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‘Sourcing’: cómo la pandemia y la sostenibilidad han puesto al aprovisionamiento en el centro

El aprovisionamiento es uno de los puntos clave en la toma de decisiones en el negocio de la moda y uno de sus pilares estratégicos. El estallido de la pandemia ha sacado a la luz todos los fallos del sourcing, que tiene que virar hacia la flexibilidad, sostenibilidad y digitalización.

Carmen Juárez

28 mar 2022 - 05:00

‘Sourcing’: cómo la pandemia y la sostenibilidad han puesto al aprovisionamiento en el centro

 

 

Redefinir el sourcing tras la pandemia se ha convertido en unos de los principales retos de la industria de la moda ante la urgencia de la sostenibilidad y la necesidad de diversificar riesgos y tejer relaciones más sólidas con los proveedores. En este nuevo Insight, patrocinado por Lectra, Modaes.es repasa las claves de la cadena de aprovisionamiento de la moda a escala global y aborda la situación de los principales hubs de producción del sector y las materias primas.

 

 

Es uno de los pilares estratégicos para el negocio de la moda, la primera fase de la cadena de valor y uno de los puntos clave en la toma de decisiones del sector, pero hasta hace poco, el sourcing había estado relegado a una segunda posición. Sin embargo, con el estallido de la pandemia, que ha puesto de relieve todas sus deficiencias, y los efectos cada vez más acuciantes del cambio climático, la moda ha vuelto a poner al sourcing en el centro.

 

“A medida que el comercio mundial se recupera de la pandemia, el abastecimiento en el sector de la moda se enfrenta a una tormenta de desafíos, como la volatilidad de la demanda, los atascos logísticos o el incremento de precios y, como nunca hasta ahora, el sourcing ocupa un lugar destacado en las agendas de los ejecutivos del sector”, señala Mckinsey en su informe Revamping fashion sourcing: Speed and flexibility to the fore.

 

Crear mejores sinergias con sus proveedores, incentivar la sostenibilidad, ganar flexibilidad y, sobre todo, la relocalización para una cadena desperdigada por todo el planeta, son algunos de los desafíos en el aprovisionamiento de la industria de la moda tras la pandemia.

Desde que se externalizó masivamente el aprovisionamiento a países asiáticos, especialmente a China, a partir de 2004 con el fin del Acuerdo Multifibras, que dio pie a la desaparición de las cuotas en el comercio internacional de artículos textiles, el aprovisionamiento se centró en el precio. A más barato, más volumen, y viceversa.

 

 

 

 

Y, cuando producir en China ya resultaba caro, los principales operadores de la industria de la moda derivaron su aprovisionamiento a opciones como Bangladesh, Vietnam, India o Pakistán para productos básicos, sencillos y baratos. Las prendas más elaboradas, por su parte, continuaron en Europa, Turquía y el norte de África.

 

Quince años después de la gran desbandada, el estallido de la crisis del coronavirus ha sacudido al sourcing de la moda y ha hecho emerger todos los fallos de la cadena. Con un aprovisionamiento centrado casi en su totalidad en Asia, sólo aquellos que se aprovisionaban en cercanía y con lead times más cortos, pudieron reaccionar. “Se requiere un cambio fundamental hacia un modelo de abastecimiento que sea flexible, rápido, sostenible, más digital y centrado en el consumidor”, añade McKinsey.

 

Con el cierre primero de las fábricas en Asia y el confinamiento después en Europa en 2020, los operadores de la industria de la moda se enfocaron en tres aspectos: “minimizar la acumulación de stock, garantizar la novedad en el surtido y asegurar el suministro futuro, todo ello mientras había una crisis financiera y humanitaria”, explica Gabriel Farias, experto en aprovisionamiento.

 

Además, con el estallido de la pandemia, las grandes empresas de moda también se enfrentaron a dos retos: el primero, hacer frente a la pregunta de dónde proveerse (la cuenca mediterránea es incapaz de absorber toda la producción que se realiza en Asia) y el segundo, la cancelación de pedidos, “que fue explotación”, explica Robert Antoshak, experto con más de treinta años de trayectoria en el aprovisionamiento en la industria de la moda.

