Mireille Acquart: “Los aranceles son un parche, el problema es la falta de competitividad”
La experta en sostenibilidad y fundadora de Ethical Fashion Space, agencia de innovación en negocios con enfoque de sostenibilidad y ecoinnovacion, analiza dónde está parada Latinoamérica en la industria en términos sostenibles.
“Hablar de sostenibilidad en moda parece una lucha de poderes cuando en realidad debe verse toda la cadena de valor e identificar mejores prácticas”, arranca Mireille Acquart a la hora de hablar sobre cómo está parado México y el resto de Latinoamérica en cuanto a sostenibilidad. La consultora y conferenciante internacional fundó Ethical Fashion Space, una agencia de innovación en negocios con enfoque de sostenibilidad y ecoinnovacion, desde la que ha asesorado a gigantes como Inditex, Levi Strauss o Ferragamo. Frente al contexto actual de guerra arancelaria, Acquart asume que el problema de la industria mexicana de la moda va más allá de una protección momentánea. La experta es también consejera de responsabilidad social en la Cámara Nacional de la Industria del Vestido (Canaive) y coordina el comité de sostenibilidad de The Fashion Group International.
Pregunta: ¿Cómo evalúa la madurez de la moda sostenible y circular en México y Latinoamérica en comparación con otras regiones?
Respuesta: En Latinoamérica, la sostenibilidad se ve condicionada por factores geopolíticos y económicos: somos productores y maquiladores, con dependencia tecnológica y de transferencia de conocimiento del extranjero. Hemos dependido de tecnología del extranjero, de transferencia de conocimiento. Prácticamente hemos fundado bases de las economías manufactureras en este sentido, con falta de una visión mucho más estratégica, no de maquila, sino de desarrollo de producto y de la estrategia de los recursos naturales. Esto explica ciertos rezagos frente a otras regiones. Lo positivo es que estamos en un proceso de transición, pasando de la maquila al desarrollo de producto con mayor valor agregado, recuperando técnicas tradicionales, cuidando recursos como agua, tierra y energía, y aprovechando nuestro talento humano. Más que crecer en cantidad, el reto es desarrollarnos en calidad para construir una industria sostenible.
P.: ¿Cuáles son los límites estructurales más apremiantes en México y Latinoamérica para que la industria de la moda pase de iniciativas aisladas a una transformación sistémica real?
R.: Los principales límites estructurales están en la educación y en la falta de infraestructura y regulación adecuadas. Y para ser competitivos necesitamos tener una comprensión global de la política y economía del país y además, un perfil de negocio. En las universidades seguimos enseñando a maquilar sin integrar una visión global, económica y de negocio que prepare a profesionales competitivos. A nivel político y social falta innovación regulatoria e institucional. No existen clústers sólidos ni objetivos comunes, y la industria sigue centrada en crecer en volumen más que en desarrollarse en calidad. También hay una infraestructura obsoleta y una escasa valorización de los recursos locales, como el diseño artesanal o las técnicas tradicionales, que podrían convertirse en ventajas competitivas. Copiar modelos europeos sin adaptarlos al contexto latinoamericano es un error. Necesitamos definir nuestra propia estrategia y potenciar nuestras capacidades.
P.: ¿Qué grado de trazabilidad es alcanzable hoy en los procesos productivos latinoamericanos?
R.: La trazabilidad es viable, pero antes de pensar en grandes tecnologías como blockchain, necesitamos transparencia básica en la cadena, saber de dónde vienen los materiales y hacia dónde van los productos. El reto es que en países como México, donde el 90% del sector son pymes con recursos limitados, la inversión en software o certificaciones suele terminar siendo un gasto más que una inversión, porque no siempre se comprende ni se aprovecha al máximo. Para que la trazabilidad sea real y efectiva, primero deben resolverse debilidades estructurales como la educación, la infraestructura normativa y la capacidad tecnológica. De lo contrario, corre el riesgo de quedarse en un parche más que en una transformación sistémica.
“Latinoamérica necesita definir su propia estrategia y potenciar sus capacidades sostenibles”
P.: ¿Cómo está impactando la guerra arancelaria en las cadenas de valor de moda que involucran a México y la región?
