Bulgaria: de frontera económica de Europa a socio estratégico de la moda bajo el euro
La entrada del país balcánico en la zona euro coincide con una etapa de inestabilidad política interna y debilidades estructurales, pero refuerza su papel como plataforma industrial y mercado emergente para la moda europea.
Procesos electorales en todo el mundo, conflictos geopolíticos y la persistente incertidumbre macroeconómica, ¿a qué retos se enfrentan las principales economías del mundo? La serie Mercados estratégicos hace una radiografía de países clave y analiza su posición económica, su relación con España y Europa y los principales desafíos a los que se enfrentan sectores estratégicos como la moda.
Mercados estratégicos
Radiografía de un mundo global
Bulgaria ha dejado de ser formalmente una frontera monetaria de la Unión Europea. Desde el 1 de enero, el país se ha incorporado a la zona euro, culminando un proceso de integración iniciado con su adhesión a la UE en 2007 y reforzado recientemente con su entrada plena en el espacio Schengen. El salto monetario del país, con consumo al alza y también productor de textil, se produce, sin embargo, en un contexto interno marcado por la fragmentación política, dimisiones en el ejecutivo en diciembre y enero y la convocatoria recurrente de elecciones, una constante de la última década.
Bulgaria atraviesa una fase de inestabilidad política sin precedentes en su historia reciente, marcada por la erosión de la confianza institucional, la fragmentación parlamentaria y la persistencia de la corrupción como eje central del debate público. Desde 2021, el país ha celebrado ocho elecciones legislativas, sin que ninguna haya permitido consolidar mayorías estables.
Este bloqueo estructural se produce en un contexto en el que Bulgaria figura de manera recurrente entre los Estados con peor desempeño de la Unión Europea en materia de percepción de la corrupción, según los indicadores de Transparencia Internacional, un factor que ha alimentado protestas ciudadanas recurrentes y ha debilitado la gobernabilidad.
La crisis política se ha intensificado en las últimas semanas con la dimisión del presidente Rumen Radev, un hecho inédito en la joven democracia búlgara, tras la caída del Gobierno interino a principios de diciembre a raíz de multitudinarias protestas contra un proyecto presupuestario acusado de perpetuar prácticas corruptas. La vicepresidenta Iliana Yotova ha asumido la jefatura del Estado de forma interina hasta enero de 2027, mientras el país se encamina de nuevo hacia elecciones anticipadas, previsiblemente en marzo o abril, en un escenario de elevada atomización parlamentaria.
La vicepresidenta Iliana Yotova ha asumido la jefatura del Estado hasta enero de 2027, mientras Bulgaria se encamina de nuevo hacia elecciones anticipadas
Esta volatilidad contrasta con el avance de Bulgaria en su integración europea (con la entrada en el euro el pasado 1 de enero y la consolidación en Schengen justo un año antes) y refuerza la paradoja de un país que gana peso estratégico dentro del proyecto comunitario mientras sigue sin resolver sus fragilidades internas de gobernanza.
La moneda única llega así a una economía pequeña, abierta y exportadora, que ve en el euro un ancla de estabilidad institucional y financiera más que un consenso social. “La adopción del euro es un hito para Bulgaria y una oportunidad para fortalecer la credibilidad económica y elevar el crecimiento a medio plazo”, señala el Fondo Monetario Internacional (FMI) en su último informe sobre el país.

Estabilidad macroeconómica con debilidades de fondo
Más allá del ruido político, Bulgaria presenta una fotografía macroeconómica más robusta de lo que sugiere su bajo nivel de renta. Según el último informe del FMI, publicado en noviembre de 2025, la economía búlgara mantiene un crecimiento en torno al 3%, apoyada en el consumo privado, la inversión vinculada a fondos europeos y el buen comportamiento del sector exterior.
El organismo destaca además la fortaleza del sistema financiero “bien capitalizado, con baja morosidad y elevada liquidez” y una posición fiscal entre las más ortodoxas de la Unión Europea, con deuda pública en el entorno de entre el 25% y el 30% del Producto Interior Bruto (PIB). En este contexto, la adopción del euro actúa para el FMI como un ancla de credibilidad institucional y financiera, más que como un simple cambio monetario, al reducir el riesgo país percibido y reforzar la confianza de los inversores.
