Entorno

Menos libre, pero más verde: los planes para hacer ‘verde’ el comercio mundial

Una economía verde requiere un comercio verde, pero las estrategias para llegar a ello son varias: mientras organizaciones como el Banco Mundial o la OMC abogan por una mayor interconectividad, la UE apuesta por levantar un muro verde.

M. Tamayo

16 feb 2022 - 04:44

Muro verde de ladrillo

 

 

La economía verde no se alcanzará sin un comercio sostenible. Así lo apunta el Banco Mundial en su último informe sobre comercio y sostenibilidad, que da un tirón de orejas al sector privado afirmando que “gran parte del sector privado subestima el grado de los riesgos climáticos”. Desde las instituciones, algunos reguladores están optando por crear más controles externos e internos para asegurar una producción limpia, mientras que otras instituciones abogan por eliminar las barreras no arancelarias.

 

El informe apunta que estos ajustes reducen las pérdidas globales por el cambio climático en un 43%. La entidad rompe una lanza por el comercio y alega que el intercambio de bienes no es malo para la sostenibilidad, ya que desplaza la producción a áreas con técnicas más limpias, proporciona bienes y servicios que son necesarios para la transición climática y proporciona productos vitales para la recuperación tras fenómenos temporales extremos. La organización clama también contra las barreras no arancelarias que limitan el acceso a productos claves y crean cuellos de botella en los puertos.

 

Sin embargo, una propuesta divisoria va ganando peso en las políticas medioambientales: se trata del Mecanismo de Ajuste de Carbono en la Frontera (Cbam, por sus siglas en inglés). La Unión Europea es uno de los territorios con una legislación más avanzada en la imposición de una barrera verde, una herramienta que busca evitar la “fuga de carbono”, es decir, que las industrias se deslocalicen a países con una legislación más laxa al respecto, y que los productores de dentro y fuera de la unión jueguen con las mismas reglas medioambientales. En principio, la Comisión Europea prevé que la medida afecte de forma directa a las industrias de fertilizantes, aluminio, hierro y acero, cemento y electricidad, y que se vaya extendiendo a otras ramas.  

 

 

 

 

Aquellos países que más comercio realicen con la Unión Europea y más ineficientes sean en el campo medioambiental serán los más afectados por la medida. Según un informe realizado por el Institute for Advanced Susteinability Studies (Iass), Marruecos sería uno de los más impactados por la nueva política, junto a Bosnia y Mozambique. Aunque la debilidad puede convertirse en una ventaja, ya que la UE puede aportar soporte, tanto técnico como financiero, para que sus socios comerciales se adapten.

 

Hasta ahora, Europa mantiene un mercado de permisos de emisión (ETS) en el que las industrias locales adquieren derechos de emisión a cierto precio abierto. Una política que busca asegurar que el valor final de los bienes en el mercado incorpore el coste de emitir dióxido de carbono (CO2). La nueva política de Cbam quiere que las importaciones no se queden fuera de la fiscalidad sostenible y que compitan en mayor igualdad con las empresas nacionales.

 

El pasado enero, el Parlamento Europeo propone además que todos los ingresos se reciclen para impulsar la descarbonización industrial de los países menos desarrollados y eliminar la opción de reconocer precios implícitos en el CO2, tal y como recoge la propuesta estadounidense.

 

Según recoge un informe realizado por Esade, la negociación entre los distintos órganos de la UE va a ser larga y la medida todavía cuenta con algunos puntos ciegos: la forma de calcular las emisiones por defecto, que supone un prejuicio para los productores europeos más contaminantes y una ventaja para los internacionales; siguen abiertas vías para maquillar las emisiones de importaciones con certificados, y es posible cambiar las importaciones de productos básicos por terminados para evitar el Cbam.

 

 

 

 

Además de las negociaciones internas, la medida puede encontrarse con resistencia exterior, ya que puede ser una violación de los principios del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (Gatt) recogidos por la Organización Mundial del Comercio (OMC). En concreto, el Cbam puede violar la regla de no discriminación de la organización que dirige Ngozi Okonjo-Iweala, que exige que cualquier ventaja concedida a los productos importados de un miembro de la OMC se conceda inmediata e incondicionalmente a los productos similares originarios de todos los demás miembros de la OMC.

 

Además, al aplicar una tasa a los productos importados que podría ser superior a los máximos de la UE y la Cbam podría ser incompatible con la “norma de trato nacional” de la OMC, que exige que los productos importados reciban un trato “no menos favorables” que el otorgado a los productos similares nacionales, según apunta World Economic Forum (WEF). Sin embargo, el fórum lanza la pregunta de si los incumplimientos pueden ser excusados por unas de las excepciones generales de la organización que priorizan la salud y el medioambiente.

 

“Existen excepciones para las medidas necesarias para proteger la salud humana y las relacionadas con la conservación de los recursos naturales agotables”, aseguran desde la asociación, aunque aclaran que “es poco probable que la UE pueda demostrar que la Cbam es necesaria para proteger la salud humana ya que existe una alternativa razonable: la tasa al carbono”. La entidad apunta que esta alternativa sería menos restrictiva para el comercio y alcanzaría los objetivos.