Oteyza convierte la lana merina española en su nueva línea de negocio para crecer en lujo
La empresa lanza una línea de tejidos e impulsa el Centro de Excelencia del Merino, en un proyecto de integración vertical y producción de proximidad para recuperar y proyectar el patrimonio lanero español en el lujo global.
Las ovejas merinas puras pastan entre encinas y alcornoques en las dehesas de Extremadura y Castilla y León. Durante años, buena parte de esa lana se ha vendido a precios mínimos o se ha desechado porque el modelo de negocio se centraba en la carne. Mientras tanto, la fama de la lana se ha asociado a países como Australia o Nueva Zelanda, donde las ovejas exportadas desde España se cruzaron con otras razas y se adaptaron a nuevos climas.
Es ese mapa de tradición que Oteyza quiere empezar a recolocar. La firma madrileña de moda de autor ha transformado más de una década de trabajo con ganaderías históricas de merino en una nueva línea de negocio de tejidos e hilaturas de alta gama, elaborados con merino extrafino 100% español y de raza autóctona. En paralelo, la compañía española impulsa el Centro de Excelencia Mundial del Merino (Cemm), concebido para ordenar, proteger y proyectar este patrimonio lanero como una bandera de país en moda, artesanía y diseño.
“Lo que presentamos no es sólo un nuevo paño, es la restauración del legado histórico más importante de la moda española”, avanza a Modaes Paul García de Oteyza, cofundador de la empresa junto con Caterina Pañeda. “El merino español fue la fibra que vio nacer la moda a escala mundial y España tuvo durante siglos las mejores lanas y los mejores tintes, lo que le dio una influencia decisiva en cómo se vestía el mundo”, recuerda el empresario.
Fundada en 2011, Oteyza ha articulado en los últimos años su crecimiento en tres grandes divisiones: moda (con prêt-à-couture y sastrería), artes escénicas y, a partir del próximo febrero, perfumería junto al grupo Perfumes y Diseño. La recuperación de la lana merina con la nueva línea de tejidos Merino R8 aterriza precisamente en una cuarta pata, hasta ahora más ligada al relato que a una explotación industrial estructurada.
Oteyza da el salto del taller madrileño a la cadena de valor de la lana
En perfumería, la compañía firmó una licencia exclusiva con el grupo español PyD, que desde 2021 figura en su capital como accionista minoritario. El conglomerado, que en 2023 facturó 112,38 millones de euros, se encarga de la producción, comercialización y distribución internacional de la perfumería de Oteyza en el segmento de la alta perfumería.

La alianza se extiende también a las artes escénicas. Bajo la marca Oteyza Experiences, y a través de una nueva sociedad participada por el grupo de perfumería, la firma ha convertido sus espectáculos en una herramienta de márketing y en una división con peso propio. Según García de Oteyza, la empresa creció 20% en 2024, impulsada en buena medida por esta actividad.
La nueva línea de merino completa la fotografía del craftmanship que la firma defiende desde sus fundamentos. “Es coherente que Oteyza no sólo vista con este merino, sino que venda tejido terminado a otras casas que trabajen la alta artesanía”, señala el cofundador. “Es un modelo que ya existe, Loro Piana lo ha demostrado -reflexiona García de Oteyza-; nosotros partimos del nicho y del ultralujo porque si queremos que el merino español recupere su nombre y su valor, primero tenemos que situarlo en el nivel más alto posible”.
El proyecto culmina en el desarrollo de un paño en estambre bautizado como Merino R8, en referencia a sus ocho rizos por centímetro. Se trata de merino 100% raza autóctona histórica, con fibra extrafina y una estructura que, según la explica García de Oteyza, le confiere una elasticidad, firmeza y resiliencia difíciles de encontrar en el mercado.
La firma española diversifica su negocio, apostando por la verticalidad, el patrimonio nacional y la producción de proximidad
“Las lanas australianas, que en el fondo son nietas de nuestras merinas, han alcanzado fama mundial por su finura y su largura”, argumenta García de Oteyza. “Nuestra merina quizá no es tan larga, pero tiene algo que ellas no tienen: el rizo, una firma genética ligada a la raza, pero también al ecosistema”, añade, matizando las características únicas de la producción nacional porque “cuando la oveja se traslada a otros territorios, ese rizo se pierde”.
Para llegar a este punto, Oteyza ha trabajado durante más de una década con cabañas históricas, clasificando animales, estudiando encastes y ensayando desengrasados, aprestos, hilaturas y tejidos, en colaboración con la empresa francesa de tejidos de alta gama Dormeuil. El resultado puede presentarse ahora en toda la cadena con materia prima en bruto, lana lavada y peinada, hilo, tejido sin tintar y tejido acabado.