La economía búlgara crece en torno al 3%, apoyada en el consumo privado, la inversión de fondos europeos y el buen comportamiento exterior
El propio FMI advierte, sin embargo, de que esta estabilidad de corto plazo convive con debilidades estructurales profundas que condicionan el crecimiento a medio plazo. El principal freno es demográfico: Bulgaria ha sufrido una de las mayores contracciones poblacionales de la UE, con un rápido envejecimiento y una emigración persistente de mano de obra cualificada, lo que ya tensiona el mercado laboral y limita el potencial productivo.
A ello se suman una productividad baja en comparación con la media europea, una inversión insuficiente en innovación y un entorno institucional marcado por la fragmentación política y la percepción de corrupción, factores que, según el FMI, dificultan la ejecución de reformas y el aprovechamiento eficiente de los fondos comunitarios. El euro, subraya el organismo, no corrige por sí solo estos desequilibrios, pero sí crea un marco más previsible para abordarlos.
El mercado laboral opera prácticamente en pleno empleo, con una tasa de paro cercana al 4%, mientras que la inflación se ha moderado tras los picos de los últimos años y ha permitido cumplir el criterio de estabilidad de precios exigido para la entrada en el euro, de acuerdo con el informe de convergencia del Banco Central Europeo (BCE).
En el plano fiscal, Bulgaria se sitúa entre los países más ortodoxos de la UE. El déficit público ronda el 3% del PIB y la deuda se mantiene por debajo del 30%, muy lejos de los niveles de las grandes economías del euro. “Bulgaria no ha estado sujeta a un procedimiento de déficit excesivo desde 2012”, subraya el BCE.
El principal talón de Aquiles es estructural. El país ha perdido cerca de una cuarta parte de su población desde finales de los años ochenta y cuenta hoy con algo más de 6,4 millones de habitantes. “El deterioro demográfico limita el potencial de crecimiento y tensiona el mercado laboral”, advierte el FMI.
El euro refuerza la estabilidad macroeconómica de Bulgaria, pero no corrige por sí solo sus desequilibrios demográficos ni su fragilidad institucional
Un mercado de consumo reducido y muy sensible al precio
La adopción de la moneda única tiene un impacto directo en el consumo. Bulgaria continúa siendo el país con menor renta per cápita de la Unión Europea (11.330 euros anuales en 2024, según Eurostat), lo que convierte al precio en el principal determinante de la demanda, especialmente en categorías discrecionales como la moda.
“El euro facilitará el comercio y reducirá los costes de transacción para las empresas”, defendía Asen Vasilev, exministro de Finanzas y uno de los responsables del proceso de adhesión, que estima un ahorro de cientos de millones de euros anuales para el tejido empresarial. En paralelo, una parte de la población teme un deterioro del poder adquisitivo, en un mercado especialmente sensible a cualquier ajuste de precios.
Sofía es el principal polo de actividad comercial del país y también para la moda, concentrando la mayoría de calles y centros comerciales ‘prime’

Mercado de interés para la moda
Desde el punto de vista sectorial, Bulgaria no es un gran mercado de consumo, pero sí un enclave estratégico para la moda europea. Su integración plena en la UE, Schengen y la eurozona refuerza su atractivo como plataforma industrial y logística en el este del continente.
Sofía concentra la mayor parte de la actividad comercial del país y la presencia de cadenas internacionales de moda, actuando como principal puerta de entrada para los operadores extranjeros. Según los últimos informes de mercado de Colliers y Cushman&Wakefield, la capital búlgara aglutina la mayoría de los centros comerciales prime y de las ubicaciones high street, y concentra también la mayor parte de la inversión retail del país, seguida a distancia por ciudades como Plovdiv, Varna y Burgas. Vitosha Bulevard y el eje Saborna-Lege-Alabin en la capital búlgara son los centros principales del consumo de moda en la calle, mientras que Serdika Center, The Mall o Mall of Sofia se han convertido en los recintos indoor por excelencia.