 

 

 

 

El fenómeno ha ocasionado que el sector de la moda empiece a hablar de la necesidad de tener socios y no sólo proveedores. “Conviene ser socio de tu propia cadena de suministro”, sentencia May López, profesora de EAE Business School.

 

“Es la manera de salvarte las espaldas-asegura-; esa relación de casi enemigos va a pasar a ser de colaboración, los proveedores tienen que ser aliados y, si no llevan a cabo tus compromisos, no hay nada que hacer”.

 

“Una cadena de suministro debe ser sólo eso, una cadena, y sin una estrecha coordinación y cooperación entre compradores y vendedores, las operaciones en las cadenas de suministro fracasarán”, añade Antoshak.

 

McKinsey también apunta como una de las prioridades de la industria de la moda el forjar alianzas con los proveedores. “Las empresas han empezado a colaborar estratégicamente con proveedores confiables, especialmente aquellos que invierten en digitalización y capacitación, y son más rápidos y flexibles respecto a los ciclos de producción y el tamaño de los pedidos”, explica la consultora.

 

Esa flexibilidad de la que hablan los expertos también ha puesto en relieve otro de los temas que se llevaba años hablando en la industria de la moda y que la pandemia a acuciado: la relocalización del aprovisionamiento en cercanía.

 

 

 

 

Algunos datos avalan esta tendencia. En España, las importaciones turcas de moda coparon el 10,6% del total en 2021, según datos de Icex España Exportación e Inversiones. En 2016, las compras de moda a Turquía suponían el 7,5% del total. Las importaciones italianas de moda, por su parte, han pasado de copar el 5,4% al 6,1% en un año.

 

Sin embargo, algunos expertos se mantienen recelosos sobre la relocalización. “Es posible planteársela, pero es poco factible por dos razones: las condiciones para tener fábricas en Europa son muy restrictivas y se tendrían que cambiar algunas leyes”, explica Miquel Serracanta, profesor de EAE Business School y fundador de la consultora Solutions&Decisions.

 

Otras de las razones que esgrime el experto es que “la fábrica del mundo es China, que aplica el modelo 996 (de 9 a 9 durante seis días en semana), Europa no puede competir con eso, cada trabajador en China son dos de aquí”. “La única manera es que el consumidor estuviera dispuesto a pagar más por el producto”, sostiene Serracanta.

 

Ese problema también es una derivada de otro de los desafíos a los que se enfrenta la industria: integrar la sostenibilidad en la cadena de valor, que también exige una producción en cercanía para limitar la huella de carbono y evitar mayores desperdicios. Como consecuencia de esta tendencia, ha habido un auge en la investigación y el reciclaje de materiales más sostenibles para la industria de la moda.

 

 

 

 

“La sostenibilidad tiene cada vez mayor protagonismo”, asegura López. La experta sostiene que el camino hacia una industria de la moda más sostenible irá impulsado por la legislación, que hace que “las empresas tengan que adaptarse, tanto ellas como sus proveedores, a la velocidad de la luz”.

 

En los principales hubs de aprovisionamiento del sector ya se han tomado medidas en cuestión de sostenibilidad. Bangladesh, por ejemplo, se ha aliado con la Global Fashion Agenda para avanzar en economía circular, y prepara además una normativa para el control de los productos químicos en la industria textil y de la confección en el país.

 

El incremento de precios de las materias primas es otro de los desafíos a los que se enfrenta la industria de la moda en su aprovisionamiento. “El fin de la era de la deflación de los costes de abastecimiento nunca ha sido más claro”, añade la consultora.

 

Simplificación del surtido, centrarse en la eficiencia en el diseño y el desarrollo de productos, combinar el sourcing en diferentes geografías o forjar asociaciones, mejorar el abastecimiento con digitalización son algunas de las soluciones que propone McKinsey.