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Richemont se blinda con joyería y desafía a los gigantes: ¿es el grupo de lujo más resiliente?

Mientras el lujo se reordena, Richemont se apoya en el producto que resiste mejor el ciclo: la joyería. Con crecimiento a doble dígito, el hólding suizo se cuela en el debate sobre quién aguanta mejor el frenazo del sector dorado.

Richemont se blinda con joyería y desafía a los gigantes: ¿es el grupo de lujo más resiliente?
Richemont se blinda con joyería y desafía a los gigantes: ¿es el grupo de lujo más resiliente?
El grupo suizo Richemont aienta su estabilidad y resiliencia en la solidez de sus negocios de joyería con Cartier como firma estrella.

Triana Alonso

Vuelcos creativos, planes de ajuste o incluso fichajes de primeros ejecutivos. La industria del lujo lleva meses buscando la fórmula para salir (de la forma más airosa posible) de una crisis que ha azotado las cuentas de resultados, señalando a marcas hasta ahora locomotoras de facturación y colocando a los hóldings ante la incómoda duda de si es posible volver a crecer al mismo ritmo de antaño o, al menos, retomar un dinamismo que reconforte a los accionistas. Mientras algunos grupos han reordenado su relato alrededor de cambios en diseño especialmente vinculados a las divisiones de moda, Richemont se ha asentado en una estrategia aparentemente sencilla, pero eficaz: poner en el foco el producto que se compra cuando el cliente consume menos, pero elige mejor.

 

En este contexto agitado, Richemont ha vuelto a entrar el primero en el ciclo de resultados con una ventaja silenciosa. El conglomerado suizo no sólo publica antes que buena parte de sus pares, también lo hace desde una categoría que está aguantando mejor la digestión pesada del lujo. En un sector donde 2026 empieza con más interrogantes que euforia, el hólding suizo ha puesto cifras al trimestre de octubre a diciembre, el tramo que suele fijar el debate en el arranque del año.

 

En el periodo, Richemont alcanzó ventas de 6.399 millones de euros. A tipo de cambio constante, el incremento fue del 11%; mientras que a tipo de cambio actual, el avance se situó en el 4%, con el efecto de la divisa volviendo a condicionar la lectura del negocio, especialmente en Asia.

 

El motor de la facturación no fue otro que la joyería, la categoría estrella de la compañía, que elevó sus ventas un 14% a tipo de cambio constante, hasta 4.785 millones de euros, gracias al desempeño de firmas como Buccellati, Cartier y Van Cleef & Arpels. Por su parte, el segmento de la relojería especializada, en el que opera con nombres como Piaget o Panerai, también acompañó, con 872 millones y un alza del 7% a tipo constante. El resto de divisiones de Richemont se mantuvo estable a tipo constante y, dentro, moda y accesorios creció un ligero 3%, subrayando el impulso de Peter Millar y Gianvito Rossi.

 

 

 

 

Estos resultados se comprenden mejor al contemplar la fotografía completa que define por qué la joyería sostiene mejor el pulso que la moda y resiste el ciclo. El mercado global de joyas superó 130.000 millones de euros en 2024, frente a 97.000 millones en 2015, según Mediobanca. El mapa también se está moviendo. China reduce peso y emergen nuevos hubs, mientras Italia gana terreno hasta 11,2% del comercio mundial, por delante de Suiza.

 

Además, el consumidor de joyería es y compra de forma muy diferente al de moda. El sector es menos dependiente de la rotación, está más protegido por el ticket alto, el heritage, la fidelización y un componente patrimonial que, en periodos de prudencia, actúa como colchón. Esa ventaja, sin embargo, también tiene un reverso. Cuanto más dominante es el motor joyero, más aumenta la dependencia y deja la moda, en la que compite con marcas históricas como Chloé o Alaïa, en un discreto segundo plano.

 

En línea con la solidez de la división, el canal retail alcanzó un 72% de las ventas del trimestre hasta 4.601 millones de euros y el grupo situó el negocio directo al cliente en 78% de ventas, estable frente al mismo trimestre del ejercicio anterior. Más venta directa significa más sofisticación y control de precio y de experiencia, acordes con las exigencias del cliente de lujo. Pero también implica más exigencia operativa y de inversión.

 

Si el lujo se enfría, la moda es la primera en enviar señales. Si bien no tiene por qué desaparecer el deseo, el consumidor compra menos, elige más y discute el precio con otra intensidad. Por ello, Richemont llega cierra los nueve meses con tranquilidad, porque su columna vertebral no es la moda. Y eso, hoy, es una ventaja.