Presencia de las grandes marcas globales de moda
El mercado está dominado por grandes grupos internacionales de moda accesible. Inditex opera en Bulgaria con una presencia multiformato (Zara, Bershka, Pull&Bear, Stradivarius y Massimo Dutti) con untotal de 33 tiendas, repartidas entre Sofía y las principales ciudades, a cierre del ejercicio 2024. A ello se suma H&M, que cuenta con alrededor de quince tiendas en el país, de acuerdo con la información corporativa de la compañía sueca, así como cadenas europeas y regionales como LC Waikiki, Pepco, New Yorker o Next, que han reforzado su red apoyándose en formatos de volumen y una política de precios ajustados, en línea con el perfil de consumo local, según datos del mercado recopilados por Capital.bg y consultoras inmobiliarias internacionales.
En paralelo, Sofía concentra una oferta más reducida de marcas de gama media-alta y premium, con presencia de enseñas como Desigual, Polo Ralph Lauren o Emporio Armani, principalmente a través de tiendas monomarca o corners en grandes almacenes prime, según informes sectoriales de Cushman&Wakefield. El mix comercial refleja un mercado todavía pequeño en términos absolutos, pero cada vez más alineado con los estándares europeos, donde el crecimiento del retail internacional contrasta con la ausencia de grandes grupos nacionales de distribución de moda con proyección exterior.
El sector textil y de confección emplea a cerca de 100.000 personas y genera exportaciones en Bulgaria por valor de unos 1.800 millones de euros anuales

Un taller clave del ‘nearshoring’ europeo
El verdadero peso de Bulgaria en la moda está en la producción. El sector textil y de confección emplea a cerca de 100.000 personas y genera exportaciones por valor de unos 1.800 millones de euros anuales, con Italia, Alemania, Francia y Reino Unido como principales destinos, según datos de organismos sectoriales y del Ministerio de Economía búlgaro.
La moda española se abastece poco en Bulgaria y cada vez menos. España compró productos textiles, prendas y calzado a este país por valor de casi ocho millones de euros el pasado mes de noviembre, un 1,5% menos que en el mismo mes de 2024. En el cómputo total de enero a noviembre, la factura asciende a poco más de 71 millones de euros, lo que supone una caída interanual cercana al 7%. Bulgaria ocupa el puesto 33 en el ránking de proveedores de moda para España, por debajo de su vecina Rumanía y de Hungría. Tras un 2024 de repunte, las compras españolas de moda a Bulgaria han caído a niveles de 2023.
Durante décadas, Bulgaria ha sido un proveedor estable para marcas europeas, especializado en confección, sastrería y series cortas, con una combinación de proximidad geográfica, costes competitivos y know how industrial. “La flexibilidad productiva y la cercanía a los mercados finales siguen siendo las principales ventajas del país”, apuntan fuentes del sector.
Empresas como Miroglio Bulgaria, talleres de sastrería como Richmart o iniciativas orientadas a la moda sostenible como Organic Tee-Star reflejan un tejido industrial fragmentado, integrado en cadenas de valor internacionales y todavía poco visible para el consumidor final.
Dentro de este ecosistema industrial, Miroglio Bulgaria representa uno de los ejemplos más consolidados de integración del país en las cadenas de valor europeas de la moda. Filial del grupo italiano Miroglio, la compañía opera en Bulgaria desde hace más de tres décadas como plataforma productiva especializada en confección de prendas de punto y tejidos knit, combinando procesos de tejeduría, confección y control de calidad orientados a clientes internacionales.
Según el propio catálogo corporativo de la empresa, su actividad se apoya en un modelo industrial centrado en la calidad constante, la innovación de procesos y la flexibilidad productiva, factores clave para marcas europeas que buscan series cortas, proximidad geográfica y tiempos de respuesta ajustados. La presencia de grupos como Miroglio confirma el papel de Bulgaria no sólo como proveedor de bajo coste, sino como eslabón industrial cualificado dentro del movimiento de relocalización productiva que impulsa el nearshoring en Europa.
Distribución sin grandes grupos propios
A diferencia de otros mercados europeos, Bulgaria no ha desarrollado grandes grupos nacionales de distribución de moda. El mercado está dominado por cadenas internacionales, mientras que las marcas locales operan principalmente en el ámbito doméstico o en nichos concretos.
