Back Stage

Revista Modaes número 55

Juana Martín: “No empecé diseñando, sino recogiendo alfileres”

Reconocida esta semana con el Premio Nacional de Diseño de Moda, la creadora cordobesa repasa su trayectoria, analiza los retos del sector en España y defiende su papel como única española en el calendario oficial de París.

Juana Martín: “No empecé diseñando, sino recogiendo alfileres”
Juana Martín: “No empecé diseñando, sino recogiendo alfileres”

Triana Alonso

Juana Martín no está en la alta costura para ser decorativa. Reconocida esta semana con el Premio Nacional de Diseño de Moda, está para para ocupar un espacio que durante décadas se le negó a mujeres como ella: andaluzas, gitanas, sin padrinos ni mecenazgos, aunque tenga que incomodar. Desde que en 2022 entró oficialmente en el calendario de la Haute Couture de París, la diseñadora ha presentado ininterrumpidamente sus colecciones en el epicentro simbólico de la moda global. Lo ha hecho a pulmón, sin inversiones externas ni subvenciones institucionales, pero con una convicción inquebrantable: que su historia, su cultura y su estética tienen el mismo valor que cualquier otra.

 

Revista Modaes número 55

Accede a todos los contenidos

 

 

Primera mujer gitana en llegar a Cibeles y primera española aceptada en el calendario oficial de la Alta Costura de París, la cordobesa Juana Martín ha convertido su marca en un manifiesto cultural. Desde que fundó su firma en 1999, la diseñadora ha llevado su estética andaluza al mundo. Tras más de una década desfilando en Madrid, dio el salto a París en 2018 y, desde 2022, presenta ininterrumpidamente sus colecciones en la Haute Couture Week. Martín defiende una costura racial, sin artificios ni mecenazgos, construida a pulmón y con vocación de legado.

 

“España tiene cultura, gastronomía, monumentos… y moda. Pero la moda, aquí, no tiene cabida ni en cultura, ni en turismo, ni en industria”, comenta sobre las dificultades del sector a la hora de encontrar su propio sitio. “Lo que hacemos no se respeta y cuando pides ayuda, te dan migajas que no sirven para nada en alta costura, parece que estás pidiendo limosna”, lamenta la diseñadora subrayando los retos para abrirse camino y crear un negocio estable.

 

Juana Martín lleva 26 años construyendo una marca que es, antes que nada, un relato. Una construcción de resistencia, de pertenencia y de autenticidad. Comenzó su carrera en 1999 con un taller en su ciudad natal y, en 2005, se convirtió en la primera mujer andaluza y gitana en desfilar en la pasarela Cibeles. “Yo no empecé diseñando, sino recogiendo alfileres en un taller, ayudando a barrer, a lo que fuera… Me daba igual, quería aprender”, rememora sobre sus primeros pasos.

 

Su entrada en la Alta Costura fue mucho más que un logro personal. Fue un hito colectivo. “Ser la única diseñadora española, mujer y gitana, en el calendario oficial fastidia un poco”, admite. “Porque no soy el perfil que para muchos tenía que estar ahí -reconoce-; antes, los volantes eran casi un insulto, pero ahora todo el mundo hace volantes, lunares y se pone un sombrero cordobés”. No obstante, para la cordobesa, la diferencia es clara: “No vendo una tendencia, sino quién soy”.

 

 

 

 

Más allá de las formas, lo que define a Juana Martín es su capacidad para emocionar. Sus desfiles, impregnados de fe, memoria y duelo, han conmovido a públicos que no comparten su lengua ni su tradición. “En Francia, cuando en un desfile cantan una saeta, salen emocionados, llorando, aunque no entiendan la letra porque entienden la fe, el sentimiento”, explica. Su última colección en la pasarela, de hecho, se inspiró en la tradición de la Semana Santa andaluza.

 

Con el mercado asiático, le ocurrió algo inesperado: una mujer japonesa se le acercó tras un evento para decirle que se sentía identificada con su trabajo. “Me dijo: tú eres flamenca, pero yo también, que estoy casada con un jerezano y compartimos muchas referencias”, recuerda. La diseñadora asegura que en países como Japón o China comprenden mejor la profundidad de su universo que muchos medios españoles. “Entienden nuestras tradiciones mejor que nosotros mismos porque valoran el alma”, destaca.

 

A pesar de los reconocimientos internacionales, Martín denuncia el abandono estructural que sufre la moda en España. “Nos tratan como si fuéramos diseñadores de segunda, tengo que explicar cada día quién soy, qué he hecho, por qué estoy en París”, explica admitiendo su hartazgo.

 

 

 

 

El sueño de París

“Muchos desfilan una vez en París y no vuelven -admite-; esto no es sólo desfilar, es inversión, exigencia, sacrificio… Yo no tengo olivares en Jaén, sino que vivo de mi trabajo, de mis clientas en Miami, Arabia Saudí o China”. Martín es consciente de que el ritmo al más alto nivel no se detiene:  “Cada temporada es una montaña rusa: trabajo, lloro y vuelvo a empezar”.

 

El legado es otra de sus obsesiones. “La moda no es sólo diseño, es oficio, artesanía y eso se está perdiendo”, comenta. En su taller, recibe estudiantes en prácticas que, en tres meses, aprenden más que en tres años de formación reglada. “Hoy en día, nadie quiere coser, ni aprender a picar una solapa, pero eso es lo que hace la diferencia”, opina la creativa.

 

Como docente y como empresaria, defiende la idea de que la evolución sólo es posible si se parte de una raíz sólida. “Si tienes raíces, puedes crecer todo lo que quieras porque las modas pasan, pero la identidad permanece”, defiende la creativa.

 

A pocos meses de la apertura de su primera tienda en Miami, Juana Martín no baja la marcha y aguarda el momento con los mismos nervios que el primer día. Sueña con un balcón desde el que poder seguir mostrando su universo. “Lo más bonito es cuando alguien de otro país te dice que ha entendido lo que haces, aunque no sepa tu idioma, ahí es cuando sabes que estás haciendo bien tu trabajo”, concluye.