China 2026: reequilibrio económico y transformación del mayor ecosistema mundial de moda
El gigante asiático afronta 2026 entre la desaceleración económica, el giro hacia el consumo interno y la redefinición de su papel en las cadenas globales de moda. China continúa siendo clave, pero ya no sólo por volumen.
China llega a 2026 tras más de cuatro décadas como epicentro de la industria mundial de la moda. Sin embargo, el país afronta el nuevo ciclo en un contexto muy distinto al que impulsó su ascenso: crecimiento económico más lento, tensiones geopolíticas persistentes y una reconfiguración profunda de su modelo productivo y social.
Durante años, el desarrollo del sector textil y de la confección ha sido uno de los grandes motores de la industrialización china, apoyado en salarios bajos, una enorme disponibilidad de mano de obra y una integración vertical sin precedentes. Hoy, ese modelo está en revisión. El Gobierno chino impulsa una transición desde la manufactura intensiva hacia una economía más basada en el consumo, los servicios y la innovación, según el informe China Economic Update publicado este diciembre por el Banco Mundial.
La pandemia: una herida que no acaba de sanar
La dudosa gestión china del Covid-19, basada en el cierre total y un confinamiento absoluto, puso de relieve las carencias de un régimen contra el que parecía que no había oposición posible. Además, provocó la parálisis total del país en un año, 2020, que debía suponer el despegue definitivo de China. Nada más lejos de la realidad.
El PIB de China creció por debajo del 5% en 2025. El Banco Mundial apunta al 4,4% para 2026, mientras que J.P. Morgan rebaja su previsión al 4,3%
En 2022, con la reactivación del comercio, el Producto Interior Bruto (PIB) de China aumentó sólo un 3% y, aunque en 2023 el crecimiento se elevó hasta el 5,2%, ya entonces aparecieron la debilidad inmobiliaria, el consumo a la baja, la deflación y la presión demográfica como los principales nubarrones de la fábrica textil del mundo. Problemas que dejan claro que la cicatriz de la pandemia todavía sangra.
China continúa siendo el principal exportador mundial de prendas de vestir y textiles, pero su peso relativo en las cadenas globales de suministro muestra un ajuste claro frente a otros competidores asiáticos. Según datos de la Organización Mundial del Comercio (OMC), en 2024 China representó casi un 30% de las exportaciones globales de prendas, una cuota que, aunque sigue siendo dominante, ha caído desde niveles anteriores y ha situado a la Unión Europea ligeramente por delante como bloque exportador del sector. En 2026 se prevé que la cuota china en el comercio mundial se sitúe en torno al 15%, según J.P. Morgan.
Al mismo tiempo, países como Bangladesh y Vietnam han consolidado posiciones relevantes en 2025: Bangladesh mantuvo más de un 6,9% de participación, mientras que Vietnam alcanzó alrededor del 6,1%, y economías de menor escala como Camboya han ido ganando cuota desde posiciones modestas en el ránking global de proveedores.
China seguirá consolidando su papel como gran potencia exportadora, pero con una cuota en el comercio mundial que cae al 15%
El sector de la moda sigue teniendo una dimensión estratégica para la economía china. La industria textil y de la confección emplean a decenas de millones de personas y mantiene un fuerte peso en regiones clave como Guangdong, Zhejiang, Jiangsu o Shandong. Sin embargo, la ventaja comparativa en costes laborales se ha erosionado de forma sostenida. Según los datos más recientes recopilados por China Briefing a partir de estadísticas oficiales de los gobiernos provinciales y del Ministerio de Recursos Humanos y Seguridad Social de China, el salario mínimo profesional ha registrado incrementos continuados en los últimos quince años.