R.: Los aranceles son importantes como medida de protección del mercado interno frente a plataformas extranjeras, pero en el fondo son un parche. El verdadero problema es la falta de competitividad. Muchas veces los consumidores prefieren comprar en plataformas asiáticas porque entienden mejor al cliente. El fast fashion, aunque se critique por su rapidez, bajo costo y precariedad laboral, ha tenido una ventaja clara: estudia constantemente al consumidor, sabe qué quiere, qué necesita y se lo ofrece a un precio accesible. En cambio, en los mercados nacionales seguimos centrados en producir y maquilar, sin suficiente valor agregado ni análisis del consumidor. Hoy, esas plataformas continúan siendo competitivas porque ofrecen moda aspiracional a un consumidor cada vez más estrangulado económicamente. Si los mercados locales no son capaces de dar esa respuesta, los consumidores buscarán fuera lo que no encuentran dentro. Por eso, aunque la política arancelaria ayuda a corto plazo, la clave está en fortalecer las capacidades internas de la industria, generar valor agregado y aprender mucho más del consumidor para poder competir de manera sostenible.
P.: ¿Ha detectado una tendencia clara de nearshoring hacia proveedores sostenibles en Latinoamérica como respuesta a la guerra arancelaria? ¿Qué beneficios concretos ve en términos de circularidad y agilidad?
R.: Sí hay una tendencia de nearshoring y reshoring en Latinoamérica como respuesta a la dependencia de Asia que la pandemia y la guerra arancelaria dejaron en evidencia. Marcas internacionales están buscando producir en países de la región para reducir riesgos, pero se encuentran con varias limitaciones estructurales como la falta de capacidad textil propia, la necesidad de importar materiales (especialmente sintéticos), las deficiencias tecnológicas en procesos limpios (equipos de lavado, tratamiento de aguas residuales) y la persistencia de un modelo basado en la maquila más que en el desarrollo integral de producto. Esto genera tensiones, porque la región no siempre puede competir en precio o infraestructura con Asia, pero también abre oportunidades: algunas empresas y líderes locales están impulsando inversiones y cambios estructurales para fortalecer la cadena productiva regional. El reto es superar la visión cortoplacista y apostar por una estrategia de largo plazo que permita ofrecer productos con valor agregado, circularidad y procesos más ágiles y sostenibles. Hay ya ejemplos de liderazgo empresarial y gremial que empiezan a marcar esta dirección, lo que indica que el nearshoring puede convertirse en una palanca de transformación si se aprovecha con visión estratégica.
P.: ¿Cree que esta coyuntura arancelaria puede convertirse en una oportunidad para fortalecer cadenas de suministro más cortas, circulares y resilientes en la región?
R.: Definitivamente sí. La coyuntura arancelaria puede ser una oportunidad para impulsar cadenas de suministro más cortas y resilientes, pero sólo si dejamos atrás la visión cortoplacista de que la sostenibilidad es cara. Lo es cuando no existe estrategia ni conocimiento del consumidor. No se trata de dividir al mercado entre productos sostenibles e insostenibles y culpabilizar al consumidor que no puede pagar más. Se trata de que toda la cadena adopte mejores prácticas, desde la extracción de materias primas hasta la producción y el consumo, para que la sostenibilidad no sea una opción aislada sino un estándar gradual. El cambio climático ya está afectando al sector textil con sequías en Estados Unidos, inundaciones en Pakistán, India o China han mermado la oferta de algodón en los últimos años. Si no pensamos en estrategias de largo plazo para usar los recursos con eficiencia, la industria se enfrentará a dilemas mucho más críticos, como priorizar alimentos por encima de textiles. Avanzar hacia cadenas más circulares implica inversión en tecnología y procesos limpios, y esos costos deben asumirse de forma compartida entre empresas, gobiernos y consumidores. No todas las compañías podrán alcanzar el mismo nivel, pero todas pueden aportar. La sostenibilidad no es una varita mágica ni una lista cerrada de requisitos: es un proceso con distintos grados, en el que cada actor tiene que involucrarse.
“Hay que apostar por una estrategia de largo plazo que permita ofrecer productos con valor agregado, circularidad y procesos más ágiles y sostenibles”
P.: ¿Hasta qué punto cree que el enfoque del consumidor latinoamericano en el precio limita una transición real hacia productos responsables? ¿Qué estrategias serían clave para revertir esa tendencia?
