Desigual, de Lacroix a Egonlab: quince años a la búsqueda del ‘je ne sais quoi’
La empresa española lleva más de una década haciendo de Francia su laboratorio creativo y su campo de legitimación estética a través de colaboraciones. En pleno reposicionamiento de marca y retorno a beneficios, estrena alianza.
El diálogo entre Desigual y Francia empezó con una alianza tan inesperada como coherente, Christian Lacroix. Era 2011 y el creativo francés conocido por sus diseños exuberantes y barrocos, que había puesto fin a la actividad de su maison dos años antes, encontró en la firma catalana una vía para mantener viva su visión estética bajo nuevos aires contemporáneos. Aquella unión entre la teatralidad radical y ornamental del sur de Francia y el optimismo mediterráneo acuñado por Thomas Meyer en Barcelona inauguró un camino de coautoría que aún perdura hoy en día.
Esa primera colaboración fue más allá de un mero ejercicio de estilo. La alianza supuso el inicio de un laboratorio artístico entre Barcelona y París, donde Desigual ha puesto a prueba su capacidad de reinventarse sin traicionar su identidad. Francia se convirtió así en el terreno donde la marca barcelonesa ensayó su madurez, un espacio de intercambio simbólico entre el color y la contención, entre la intuición mediterránea y la disciplina del diseño francés. Cada paso en el territorio, ha significado un movimiento mediático, pero también ha fomentado la estrategia de legitimación del diseño de la empresa española en la cuna de la couture y las fashion weeks.
Con el tiempo, el país vecino se transformó también en un espejo cultural. Durante años, en Francia circuló la broma de que la ropa de Desigual, con sus estampados atrevidos y su espíritu naïf, era el uniforme de las profesoras de español. Este cliché irónico reflejaba tanto la notoriedad de la marca como su dificultad para ser percibida como una firma de diseño, una de las razones que ha motivado la implantación progresiva del plan de reposicionamiento de la compañía. Quince años después de aquel primer idilio con Lacroix, con quien la marca sigue colaborando con buenos resultados en los mercados asiáticos, Desigual ha convertido precisamente esa percepción en su campo de batalla para ganar su propio espacio en la primera liga del diseño.
Desigual ha fomentado el diálogo franco-catalán con colecciones con Lacroix, Maitrepierre o, más recientemente, Egonlab
La colaboración con Christian Lacroix definió un modelo pionero en el segmento medio, un diseñador de alta costura aportando legitimidad artística a una gran marca de distribución. Desigual ofrecía el laboratorio y Lacroix, la narrativa. Su visión cargada de excesos sirvió para enriquecer el ADN de la empresa sin diluirlo y la sinergia asentó las bases de las bases de lo que, actualmente, son colaboraciones casi cotidianas entre empresas de gran distribución de moda como Inditex o H&M y nombres del diseño de autor.
En 2022, la marca extendió ese diálogo con una nueva generación de diseñadores franceses. De la mano de Alphonse Maitrepierre, formado en Maison Margiela y Courrèges, la empresa exploró un registro más conceptual y digital, en línea con la transición hacia un lenguaje sostenible y tecnológico, a través de varias colecciones limitadas de posicionamiento ligeramente más elevado que el de sus propuestas habituales. El ciclo culmina este mismo año con Egonlab, el dúo parisino fundado por Kevin Nompeix y Florentin Glémarec, cuya estética genderless y discurso político sintonizan con la sensibilidad contemporánea.
“Desigual me recuerda a mi madre, que era, y sigue siendo, una gran admiradora de la marca”, explica Kevin Nompeix a Modaes sobre su recién estrenada colaboración con la marca barcelonesa. “Volver a ver en los archivos aquel abrigo bordado de mi infancia fue un auténtico momento de magdalena de Proust y me recordó cómo la moda puede conectarnos con la memoria”, explica el cofundador de Egonlab, firma habitual del calendario de la Semana de la Moda de París.