Presión salarial al alza
En 2011 el salario mínimo medio de los trabajadores por cuenta ajena en China traspasó por primera vez la barrera de los 100 euros mensuales, 12.180 yuanes (1.381 euros anuales). Desde entonces se produjo una escalada que se prolongó un lustro, con un alza alrededor de los mil yuanes cada año. Sin embargo, entre 2016 y 2020 el salario mínimo chino ralentizó su crecimiento. En 2021 volvió a crecer. En los ejercicios 2022 y 2024 el salario medio en el país asiático se ha mantenido estable en los 23.160 yuanes, por debajo de los 3.000 euros. Sin embargo, en 2025 el salario ha vuelto a elevarse y de forma dispar según la región.
Los salarios mínimos los fijan en China los gobiernos provinciales, basándose en diferentes factores como el coste de la vida, el consumo o el desarrollo económico local. En 2025, el salario mínimo anual alcanza los 32.280 yuanes en Shanghái (unos 4.000 euros al cambio), el nivel más alto del país. Le sigue Pekín con 30.480 yuanes anuales (unos 3.700 euros). La capital del país es la que alcanza un salario mínimo por hora más elevado, con 27,7 yuanes (alrededor de 3,40 euros), según datos publicados en diciembre de 2025 por el medio China Briefing.
La evolución alcista del salario mínimo en China en la última década supone una presión estructural al alza de los costes laborales en la industria manufacturera
En total, más de 28 regiones chinas superan ya los 2.000 yuanes mensuales (en torno a 255 euros), una evolución que refleja la presión estructural al alza de los costes laborales en la industria manufacturera y que está acelerando la automatización y el reposicionamiento del sector dentro de las cadenas globales de suministro,
XV Plan Quinquenal 2026-2030
Después de 25 años abriéndose al mundo, China amplía su campo de visión hasta 2030 con un nuevo Plan Quinquenal, la hoja de ruta que establece rigurosamente el Comité Central del Partido Comunista de China (PCCh) y que regirá el crecimiento económico y social del gigante asiático en los próximos cinco años. Los primeros planes, que comenzaron en la década de los 50 del siglo pasado, impulsaron la industrialización masiva del país. Más tarde, el foco se centró en la economía, y a partir de los 2000, el centro de atención ha sido la apertura a los mercados internacionales. Con su nuevo plan, China quiere recuperarse definitivamente del golpe del Covid-19 y ser autosuficiente, blindándose ante la incertidumbre internacional.
La macroeconomía china entra en 2026 marcada por un crecimiento más moderado. El PIB del país se expandió por debajo del 5% en 2025 y apunta a tasas de crecimiento del 4,4% para 2026, según el informe del Banco Mundial, que detecta un contexto de “debilidad de los márgenes empresariales y la prolongación del ajuste del sector inmobiliario” como posibles frenos para “una recuperación más intensa”. J.P. Morgan Private Bank, en su último informe, ajusta a la baja esa cifra en el 4,3%.
Este entorno ha acelerado el viraje estratégico de la industria de la moda. China ya no compite únicamente en volumen, sino en velocidad, tecnología y sofisticación. El país ha reforzado su posición en segmentos de mayor valor añadido, como el textil técnico, los tejidos funcionales y la automatización industrial, áreas en las que mantiene una clara ventaja competitiva frente a otros países productores, según recoge el informe del Banco Mundial.
Al mismo tiempo, el consumo interno se ha convertido en un pilar central. China es hoy uno de los mayores mercados mundiales de moda y lujo, aunque su recuperación tras la pandemia ha sido irregular. La cautela del consumidor chino y la caída de la confianza han afectado a las ventas de las grandes marcas internacionales en el país.
Guerra Arancelaria entre Pekín y Washington
Espantados por el castigo impuesto por el presidente estadounidense, Donald Trump, a las importaciones desde China, los grandes grupos estadounidenses de moda y textil empezaron a desvincularse masivamente del aprovisionamiento chino. Las compras de empresas de EEUU a China cayeron un 20% entre enero y julio y se situaron en 11.208 millones de dólares. Sin embargo, en los siete primeros meses de 2025, las compras estadounidenses de moda y textil a todo el mundo aumentaron un 2,9%, hasta situarse en 61.420 millones de dólares, según datos de la International Trade Administration de EEUU.
