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Galeries Lafayette: grandes almacenes familiares e icono internacional que reinventa Haussmann

Bajo la cúpula inaugurada en 1912, Galeries Lafayette Haussmann atrae hasta 37 millones de visitantes al año. Con 57 tiendas en Francia, ha pasado de ser referencia del comercio parisino a institución cultural y turística.

Galeries Lafayette: grandes almacenes familiares e icono internacional que reinventa Haussmann
Galeries Lafayette: grandes almacenes familiares e icono internacional que reinventa Haussmann

Triana Alonso

Presidido por la imponente cúpula acristalada de 43 metros que convirtió el comercio en espectáculo, Galeries Lafayette Haussmann aprendió pronto la lección decisiva para garantizar su futuro. El gran almacén no vende sólo producto, necesita proponer un universo y, especialmente, proyectar una ciudad de postal. En los grandes almacenes parisinos, a un paseo de la estación de Saint-Lazare y a escasos minutos de la Ópera Garnier, el primer gesto del visitante rara vez es mirar la etiqueta de una prenda. El cliente mira hacia arriba, en una escena que se repite a diario. Las escaleras mecánicas hacen las veces de mirador, los smartphones disparan fotografías desde las alturas y los idiomas se fusionan en el bullicio de curiosos, turistas y compradores. Galeries Lafayette es un spot turístico que asombra e interesa, tanto su interior como su terraza con vistas 360 grados al skyline de la ciudad. Y lo que en otro retailer sería un problema, se ha convertido en parte del modelo.

 

Haussmann funciona así como una institución urbana, mitad monumento y mitad comercio, y esa dualidad explica su ventaja y su fragilidad. Ventaja, porque concentra atención en una era de dispersión. Fragilidad, porque la atención no siempre se traduce en conversión. Sin embargo, esta situación es relativamente reciente. La compañía sitúa sus orígenes en 1893, cuando Théophile Bader y Alphonse Kahn abrieron una mercería de 70 metros cuadrados en la esquina de rue La Fayette y Chaussée d’Antin.

 

En pocos años, la ambición se hizo inmobiliaria. En 1896 compraron el edificio completo de rue La Fayette y, después, fueron tomando posiciones en boulevard Haussmann. La primera gran reforma la firmó Georges Chedanne y el salto definitivo llegó con la inauguración de octubre de 1912, cuando la tienda se presentó como bazar de lujo y elevó el acto de comprar a ocio urbano.

 

Esa identidad histórica explica por qué Haussmann funciona, todavía, como institución. Los icónicos grandes almacenes son una máquina de tráfico, de imagen y de caja. La propia empresa describe la tienda como uno de los grandes “must-see” turísticos de París. Y los números, aunque varían según el perímetro, dan idea del tamaño del fenómeno con 30 millones de visitantes al año en el complejo de Haussmann (repartido en varios edificios).

 

 

 

 

Galeries Lafayette frente a Printemps, Le Bon Marché y La Samaritaine

Durante más de un siglo, el gran almacén fue actor indispensable del comercio: el lugar donde se veía el producto, se aprendía a desearlo y, sobre todo, se accedía a él. Hoy esa autoridad se discute en otros escenarios, desde el canal directo de las marcas hasta nuevos espacios experienciales, y el icono internacional se ve obligado a hacer algo que suena paradójico: cambiar para seguir pareciendo el mismo.

 

En el mapa de los grandes almacenes parisinos, Galeries Lafayette llegaron “tarde” y, aun así, aprendieron a adelantarse. Le Bon Marché (propiedad de LVMH) se reivindica como gran almacén pionero desde 1852; Printemps nació en 1865; La Samaritaine fue fundado en 1870. Por su parte, Galeries Lafayette se instaló en la década siguiente y acabó imponiendo un estilo propio que tenía menos que ver con la burguesía de la Rive Gauche y más con el comercio “grands boulevards”.

 

Ante la competencia, la diferencia de Haussmann no fue sólo el qué vendía, sino el cómo se presentaba. La cúpula, construida en 1912 por el arquitecto Ferdinand Chanut con vidrieras de Jacques Gruber, fijó la idea de edificio como argumento. El concepto es aún hoy reformulado por grandes empresas de lujo y de la gran distribución que convierten sus flagships en espacios monumentales e icónicos para consolidar sus ventas, imagen y visibilidad.

 

Con un 60% de visitantes extranjeros, el tráfico del negocio se apoya especialmente en la compra internacional, destacando el peso de Asia y Oriente Medio. Más allá de otros actores físicos, la rivalidad se juega hoy también en el ecommerce que acorta la visita física y un París saturada de conceptos híbridos: flagships-museo, pop ups, cafés de marca o experiencias inmersivas. En esa guerra, Haussmann como postal juega a favor, pero no basta.