“La cultura de la lana se ha perdido en España -lamenta el empresarios-; cuando hemos enseñado esta materia a industriales ingleses, italianos o franceses, se han quedado sorprendidos, no se podían creer que esta lana viniera de aquí”. Para Gracía de Oteyza, este proyecto demuestra que “si se hace el trabajo de selección y se cuida la cadena de valor, la merina española puede competir de tú a tú con las mejores fibras del mundo”.
A día de hoy, en España, hay alrededor de tres millones de ovejas, de las cuales unas 130.000 son merino 100% raza autóctona, según los datos que maneja la compañía. De esa cifra, Oteyza estima que entre 15.000 y 30.000 cabezas pueden alcanzar hoy el nivel de excelencia que exige el proyecto. Cada oveja puede producir unos 2 kilos de lana, aunque después hay que clasificar y descartar, de modo que se trata de miles de kilos al año con potencial de crecimiento a medio plazo.
La empresa se ha volcado, en paralelo, en la creación del Centro de Excelencia Mundial del Merino
La nueva línea de negocio se despliega en paralelo al Centro de Excelencia Mundial del Merino, concebido como una plataforma para el desarrollo técnico, cultural y económico de la fibra. El Cemm nace con tres ejes que consisten en mejorar la cabaña de excelencia, fijar estándares de calidad y proteger el patrimonio cultural e intelectual del merino español.
Entre sus objetivos están, igualmente, el fomento de una clasificación rigurosa de las cabañas merinas de excelencia, la investigación de nuevos usos, tratamientos y acabados, así como la promoción de estándares de calidad ligados a toda la cadena de valor, desde la dehesa hasta el telar. El centro prevé organizar encuentros de expertos, jornadas de investigación y acciones de divulgación.

Para su lanzamiento, el proyecto se apoya en una red de instituciones. El Instituto de Empresa (IE) aportará la parte de educación e investigación, con la organización de challenges en sus campus de Oriente Medio, Estados Unidos y Europa para implicar a alumnos, diseñadores y artistas en el trabajo con merino R8. Por su parte, la Real Fábrica de Tapices actuará como socio en altas artesanías, mientras que el Museo del Traje ejercerá de garante del legado y del patrimonio cultural. La Comunidad de Madrid, a través de la Consejería de Cultura, respaldará la iniciativa desde el ángulo institucional.
Hasta ahora, el desarrollo de la merina de excelencia se ha financiado con recursos propios de Oteyza. “Durante más de diez años hemos ido reservando partidas porque creíamos en este proyecto”, explica García de Oteyza. “Lo que pedimos ahora a las instituciones es respaldo “, añade el empresario.
De la dehesa al lujo global: el merino español como polo de producción europea
La apuesta de Oteyza se apoya en una “idea de país”. “España necesita banderas que resuenen en Europa y en el mundo, con raíces sólidas y capacidad de empuje”, resume el cofundador. “El merino lo ha sido durante siglos y ahora queremos que vuelva a serlo con una visión contemporánea”, subraya.
En un mercado de lanas dominado por grandes productores internacionales, la firma defiende la combinación de excelencia y proximidad como ventaja competitiva. La merina española se encuentra a entre 800 kilómetros y 1.000 kilómetros de los principales centros fabriles europeos, lo que reduce costes logísticos y facilita la trazabilidad. El modelo se apoya además en la biodiversidad de las dehesas y en una gestión de la cabaña similar a la del cerdo ibérico, con animales que requieren alimentación variada y ecosistemas cuidados.
Desde el punto de vista de negocio, la nueva línea arrancará con peso todavía limitado en la facturación del grupo, pero con vocación de crecer a medida que escalen las cabañas de excelencia y se consoliden los canales de distribución. Oteyza ya mantiene conversaciones con fábricas, confeccionistas y distribuidores interesados en incorporar el merino R8, tanto en moda como en artes decorativas y tapices.
La firma insiste en que, al menos en esta primera etapa, el proyecto se dirigirá al ultralujo. “Lana merina hay mucha en España, pero la que trabajamos nosotros, la extrafina de estambre, es otra cosa”, señala García de Oteyza. “Si sacas una colección de excelencia y la vendes al precio de un mercado más cercano al fast fashion, el público no va a entender el valor, por lo que primero hay que colocarla donde le corresponde, apunta sobre la clientela target del proyecto. Para Oteyza, la ambición es clara: que el merino español vuelva a tener acento propio en el mapa mundial del lujo.