Las tensiones comerciales entre China y EEUU han provocado la contracción de la actividad manufacturera de forma generalizada en el país asiático
Las tensiones comerciales entre China y Estados Unidos han provocado la contracción de la actividad manufacturera de forma generalizada en el país asiático, según ha reflejado el índice de Gestión de Compras Manufacturero (PMI) elaborado por la consultora privada Caixin. La actividad manufacturera al cierre de octubre encadenó siete meses consecutivos a la baja. Anotando el dato más bajo desde abril, se ha situado en el 49%, ocho décimas menos que en marzo.
La Comisión de Aranceles Aduaneros del Consejo de Estado chino aprobó a finales de diciembre un plan de rebaja de los aranceles de importación para un total de 935 productos que entró en vigor el 1 de enero y se prolongará durante todo 2026. En ese listado con casi un millar de referencias están incluidos el algodón, la lana y pieles para calzado y marroquinería, tanto en bruto como semiprocesadas. Un movimiento del Ministerio de Finanzas de China que favorecerá el aprovisionamiento de la industria textil y de calzado del gigante asiático, además de aliviar los márgenes y la competitividad de las empresas que operan en la industria de la moda.
Los retos sociales
La dimensión social es otro de los grandes desafíos que tiene que abordar el gigante asiático. El empleo industrial pierde atractivo entre las generaciones más jóvenes, lo que obliga a las empresas a invertir en automatización y mejoras salariales. Según el Banco Mundial, la presión sobre los costes laborales seguirá aumentando en 2026, acelerando la relocalización parcial de la producción hacia países del sudeste asiático.
China mantiene, sin embargo, una fortaleza estructural difícil de replicar: un ecosistema industrial completo, desde materias primas y maquinaria hasta logística, tecnología y plataformas digitales. Esta integración explica por qué el país sigue siendo un socio estratégico para las grandes compañías de moda, especialmente en productos complejos y de rápida respuesta al mercado.
De cara a 2026, el futuro de China en la moda pasa por profundizar en la innovación, el desarrollo de marcas propias y la sostenibilidad. El Gobierno ha reforzado la regulación ambiental y los objetivos de descarbonización, lo que está obligando a la industria textil a acelerar inversiones en eficiencia energética y procesos más limpios, según el Banco Mundial.
Las exportaciones han asumido un papel tan central en el crecimiento de la economía china que J.P. Morgan lo califica de “estructuralmente desequilibrado”
China mira hacia el futuro con ambición, pero debe afrontar de forma definitiva sus problemas estructurales. El informe de J.P Morgan sobre las previsiones de la economía China para el año que viene identifica una “creciente dependencia del sector exterior” como uno de los rasgos del actual patrón de crecimiento de su economía. Mientras el mercado inmobiliario sigue en contracción y la inversión privada muestra signos persistentes de debilidad, las exportaciones han asumido un papel central en el crecimiento, reforzando un patrón que el banco califica de “estructuralmente desequilibrado”.
En el plano industrial, la fortaleza exportadora de China seguirá sosteniendo la actividad de su extensa cadena de suministro, desde hilatura y tejidos hasta confección, apoyada en ventajas estructurales de costes, escala industrial y una integración productiva difícil de replicar. Sin embargo, el informe de J.P. Morgan destaca que persiste un exceso de capacidad que intensifica la competencia vía precios y erosiona los márgenes empresariales.
China encara así 2026 no como el taller de bajo coste que dominó la moda global durante décadas, sino como un actor más sofisticado, tecnológico y orientado al mercado interno. Su capacidad para gestionar esta transición será clave para mantener su centralidad en la industria mundial de la moda en un entorno cada vez más fragmentado y exigente.