El comercio electrónico es el principal motor de crecimiento, con tasas anuales del 4% al 5%, impulsadas por la digitalización del consumidor y la adopción de estrategias omnicanal, especialmente entre los operadores más jóvenes.
De fabricar para otros a capturar más valor
El reto estratégico de Bulgaria en la moda pasa por dejar de ser percibida únicamente como un centro de producción para terceros y avanzar hacia un mayor control del valor añadido. El país cuenta con una nueva generación de diseñadores con visibilidad internacional y propuestas propias, aunque su conexión con la base industrial sigue siendo incipiente.
Bulgaria cuenta con una nueva generación de diseñadores con visibilidad internacional y propuestas propias, pero su base industrial sigue siendo incipiente
Un caso emblemático es By Far, la marca de accesorios y moda fundada en Sofía en 2016 por Valentina Ignatova, Sabina Gyosheva y Denitsa Bumbarova, que ha expandido su presencia a más de 300 puntos de venta en todo el mundo, incluidos distribuidores de alto nivel como Selfridges, Bloomingdale’s, Nordstrom o Net-a-Porter y tiendas propias en Los Ángeles, Shanghai y Beijing, consolidándose como un éxito exportable del diseño búlgaro contemporáneo.
Además, la escena creativa local se articula alrededor de diseñadores como Nikolay Bozhilov, ganador del prestigioso premio Golden Needle en 2013 y reconocido por su estilo vanguardista o Evgenia Jivkova (Jeni Style Fashion House), con más de dos décadas de trayectoria. También marcas emergentes como Knapp (2010), Fabra Moda Studio (con tienda propia en Etsy) o Blink by Radi Lazarova (Golden Needle 2019), citadas por la Asociación Búlgara de la Moda como referentes del talento nacional.
La iniciativa Mad Mood Milano Fashion Week – looking for Bulgarian talent, primer evento de moda con carácter internacional celebrado en Bulgaria, reunió en 2023 a una treintena de creadores locales para competir por oportunidades internacionales y visibilidad en pasarelas destacadas, reflejando el dinamismo creativo que aún busca consolidarse como industria integrada.
Bulgaria y la sostenibilidad
La sostenibilidad se perfila como una palanca clave, con inversiones crecientes en procesos más eficientes y materiales responsables. Según un informe de Business Europe y Eurostat sobre fabricación en la UE, más del 45 % de las empresas del sector textil y confección en Bulgaria han introducido procesos de eco-eficiencia o gestión ambiental certificada (ISO 14001 o similares) en los últimos tres años, situándose por encima de la media regional para economías de tamaño similar.
Además, datos de la Agencia de Promoción de Inversiones de Bulgaria (Bpio) muestran que las inversiones manufactureras con enfoque en digitalización y automatización crecieron un 18% interanual en 2024, lideradas por proyectos que integran robótica, software de producción inteligente y sistemas de gestión de datos en tiempo real para reducir desperdicio y tiempos logísticos.
La UE ha comprometido 150 millones en subvenciones para modernización industrial, eficiencia energética y procesos sostenibles en manufactura y textil
En paralelo, el Programa de Competitividad y Sostenibilidad de la UE, del que Bulgaria es beneficiaria, ha comprometido más de 150 millones de euros en subvenciones hasta 2027 dirigidas a modernización industrial, eficiencia energética y procesos sostenibles en pymes manufactureras (incluyendo textil), según la propia Comisión Europea. Estas cifras respaldan las conclusiones del último informe de la Asociación Textil y de Confección de Bulgaria: “la sostenibilidad no es una moda, sino una herramienta estratégica para mantener la competitividad en un entorno con escasez de mano de obra y presión de costes”.
Bulgaria no aspira a convertirse en un gran mercado de consumo de moda, pero sí a consolidarse como un socio industrial estable y previsible dentro del ecosistema europeo. Bajo el paraguas del euro, el desafío es pasar de ser una frontera productiva a un actor con mayor capacidad de decisión en la cadena de valor de la moda europea.