que está llevando a cabo Francia ahora, así que como marca vas a poner todo en pausa, porque es imposible cumplir con ambas. Es muy importante tener una regulación consistente y armonizada. Desde la SAC, estamos teniendo un diálogo coordinado con autoridades de consumo en todo el mundo, con la Unión Europea, que está siendo muy activa, e intentando empujar por una aplicación práctica de las normativas actuales e intentando que haya una normativa coordinada, de forma que la información sobre los productos en materia de sostenibilidad sea consistente. Y no es fácil: no va a ser algo como “esto es verde, y esto no”. Es difícil lograr una información que sea suficientemente sencilla, accionable y entendible por el consumidor final, y al mismo tiempo válida desde el ámbito científico. Así que es un trabajo que está en proceso.

 

 

P.: ¿Hay alguna normativa que pueda servir de referente?

 

R.: No. No hay una normativa que sirva para referente. La Unión Europea está haciéndolo lo mejor que puede para convertirse en el referente en lo que se refiere al etiquetado de producto; Francia también está acelerando en distintas normativas en esta dirección. Pero, hoy en día, no hay una única referencia. Ese es justo el problema.

 

P.: Por parte de las empresas, ¿falta más foco en trazabilidad y transparencia en lugar de en objetivos más ambiciosos como la circularidad?

 

R.: Depende de en qué punto esté tu compañía, pero tu foco debería de estar en mejorar tu negocio, protegiendo las personas y el planeta. Eso significará diferentes cosas según el tipo de negocio, la madurez, su tamaño, su tipo de operaciones… La ventana de tiempo en la cual podemos parar lo peor del cambio climático se está cerrando, y todos tenemos que hacer todo lo que esté en nuestra mano para lograrlo. Las compañías tendrán diferentes desafíos e implicará trabajar juntos. Algunas empresas han hecho grandes esfuerzos y han logrado una gran trazabilidad, hasta el tier 2 o tier 3, pero no son transparentes sobre ello. No hay una clave que todos deberíamos estar haciendo, requerirá muchas capas de acción. Y ninguna organización puede hacerlo sola, porque es sistémico: ninguna fábrica trabaja sólo para una marca, y ninguna marca se aprovisiona sólo en una fábrica. El de la moda es un negocio complejo, con cadenas de suministro interconectadas que atraviesan todo el planeta.

 

 

 

 

P.: Algunas aplicaciones del Índice Higg para el consumidor final han sido puestas en duda por las autoridades de consumo, H&M ha sido demandada por greenwashing... ¿Ha sido demasiado dura la legislación en materia de comunicación?

R.: La regulación no ha sido demasiado dura. La sostenibilidad está cada vez más en el foco, y ello conlleva un aumento del escrutinio sobre los compromisos y declaraciones. Sí, ha sido un año duro para nosotros, pero es algo bueno que los reguladores den un paso al frente y ayuden a acelerar el cambio en esta industria. No podemos depender sólo de iniciativas voluntarias. Estamos en un sistema en el cual algunas compañías asumen compromisos voluntarios muy importantes, pero el resto, que trabajan en el sistema capitalista y para optimizar el valor de los accionistas, no lo hacen tanto. En algunos casos este sistema no trabaja bien para el tipo de cambios sistémicos que necesitamos. Las iniciativas voluntarias no nos van a llevar adonde necesitamos estar. Necesitamos un enfoque claro y armonizado para alcanzar el nivel de progreso que necesitamos. Y eso incluye el etiquetado de productos, pero no sólo eso. Necesitamos políticas valientes y ambiciosas que faciliten, por ejemplo, el uso de energía renovable a escala en los países donde producen las marcas. La mayoría de las emisiones de carbono vienen del uso de electricidad en los procesos productivos. En esos países, las marcas y los productores dependen de que los gobiernos locales impulsen la energía renovable a escala, que abran los mercados de la energía. Eso es una regulación ambiciosa que también vamos a necesitar, hay que abrir esa conversación. Antes definía la multitud de etiquetas como el salvaje oeste.

 

 

P.: ¿Se ha confundido al consumidor, le ha producido desconfianza en los esfuerzos de sostenibilidad del sector?

