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Jeremy Lardeau (Higg): “La búsqueda de la perfección en los datos no debe frenar al sector”

El índice de referencia para medir la sostenibilidad en el sector está ahora bajo cuestión después de que la autoridad de consumo en Noruega vetara su uso de cara al consumidor final.

Jeremy Lardeau (Higg): “La búsqueda de la perfección en los datos no debe frenar al sector”
“El tipo de datos que usamos, que es una media global agregada, es la misma que se ha utilizado durante décadas en la industria de la construcción”, argumenta Lardeau.

Iria. P. Gestal

30 jun 2022 - 04:54

Es bueno, pero no lo suficiente como para utilizarlo como herramienta de márketing. Esta es la opinión de las autoridades de consumo de Noruega respecto al Higg Materials Sustainability Index (Higg Msci), una herramienta desarrollada por la Sustainable Apparel Coalition (SAC) para comparar el impacto medioambiental entre distintos materiales. La coalición ha encargado ya una revisión independiente y ha suspendido su uso, pero teme que “la búsqueda de la perfección en los datos frene el avance del sector”.

 

Así lo asegura Jeremy Lardeau, vicepresidente de la SAC para el índice Higg, que se defiende en declaraciones a Modaes de las acusaciones argumentando que “lo que está en duda no es el Msci, sino su uso de cara al cliente final”. “Dicen que es bueno, pero no lo suficiente”, resume.

 

El índice Higg se compone de cinco herramientas y, de ellas, sólo el Msci tiene aplicación de cara al consumidor final, mediante un sistema de puntuación y un sello que permite identificar una prenda como “más sostenible”.

 

 

 

 

Esto es precisamente lo que critican las autoridades noruegas, que argumentan que el análisis genérico de los datos sobre un material no puede extrapolarse a una prenda. Es decir, que puede decirse que el algodón orgánico tiene menos impacto medioambiental, pero no que cualquier prenda que lo use sea más sostenible.

 

“El tipo de datos que usamos, que es una media global agregada, es la misma que se ha utilizado durante décadas en la industria de la construcción para medir el impacto de los materiales, y nunca ha estado en cuestión”, argumenta Lardeau.

 

“Si le digo que una hamburguesa de tofu provoca menos emisiones de carbono que una de ternera, nadie lo va a poner en duda -ejemplifica-; lo importante es reducir el consumo en general de carne roja”.

 

Las autoridades noruegas entienden que esta extrapolación es “engañosa”, y prohibieron usar los sellos a la compañía sueca Norrøna. También contactaron con la SAC para que informara a sus clientes de las conclusiones del informe, y la coalición ha decidido suspender directamente su aplicación para el consumidor final mientras acomete una revisión independiente de la metodología.

 

 

 

 

“Es un caso de uso nuevo; cuando empiezas a usarlo para el consumidor final, entras en un terreno completamente diferente de regulación”, apunta Lardeau. Actualmente, sólo cuatro compañías utilizan este índice en su versión B2C: Norrøna, PVH (con Tommy Hilfiger), H&M y Amazon.

 

De hecho, la principal aplicación que se realiza del Msci continúa siendo de puertas para dentro: está dirigida a diseñadores y desarrolladores de producto para que puedan comparar el impacto medioambiental de distintos tejidos.

 

La investigación encargada por la SAC abordará la metodología del índice, que ha despertado dudas en el pasado por cómo se comparan los resultados de las fibras naturales versus las sintéticas, por ejemplo.

 

Preferimos que la regulación decida qué es lo suficientemente bueno, y a partir de ahí adaptarnos; pero si buscamos la perfección nos podemos eternizar y distraer de tomar medias”, apunta el ejecutivo. “No queremos que esto nos afecte a la hora de tomar decisiones, pero sin duda este debate tendrá un efecto ralentizador en la industria”, sentencia.

 

 

 

 

La herramienta del índice Higg que está más extendida es la que analiza el desempeño de las fábricas desde un punto de vista social y medioambiental, y que permite reducir las auditorías. El índice cuenta también con otras dos herramientas: una que examina a las marcas (Higg Brand&Retail Module o Higg BRM) y otra de producto (Higg Product Module o Higg PM).

 

Esta última es en la que se están centrando ahora los esfuerzos de la SAC, ya que sí respondería a las demandas de las autoridades noruegas, ya que analiza el impacto de cada prenda a lo largo de su ciclo de vida. Por el momento, esta se utiliza sólo de cara a las empresas, pero se está empezando a testar ya su aplicación para el consumidor final. De todas formas, también el Higg PM dependería de los datos de materiales, una parte clave en la cadena de valor.

 

El origen del índice Higg se remonta a 2009, cuando Walmart y Patagonia, con modelos de negocio completamente contrapuestos, crearon la Sustainable Apparel Coalition (SAC) con el objetivo de desarrollar una herramienta que permitiera comparar el impacto medioambiental en el sector y que fuera comparable.

 

El Higg nació finalmente en 2017 con el apoyo de Target, PVH, Gap y la financiera Hsbc. Su uso está ampliamente extendido en la industria. Zalando, por ejemplo, usará la última versión de Higg Brand&Retail Module (Higg BRM) para filtrar a las marcas con las que trabaja en 2023, con el objetivo de vender solo firmas “sostenibles”.