R.: El enfoque del consumidor latinoamericano en el precio limita la transición hacia productos responsables, pero esto tiene raíces históricas. Antiguamente, la ropa se heredaba y reparaba, prácticas que se han perdido por prendas de menor calidad y familias más pequeñas. Hoy, el 80% de la población entiende estas prácticas, pero la capacidad de aplicarlas ha disminuido. El problema se agrava por la falta de talento y de incentivos. Los centros de reparación y los oficios tradicionales del textil (costureros, cortadores) están en crisis, con pocos jóvenes interesados en el sector. Esto limita que reparar o producir responsablemente sea un negocio viable. Para revertir esta tendencia, es clave revalorar la industria textil, generar incentivos, fortalecer la formación de nuevos profesionales y crear modelos de negocio que hagan rentable la reparación y la producción de calidad. Solo así la conciencia sobre sostenibilidad podrá trasladarse a decisiones de compra efectivas.
P.: Desde su expertise en fiscalidad ambiental, ¿qué medidas tributarias concretas (como deducciones, subsidios o impuestos corregidos) considera prioritarias para impulsar la sostenibilidad en la moda regional?
R.: Primero, es importante entender que la fiscalidad ecológica no es solo un impuesto; debe incluir incentivos que promuevan buenas prácticas. Hoy los impuestos ambientales suelen enfocarse en recaudación más que en inversión, y carecen de transparencia sobre cómo se usan los fondos. En Latinoamérica, las medidas prioritarias deberían incluir deducciones o subsidios para prácticas responsables: reparación, eficiencia energética e hídrica, plantas de tratamiento de aguas residuales, logística inversa y condiciones laborales sostenibles. La idea es atraer más empresas con incentivos que con sanciones, fomentando que adopten estas prácticas de manera efectiva. Aunque la infraestructura aún es limitada en muchos países latinoamericanos, implementar estos incentivos fiscales puede ser un motor clave para impulsar la sostenibilidad en la industria de la moda regional, estimulando tanto la inversión como el desarrollo de capacidades locales.
P.: ¿Qué tipo de sinergias entre empresas, gobiernos y actores académicos considera más eficaces para escalar soluciones circulares en la moda latinoamericana?
R.: Es imprescindible trabajar de manera transdisciplinaria y multisectorial. La colaboración entre empresas, gobiernos y academia permite que la investigación académica sirva al sector privado y que las regulaciones públicas se mantengan actualizadas con la realidad de la industria. Estas sinergias fortalecen las capacidades técnicas, tecnológicas, educativas, sociales, culturales y económico-políticas de la región, permitiendo escalar soluciones circulares de manera sostenible y asegurar la permanencia y desarrollo de la industria a largo plazo.
P.: Para que las empresas puedan demostrar compromiso con ESG, ¿qué métricas o indicadores considera indispensables y cómo deberían adaptarse al contexto regional?
R.: Primero es necesario aumentar la participación social, porque indicadores fiables dependen de que los ciudadanos y trabajadores estén involucrados y no solo de manera simbólica. Los indicadores indispensables deberían incluir factores como inversión en tecnología y desarrollo de innovaciones propias, incluyendo inteligencia artificial; capacitación y desarrollo de habilidades de los trabajadores, con enfoque en sostenibilidad y educación continua; y esquemas sociales que evalúen inclusión, participación, creatividad y calidad del entorno laboral. En el contexto latinoamericano, estos indicadores deben adaptarse a la realidad regional: fomentar la educación y la participación ciudadana, generar capacidades locales y vincular el desarrollo de talento con la resiliencia y competitividad de la industria.
P.: ¿Cuál es la oportunidad real para que las marcas latinoamericanas lideren un modelo diferenciador de moda, donde la sostenibilidad y la gobernanza sean motores competitivos?
R.: Las marcas latinoamericanas tienen todas las oportunidades para liderar un modelo diferenciador de moda sostenible y con buena gobernanza. La región es extremadamente rica en biodiversidad, recursos naturales, talento humano, historia, tradición y cultura, elementos que muchas veces superan a los de Europa o Estados Unidos. El verdadero desafío es dar visibilidad y valor al talento local, aprovechar las tradiciones y convertirlas en ventajas competitivas, desarrollando modelos de negocio propios que integren sostenibilidad y cultura. Esto requiere liderazgo político, académico, social y empresarial, así como inversión estratégica en infraestructura, tecnología y desarrollo humano. Además, es necesario superar limitaciones culturales heredadas del colonialismo, que muchas veces restringen la confianza en las capacidades locales. Si se logra esto, Latinoamérica puede generar un sector de moda innovador, resiliente y sostenible, capaz de trascender fronteras y convertirse en un referente global.