 

 

 

 

 

Dentro del segmento de moda y accesorios, el grupo reúne Alaïa, Chloé, Delvaux, Dunhill, Gianvito Rossi, Montblanc, Peter Millar, Purdey y Serapian. Para el hólding, la categoría no funciona como negocio de tracción, pero sí como un territorio de imagen, posicionamiento y margen potencial.

 

Alaïa es el ejemplo más claro. En términos de narrativa creativa y de prestigio, la maison del diseñador franco-tunecino funciona como marca faro dentro de una cartera que se define por joyería y relojería. La casa vivió un punto de inflexión tras la muerte de Azzedine Alaïa en 2017 y, en 2021, Pieter Mulier asumió la dirección creativa con un recorrido ligado a Raf Simons y con etapas en Dior y Calvin Klein.

 

Ese contexto importa porque, precisamente al ser menor, la moda en Richemont es más sensible a movimientos de talento. Ahora que la firma ha consolidado su nueva imagen, adquirido el respeto y validación del sector y firmado relevantes operaciones en retail, diversas fuentes sitúan a Mulier entre los nombres que podrían sonar para asumir la dirección creativa de Versace tras la salida de Dario Vitale, sustituto de Donatella. Si ese escenario se confirmara, el impacto para Richemont sería menos financiero que simbólico porque perdería a la figura que concentra buena parte del capital cultural de su cartera de moda.

 

 

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La comparación con el momento de otras compañías en Francia pone las cosas en perspectiva. Kering cerró tercer trimestre de 2025 con ventas de 3.415 millones de euros y una caída del 5% en comparable. En nueve meses, estas se situaron en 11.000 millones y descendieron un 12%. ¿La receta para darle la vuelta a la situación? La fórmula Luca De Meo, su nuevo consejero relegado, dispuesto a tomar las medidas necesarias para darle la vuelta a la curva.

 

 

 

 

 

El grupo de Bernard Arnault, por su parte, cerró un periodo de inflexión. El hólding francés alcanzó una facturación de 18.280 millones de euros (ventas que triplican a las de Richemont) entre julio y septiembre, con un avance de 1% en orgánico. El aumento se produjo tras un arranque de año más débil. En nueve meses, ventas se situaron en 58.090 millones, con una caída del 2%. Por ello, el trimestre fue reconocido como positivo, gracias a la tracción de retail selectivo con la palanca de Sephora. El matiz, como en casi todo el lujo europeo, fue la divisa, con un impacto que pesó un 5% en el trimestre.

 

LVMH y Kering publicarán en breve el cierre anual del ejercicio, que en ambos casos se rige por el año natural. Richemont, en cambio, opera con calendario fiscal con el cierre del ejercicio previsto para el próximo 31 marzo de 2026, cuyos resultados serán presentados el 22 mayo.

 

El ránking por tamaño otorga al grupo suizo la medalla de plata. Por facturación en 2024, LVMH lidera con 84.683 millones de euros, Richemont alcanzó 20.616 millones en su ejercicio fiscal 2024, mientras que Kering cerró el año con 17.194 millones. Son modelos distintos, no obstante. LVMH es un ecosistema de categorías; Richemont es una máquina de joyería con satélites; y Kering, por último, es una apuesta más concentrada en moda que necesita recomponerse en un momento de mercado más exigente. ¿Su última iniciativa? Deshacerse del negocio de belleza para concentrase, de nuevo, en moda.

 

En esta competición, Richemont se mueve con una ventaja estructural, pero no automática. En el acumulado de nueve meses, de abril a diciembre de 2025, elevó ventas un 10% a tipo constante, hasta 17.018 millones de euros, y cerró a 31 diciembre de 2025 con una caja neta de 7.600 millones de euros. Son cifras que hablan de solidez, pero sobre las que también sobrevuela la pregunta sobre cuánto crecimiento puede seguir extrayendo de su columna vertebral joyera en un mercado que apunta a un 2026 de crecimiento moderado.

 

Esas previsiones sitúan el mercado de bienes personales de lujo con un descenso en torno a 2% en 2025, hasta 358.000 millones de euros, y con una posible vuelta al crecimiento de entre el 3% y el 5% en 2026. No es un escenario catastrofista, pero sí de selección. Y cuando el lujo vuelve a ser selección aparece la interrogación que flota detrás de los números. ¿Es Richemont el hólding de lujo más resiliente?

 

Hoy la joyería empuja, América y Japón responden, Asia mejora sin euforia, el retail sostiene y el negocio directo conserva un peso elevado. La ventaja de joyería es evidente; el desafío es construir un segundo motor sin diluir lo que hace distinto al grupo. En ese debate, movimientos como el futuro de Alaïa pesan más de lo que sugieren sus cifras.