 

R.: Quizás sí. Quizás con la proliferación de declaraciones hemos hecho que su confianza sea menor. Los consumidores son más conscientes que nunca de las necesidades en materia climática, de la urgencia, del destino de los trabajadores. Así que muchos, no todos, quieren una reconfirmación por parte de las marcas que les gustan, en las que quieren confiar, de que están operando de una forma correcta. El aspecto clave es asegurar que la información que reciben los consumidores es precisa, de confianza y respaldada por una acción. No una cortina de humo para hacer que todo parezca mejor de lo que es. También es importante subrayar que no todo es comparable. Es difícil presentar información al consumidor que sea al mismo tiempo precisa, verificable, respaldada por una acción y a la vez comprensible y que permita al cliente tomar decisiones. Ahí es donde queremos aportar, a través de la investigación y focus group, para entender qué se puede hacer y qué no. Es imposible, por ejemplo, comparar correctamente el impacto medioambiental de una fibra sintética y una natural. Hay demasiadas variables que no puedes capturar correctamente en un solo número. Todo tiene pros y contras. No es fácil, hay muchos factores económicos, sociales, políticos… No podemos decir que uno es mejor que el otro. Tiene que ser un enfoque equilibrado, y para el consumidor eso es confuso, porque no le podemos dar un criterio o un número para comparar la sostenibilidad entre dos prendas de ropa. Así que hay trabajo por hacer, porque la gente quiere poder comparar y decidir rápidamente cuando llega a la tienda. ¿Si tiene que haber un cambio sistémico, no debería llegar un punto donde no haga falta comparar? Sí. Pero dado el tamaño de la industria, y lo fragmentada que está… En el sector de la alimentación, hay un puñado de grandes agroalimentarias que concentran un peso significativo del mercado. En ropa, no hay ninguna marca que tenga una cuota superior al 4% o el 5%, y hay miles de pequeñas marcas. Así que sí, aunque esa visión es algo a lo que tendríamos que aspirar, a corto y medio plazo, siendo realistas, tendremos que seguir evaluando los materiales, las cadenas de valor y las fábricas, y comunicándolo de forma transparente. El otro problema es que, con las herramientas de hoy, aunque usáramos el 100% de materiales y energía renovable, no es suficiente para alcanzar la reducción del 45% de las emisiones absolutas de carbono que necesitamos hasta 2030. Así que todavía hay margen que tenemos que abordar, ya sea reduciendo el crecimiento de la industria en términos de volumen o a través de la in[1]novación. No es tan binario como eres lo suficientemente bueno o no lo eres, tendremos que seguir mejorando en cualquier caso.

 

 

 

 

P.: Dicen que lo mejor es enemigo de lo bueno. ¿Aspirar a la perfección es un freno?

 

R.: Nadie es perfecto. Y la perfección no se puede poner en el camino del progreso. No tenemos tiempo que perder, el tiempo se acaba, así que todos tenemos que estar haciendo todo lo que esté en nuestra mano para lograr los objetivos. No va a ser perfecto, y no lo será durante mucho tiempo, así que tenemos que seguir progresando. Lo importante es que todos aumentemos el esfuerzo que ponemos en esto.

 

 

P.: Si soy una marca pequeña de moda y quiero empezar a mejorar en transparencia, ¿por dónde debería empezar?

 

R.: A las marcas pequeñas normalmente les cuesta dar los primeros pasos en trazabilidad en su cadena de aprovisionamiento, porque como representan un volumen muy pequeño para sus proveedores les cuesta atraer su atención. Pero la transparencia comienza desde muchos frentes muy diversos: fábricas, materiales… Se trata de ser honesto con los esfuerzos que estás realizando para mejorar tu trazabilidad, y comunicar también dónde te está costando más lograrlo. También hay que involucrar al resto de grupos de interés a lo largo de toda la cadena de aprovisionamiento: no puedes hacerlo solo.

 

 

 

 

P.: Pero, ¿es obligatorio comunicar? Hay marcas que no comunican y que tienen mucho éxito en ventas…

 

R.: Totalmente. En el mercado actual, todavía puedes tener mucho éxito sin comunicar nada sobre tus esfuerzos en materia de sostenibilidad. Seguimos oyendo todo el rato que las generaciones más jóvenes son más conscientes, pero estas mismas generaciones son las que están impulsando el crecimiento de marcas de ultra fast fashion que podemos decir que no son las mejores en sostenibilidad. Por eso no podemos poner la responsabilidad sólo en el consumidor para impulsar el cambio en la industria. Necesitamos po[1]líticas públicas a escala global. Puede empezar en la Unión Europea, pero tiene que afectar también a los países productores, tenemos que ayudar[1]les a entender la oportunidad económica que esto representa para ellos. El cambio vendrá de la regulación, no de que los consumidores arbitren quién es sostenible y quién no. Las fuerzas del márketing, especialmente cuando entran fuerzas como la inteligencia artificial, son más fuertes que la conciencia del consumidor.

 

 

P.: ¿En qué punto de la transformación sostenible se encuentra el sector ahora?

 

R.: Necesitamos una transformación radical y queda todavía mucho por hacer. Pero no podemos desalentarnos por la escala del desafío y usarlo como una excusa para la inacción. Si miramos la industria de la moda en su conjunto, algunos están haciendo grandes progresos, y otros están clara[1]mente por detrás. Necesitamos proyectos a gran escala.