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Hong Kong: una ‘joya’ para la moda, de nuevo en jaque

La región administrativa especial es clave para grandes compañías del sector, que capitalizan el turismo chino y de toda Asia y el elevado poder adquisitivo de sus residentes.

Iria P. Gestal

22 jul 2019 - 04:47

Hong Kong: una ‘mina’ para la moda, de nuevo en jaque

 

 

Hong Kong parpadea de nuevo. La región administrativa especial que fue, primero, una bisagra del mundo con China y, después, una meca del retail de moda por derecho propio, ha vuelto a hacer contener la respiración a los gigantes del sector tras más de un mes de protestas por la represión impuesta por el Gobierno de Pekín. ¿Por qué tiene la moda puestos sus ojos en esta región? ¿Qué puede suponer la escalada de protestas para los grupos del sector?

 

Hace veintidós años que sonó por última vez el God save the Queen en la antigua colonia británica. Entonces, el Gobierno chino se comprometió a un modelo de one country, two systems que permitió que Hong Kong desarrollara una economía de mercado y liberal, aunque siempre bajo el control de Pekín, y se convirtiera en un polo financiero y comercial a escala global.

 

Por su categoría de puerto franco, el dominio del inglés (que continúa siendo idioma cooficial) y esta apertura económica, la moda se fijó primero en Hong Kong como un nudo de conexión con la China continental mientras esta se erigía como la fábrica del mundo.

 

 

 

 

Después, con el desarrollo de los grandes complejos comerciales y el impulso del turismo tanto local como internacional, los titanes comenzaron a tomar posiciones en los principales ejes comerciales del país.

 

Los grupos de lujo y, en particular, los de joyería y relojería, muy vinculados al turismo, se refugiaron en Hong Kong durante la crisis en Occidente y continúan teniendo en la región uno de sus principales mercados en todo el mundo. Su principal área comercial, Causeway Bay, lleva años compitiendo con la Quinta Avenida por la primera posición entre las calles más caras del mundo para abrir un local comercial.

 

Pero la tensión, latente y constante, con Pekín, supone un riesgo permanente para las empresas que operan en la ciudad. Hace ahora ya más de un mes, esa tensión estalló de nuevo.

 

 

 

 

Lo que comenzó como un movimiento contra una ley que permitía extraditar sospechosos a China se ha convertido en una vía para aglutinar propuestas contra el Gobierno de Xi, que van desde la demanda de una mayor democracia a la crítica al impacto de los turistas chinos. 

 

Hace una semana, por ejemplo, el barrio de Sha Tin, situado cerca de la frontera, salió a la calle para quejarse de que el comercio paralelo con China ha llenado el área de perfumerías, joyerías y farmacias y ha incrementado los precios.

 

La represión de las protestas ha tomado un cariz cada vez más violento, lo que está teniendo ya un impacto en el turismo. Alrededor de 350.000 visitantes chinos han cancelado sus visitas al país, según datos de Hsbc recogidos por South China Morning Post, el diario de referencia en Hong Kong. También las reservas procedentes del resto de Asia se han reducido.

 

El impacto en las cuentas de los operadores de moda es ya tangible. En su presentación de resultados semestrales la semana pasada, Swatch reconoció que “las ventas en Hong Kong, un mercado relevante por ventas y con márgenes atractivos, sufrieron por la turbulencia política, lo que resultó en una caída de las ventas a doble dígito”.

 

 

 

 

Por su parte, el conglomerado suizo Richemont, especializado también en joyería y relojería, apuntó que “las ventas en Hong Kong retrocedieron, impactadas por la relativa fortaleza del dólar de Hong Kong y por las protestas en la calle”. 

 

Los operadores locales también lo están sufriendo: Chow Tai Fook, uno de los mayores grupos de joyería del mundo, anotó una caída de su facturación del 11% en el trimestre cerrado en junio, y Sa Sa, una cadena de cosmética omnipresente en Hong Kong, redujo un 15,3% sus ventas comparables en las dos regiones administrativas especiales.

 

El impacto de las revueltas no se limita sólo a la cuenta de resultados. Nike canceló la venta en China de su colección en colaboración con la firma Undercover después de que su diseñador, el japonés Jun Takahashi, publicara en su Instagram una fotografía apoyando a los manifestantes.

 

Hong Kong es resiliente y en los últimos años ha demostrado que es capaz de superar las crisis. Lo hizo tras la crisis financiera que sufrió un año antes del traspaso a China; lo hizo cuando los turistas chinos le dieron (en parte) la espalda para viajar en masa a Europa y lo hizo tras la Revolución de los Paraguas, una de las mayores vividas en la región. Mientras, a escala política, los avances han sido escasos, en Causeway Bay los neones han parpadeado pero siempre han terminado volviendo a brillar.