Inflación, el hijo de los aranceles que puede marcar el presente de la moda
Pese a que tiende a la baja a escala mundial por la ralentización de la demanda, la inflación puede ser un problema para el negocio de la moda en países como EEUU o España, donde la vivienda condiciona el gasto de las familias.
La inflación puede volver a marcar el futuro próximo del negocio de la moda a escala global y, en particular, en países como España y Estados Unidos. Un entorno geopolítico impredecible y desconcertante, una nueva escalada de los precios al consumo a nivel mundial en determinados países y categorías podría convertirse en un revival para el sector: los precios de los gastos imprescindibles de las familias avivan su escalada y estrechan los recursos disponibles para gastos discrecionales, por un lado, y la moda mantiene su diferencial inflacionario que lleva a una pérdida automática de rentabilidad, por otro.
¿Qué está ocurriendo? Aunque la débil demanda y la relajación de los precios de la energía siguen reduciendo la inflación mundial (al menos así lo prevé el Fondo Monetario Internacional), esto no se producirá en todo el mundo: por el contrario, se prevé que los aranceles “repercutan en los precios al consumidor en Estados Unidos y azucen la inflación en el segundo semestre de 2025”, particularmente en los productos con más peso de las importaciones, como la moda. En España, la inflación se ha calentado también en los últimos meses, pasando de un 2% en mayo a ritmos del 2,7% en julio y agosto.
En mercados tan estratégicos como estos para el negocio de la moda, un calentamiento de la inflación repercute en el presupuesto ocioso y el gasto discrecional de las familias. En España, la moda tiene un peso del 4,2% en el presupuesto de las familias, frente al 32,4% de vivienda y suministros, 15,8% de alimentación o 11,4% de los transportes. Con subidas de precios por encima de la inflación general, partidas como la vivienda (que lideró las subidas en julio con un alza interanual del 6,7%) presionan la cuota de bolsillo de la moda, con la probable consecuencia de que el gasto por consumidor en vestido y calzado se comprima.
Vivienda y suministros lideran la subida de precios en España, con un alza del 6,7% en julio
Este efecto, que se ha repetido a lo largo de los años en momentos de crisis, revertiría lo que era una reconquista de la moda en el presupuesto de los residentes en España. En 2024, el gasto en moda por hogar subió un 8,5% (frente al alza general del 4,4%), con 112 euros más por hogar y año, hasta 1.432 euros, tal y como ocurrió en los años precedentes desde 2022, recurando el terreno perdido por los efetos de la pandemia.
Con los precios del transporte en tasas bajas o incluso negativas en lo que va de año por la evolución de la energía, los grandes enemigos para la moda son tanto la vivienda (que ha llegado a subir casi un 10% interanual en los últimos meses) como otros gastos menos críticos para las familias que se encarecen por encima del IPC general. Uno de estos grupos es hoteles y restaurantes, con una inflación del 4,2% en julio, o bebidas alcohólicas y tabaco, en el 4,1%.
Frente a estas subidas, la moda sólo se encareció en julio un 0,8% interanual (tres décimas más que en junio), con un diferencial frente a la inflación general que se acerca de nuevo a los dos puntos. Los datos históricos del Instituto Nacional de Estadística (INE) apuntan a que el diferencial entre la inflación general y la de vestido y calzado había llegado a comprimirse hasta sólo dos o cuatro décimas en 2023, tras los niveles de hasta 7,8 puntos del año anterior. En lo que va de año se a situado en un mínimo de 1,5 puntos en mayo, escalando hasta los 1,9 puntos de julio.
Además del impacto de las diferentes categorías de gasto en la cuota de bolsillo, el segundo gran efecto de las tendencias en términos de inflación tiene que ver con la rentabilidad del sector. De nuevo, el IPC general y el IPC de vestido y calzado mantienen tanto en España como en el conjunto de la Unión Europea un diferencial de inflación de dos puntos: en el conjunto de los países comunitarios la cesta de la compra se encareció un 2,4% y la moda, sólo un 0,4%.
Sueldos, rentas y otros gastos de las empresas de moda se ven referenciados directa o indirectamente por el IPC y no poder mantener en los precios de venta al público subidas al menos equivalentes a la inflación general redunda en una presión adicional sobre la rentabilidad de las compañías.
Sólo en tres momentos puntuales desde inicios de siglo la moda se ha encarecido por encima del IPC general, en una realidad ya estructural de abaratamiento generalizado de la moda y, también, reducción de los márgenes generales del sector. El último momento en que el diferencial fue contrario fue entre finales de 2019 y comienzos de 2021, cuando la inflación en España estuvo en niveles particularmente bajos o incluso negativos.