 

 

 

 

Los Houzé, la familia detrás del negocio 

A diferencia de otros gigantes del retail europeo que se apoyaron en capital externo, Galeries Lafayette sigue siendo, en esencia, un negocio de familia. La empresa subraya cinco generaciones y, en la cúspide, el apellido Houzé es el que hoy ordena el organigrama.

 

La genealogía arrancó en la saga Moulin. Ginette Moulin, nieta del cofundador Théophile Bader, fue durante décadas la matriarca del grupo y falleció en febrero de 2025. En esa estructura, Nicolas Houzé, nieto de Ginette Moulin, ha ocupado la primera línea ejecutiva de los grandes almacenes, mientras Philippe Houzé aparece como figura clave en el hólding familiar Motier. La propia empresa insiste en el legado de familia como vector de continuidad y control.

 

Si el siglo XX hizo del gran almacén un actor indispensable del comercio, el XXI le exige reformularse para seguir siendo destino. En Haussmann, esa reconversión empieza, de forma muy literal, en planta baja, dando prioridad a la oferta de belleza, perfumes, regalos, souvenirs y gastronomía como gancho rápido del flujo turístico, con la moda y el lujo funcionando más arriba como premio o como cita con los compradores más connaisseurs.

 

La escena, en días de bonanza del lujo, se repetía a diario. Autocares de turistas, en particular asiáticos, descargando cerca de Ópera y boulevard Haussmann para entrar directos al templo del tax free. Ese flujo de clientes de marroquinería de lujo ha supuesto, durante años antes de la crisis del sector premium, un peso elevado en el ecosistema comercial de la zona. Pero la dependencia del turismo, sin embargo, también dejó vulnerabilidades cuando el tráfico internacional se cortó durante la pandemia y tardó varios años en reestablecerse, especialmente en lo que refiere a los compradores nipones.

 

 

galeries lafayette interior 1200

 

 

Reforma, arquitectura y cultura: cuando la tienda opera como museo

Hoy, el reposicionamiento se apoya en dos palancas: experiencia y reordenación de espacios. Guillaume Houzé, director general de Galeries Lafayette Haussmann, explica que el grupo llevaba años trabajando en elevar experiencia de cliente al nivel de las grandes casas de lujo, y trabaja en una nueva organización de la planta baja y un plan de renovación de pisos clave para acoger más marcas y ampliar superficie de firmas ya presentes.

 

Asimismo, la idea de tienda como institución cultural se formalizó con la creación de Galerie des Galeries en 2001, un espacio de exposiciones de entrada gratuita dedicado al cruce entre arte, moda y diseño. Y en 2008, la compañía creó un departamento de patrimonio para conservar archivos y valorizar herencia arquitectónica, una capa más en el giro hacia cultura como parte del producto.

 

La red doméstica continúa siendo la columna vertebral del negocio. Según Le Monde, el grupo contaba con 57 tiendas Galeries Lafayette (además de otros activos del hólding). En el mercado galo 17 establecimientos se gestionan en propiedad y 31 lo hacen en afiliación, una fórmula que equilibra capilaridad con disciplina de inversión. El modelo protege caja y marca mientras se decide dónde tiene sentido sostener un gran almacén en una época mucho más compleja para este formato.

 

Fuera de Francia, el grupo ha construido una presencia selectiva, a menudo vía socios. Berlín fue primera gran incursión en 1996; después llegaron Dubai en 2009 y Casablanca, en 2011; Yakarta abrió en 2013, antes de la llegada a Pekín ese mismo año. En China, el grupo ha seguido creciendo con tiendas en Shanghái y Shenzhen. Y, como parte de su estrategia internacional, la empresa ha señalado también proyectos en India a través de acuerdos locales.

 

En París, Haussmann, sin embargo, juega otra liga. Su condición de icono internacional, sostenida por tráfico turístico y por el valor simbólico de su arquitectura, lo convierte en laboratorio obligado a reimaginar futuro del gran almacén. Ya no basta con reunir producto; el producto está en todas partes. Lo que se disputa es el contexto y la experiencia. La cultura y la historia dejan de ser un elemento accesorio para desmarcarse como una forma de seguir siendo central cuando el comercio, por sí solo, ha dejado de garantizarlo. El lujo ya no necesita tanto al gran almacén y los clientes tampoco. Quien necesita Galeries Lafayette, en realidad, es la ciudad, con un espacio icónico convertido en rutina, escenario e industria turística.