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La nueva industria europea: hasta 2.200 millones de beneficio si se alcanza la circularidad

McKinsey estima que si se desarrolla la infraestructura necesaria se podrían reciclar entre el 18% y el 26% de los residuos textiles brutos en 2030. El impacto holístico de esta nueva industria podría llegar a 4.500 millones de euros.

 

La nueva industria europea: hasta 2.200 millones de beneficio si se alcanza la circularidad

Iria P. Gestal

13 jul 2022 - 05:00

Europa sienta las bases para una nueva etapa industrial basada en la gestión de los residuos. La construcción de una nueva cadena de valor para la recogida, clasificación y reciclaje de desechos textiles posconsumo podría convertirse en una nueva industria en sí misma con un beneficio de entre 1.500 millones de euros y 2.200 millones de euros, según un informe de McKinsey.

 

“Esta nueva cadena de valor podría crear una nueva materia prima valiosa que permita más producción de ropa en Europa, lo que podría motivar una creación de valor adicional, por encima de lo estimado en el informe”, matiza la consultora.

 

La Unión Europea y Suiza producen anualmente entre 7 y 7,5 millones de toneladas de residuos Actualmente, entre el 30% y el 35% se recoge y la mayoría se destina a la exportación fuera de Europa. De superarse estas barreras, la consultora considera que el reciclaje podría alcanzar entre el 18% y el 26% de los residuos textiles brutos en 2030.  

 

 

 

 

Como ya anticipó Euratex en una presentación en Heimtextil a principios de mes, construir esta nueva cadena de valor supondría una inversión de entre 6.000 millones de dólares y 7.000 millones de dólares en 2030, incluyendo la infraestructura de recolección, clasificación y reciclaje.

 

Además del beneficio económico directo, McKinsey estima que la construcción de toda esta nueva infraestructura crearía alrededor de 15.000 nuevos puestos de trabajo y reduciría las emisiones de dióxido de carbono en alrededor de cuatro millones de toneladas, el equivalente a las emisiones de un país como Islandia.

 

Teniendo esto en cuenta, el impacto holístico de la creación de una industria circular podría ascender a entre 3.500 millones de euros y 4.500 millones de euros en 2030, con un retorno sobre la inversión de entre el 55% y el 70%.

 

 

El problema

 

Europa y Suiza generan entre 7 millones y 7,5 millones de toneladas de residuos textiles al año, lo que equivale a unos quince kilos por persona. La mayor fuente de esos residuos (un 85%) es la ropa y textil hogar que desechan los consumidores.

 

Uno de los principales desafíos es que el desecho está altamente fragmentado: “aunque el 85% procede de una única fuente, los consumidores como categoría están fragmentados”, apunta McKinsey.

 

Además, aunque las marcas y los retailers representan un pequeño porcentaje del volumen total, la cadena de valor está también fragmentada y es “parcialmente poco transparente”, dice la consultora, lo que dificulta la recogida de residuos.

 

Actualmente, sólo se recoge en torno a una tercera parte de los residuos posconsumo y, de ellos, un 40%, se exporta directamente al mercado secundario a países de fuera de Europa. El resto se clasifica para identificar qué puede ser revendido en Europa u otros países desarrollados. El residuo disponible para su reciclado apenas llega a las 700.000 toneladas

 

McKinsey espera que, para 2030, Europa genere unos nueve millones de toneladas de residuos, de los cuales 7,3 millones de toneladas procederán de residuos posconsumo. Con la creación de una industria circular a escala en Europa podría incrementarse la tasa de recogida, del 35% al 50%, y reducirse la de residuos que son exportados del 40% al 10%. En consecuencia, el volumen de residuos reciclables podría llegar hasta 2,2 millones de toneladas 2030 y a 3,2 millones en el mejor escenario.

 

 

 

 

La solución

 

El primer paso para lograrlo es escalar los sistemas de recogida y clasificación. Actualmente, los cinco mayores sorters pueden gestionar entre 80.000 y 100.000 toneladas de textil, el 25% del mercado. Los pequeños operadores (hasta 25.000 toneladas) copan casi la mitad del mercado.

 

“A menudo, estas pequeñas empresas logran clasificar los residuos con poca precisión y alta inconsistencia”, alerta McKinsey, que subraya también que en la mayoría de los casos esta clasificación continúa siendo manual.

 

“Si se abraza verdaderamente el desafío del reciclaje textil, se respalda esa ambición con inversión y se asumen riesgos, la industria podría desarrollar una cadena de valor circular y rentable”, sostiene la consultora.

 

Para lograrlo, sería necesaria una inversión de hasta 7.000 millones de euros, con un retorno de entre el 25% y el 35%. Esta inversión se reparte entre todas las fases de la cadena de valor.

 

 

 

 

En concreto, serían necesarios unos 500 millones de euros para sumar 1.800 nuevas plantas de recogida; otros 800 millones para crear 2.000 centros de clasificación para la reutilización, y entre 1.200 millones y 1.500 millones para levantar 2.100 plantas de clasificación para el reciclado.

 

La mayor inversión llega en la última fase del proceso: entre 3.500 millones y 4.000 millones de euros para crear 2.200 centros de reciclaje textil. La inversión varía notablemente según el tipo de reciclado (químico, mecánico, termomecánico o termoquímico) y oscila entre 280 euros y 4.000 euros por tonelada reciclada.

 

Sin embargo, McKinsey apunta que las tecnologías más baratas (como las open loop, es decir, las fibras recicladas que se destinan a otros fines secundarios que no son la producción de ropa) son también las de menos valor añadido, mientras que las más caras producen fibras de más calidad que también generan mayor retorno.

 

A favor de esta transformación juega también el aumento de la demanda por fibras recicladas. La mitad de los ejecutivos de marcas europeas entrevistados por McKinsey aseguran que más del 30% de sus productos deben venir de fibras recicladas en 2025, lo que supone que habrá un déficit de oferta de entre el 60% y el 70%.

 

¿Y si se logra, será más caro? McKinsey cifra entre un 3% y un 5% el peso del coste de la fibra en el precio de venta de un producto, por lo que un incremento del coste del 25% se trasladaría a una subida de precios del 3% (si el retailer o el fabricante no asumen el coste).