El diseñador define la colaboración como “un diálogo entre dos filosofías creativas que creen en el poder emocional y cultural de la ropa”. Y añade: “Trabajar con una casa como Desigual es encontrar un equilibrio entre herencia e innovación, entre libertad y estructura”.
La compañía de Thomas Meyer tiene a Francia entre sus principales mercados por volumen de facturación
El eco de estas colaboraciones también ha estado estrechamente vinculado a la estrategia comercial de la empresa en el mercado hexagonal. En 2010, la compañía inauguró un imponente flagship en la zona de Opéra y firmó un segundo local de 1.200 metros cuadrados en la rue de Rivoli, en pleno eje comercial de la capital. Bajo la dirección de Manel Adell, la empresa apostó entonces por espacios de gran formato como expresión física de su potencia.
Instalarse en el corazón del lujo europeo implicaba dialogar con un público exigente y con una tradición estética que, históricamente, ha definido el canon de la moda. La expansión coincidió además con la entrada del fondo francés Eurazeo en el capital, con una participación minoritaria en 2014, lo que dio a la empresa una proyección institucional inédita.

Pero el contexto cambió. El auge del canal online, la saturación de las calles comerciales y los nuevos hábitos de consumo llevaron a Thomas Meyer a repensar el modelo. En 2018, tras recomprar la participación de Eurazeo, el fundador impulsó una reestructuración profunda del negocio y un reposicionamiento que pondría fin a la era de las megatiendas. Sus dos imponentes tiendas insignia en París echaron entonces la persona.
La nueva etapa se materializó en 2022 con dos aperturas emblemáticas en París. La primera, de 93 metros cuadrados en la rue des Rosiers, en el Marais, y la segunda, de 273 metros cuadrados en la rue Bonaparte, en Saint-Germain-des-Prés. “Para crecer en nuestros principales mercados apostamos por ubicaciones emblemáticas; París no podía ser una excepción”, explicaba entonces Oriol Martínez, director comercial de Desigual. “Queremos acercarnos a nuestros clientes y colaborar con talentos locales, uno de nuestros principales activos competitivos”, añadía.
Ambas tiendas responden hoy al nuevo concepto de “galería de arte”, con interiores luminosos y materiales naturales que reflejan la evolución estética de la marca. Actualmente, la empresa cuenta con 14 tiendas propias en Francia y 11 puntos de venta en Galeries Lafayette, un equilibrio entre presencia selectiva y visibilidad estratégica.
El impulso creativo tiene hoy su correlato en Desigual Studio, la línea premium lanzada en septiembre bajo la dirección de Fernanda Blasco, directora de producto de mujer, hombre y niño, con un desfile celebrado en la Nau de Turbines de les Tres Xemeneies (Barcelona) que simbolizó la madurez del plan de rebranding iniciado en 2019. “El reto consiste en mantener la identidad, pero elevarla y hacerla relevante”, señalaba Blasco en entrevista con Modaes. “Queremos vender un mundo, no sólo prendas”, resumía la creativa, que definía el proyecto como “un minimalismo con carácter, no apagado, que siga siendo muy Desigual”.
La transformación creativa se refleja también en las cifras. En 2024, la empresa volvió a beneficios, con un resultado neto de 313.331 euros, frente a las pérdidas de 61 millones del ejercicio anterior. El resultado de explotación se redujo drásticamente, de 58,7 millones negativos a sólo 424.000 euros negativos, gracias a un ajuste de gastos y una política de eficiencia operativa.
La facturación se situó en 332 millones de euros, un 5,8% menos, aunque la empresa encadenó su tercer año consecutivo de crecimiento orgánico. Con fondos propios de 185 millones y una deuda con entidades financieras que apenas representa el 5% del pasivo, el grupo controlado por Thomas Meyer ha estabilizado su estructura y consolidado su rentabilidad.