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Bangladesh, a por el próximo salto adelante: la nueva hoja de ruta de la niña bonita del ‘sourcing’

Cincuenta años después de la independencia, Bangladesh aspira ahora a dejar atrás su estatus de países menos desarrollados, según la ONU, y convertirse en una de las mayores economías del mundo en 2030.

Iria P. Gestal

11 ene 2022 - 04:42

Bangladesh, a por el próximo salto adelante: la nueva hoja de ruta de la niña bonita del ‘sourcing’

 

 

Para saber cómo ha cambiado el aprovisionamiento de moda en las últimas décadas, bastaría con haber pasado este tiempo en Daca. Bangladesh fue primero un país pobre que se convirtió rápido en un polo de producción por sus salarios bajos y una extensiva fuerza laboral; después, el desafortunado protagonista de todo lo que fallaba en el sistema, con el incendio en la fábrica Tazreen en 2012 y el colapso del Rana Plaza en 2013, y finalmente la punta de lanza de la transformación del sourcing en el Sudeste Asiático con ambiciosos proyectos como el Accord. Ahora, la niña bonita del aprovisionamiento encara su próxima etapa con la ambición de dejar atrás el estatus de país pobre y convertirse en una de las mayores economías del mundo en 2030.

 

La confección volverá a jugar un papel clave en esta nueva etapa de desarrollo. El sector aspira a pasar de ser una industria intensiva en mano de obra, barata y centrada en artículos básicos de algodón, a una moderna, diversificada, innovadora y digitalizada, manteniendo la apuesta por la sostenibilidad ética y medioambiental de los últimos años.

“El potencial de la industria es mucho mayor y debemos aspirar a llegar a lo más alto”, decía a finales de año Faruque Hassan, presidente de la Asociación de Fabricantes y Exportadores de Ropa de Bangladesh (Bgmea), en un artículo en el diario local The Financial Express.

 

Desde que se independizó de Pakistán hace ahora medio siglo, Bangladesh ha sido uno de los grandes milagros económicos del Sudeste Asiático apoyado en su boyante industria de la confección, que pronto le granjeó la segunda posición en las exportaciones mundiales de ropa, después de China. En su último informe de previsiones, el Fondo Monetario Internacional (FMI) calificó su crecimiento y desarrollo social desde 1971 como “impresionante”.

 

Buena parte se lo debe a la industria de la confección, que hoy aporta el 11% del Producto Interior Bruto (PIB) del país, genera el 81% de sus exportaciones, emplea a más de cuatro millones de personas y capta unos 20.000 millones de dólares de inversión.

 

 

Este rápido desarrollo le ha permitido superar incluso a la vecina India en indicadores como el Producto Interior Bruto (PIB) per cápita: en 2007, la renta por persona en Bangladesh era la mitad que la de India; en 2014, era el 70%, y en 2020, el país superó al gigante vecino, aunque en términos de paridad continúa por debajo. El FMI anticipa que esta diferencia continuará aumentando en los próximos años y que, para 2026, el PIB per cápita de Bangladesh sea ya un 7,8% superior al de la India.

 

La comparativa con la vecina Pakistán refleja una evolución similar. En 1971, el PIB per cápita de Bangladesh era un tercio que el del país del que se independizó. En 2020, era dos tercios más alto, según el Banco Mundial. En términos absolutos, su PIB superó al de Pakistán por primera vez en 2019.

 

A diferencia de otros mercados emergentes, este rápido desarrollo se ha reflejado también en mejores condiciones socioeconómicas de la población, con notables avances en mortalidad infantil, educación primaria y esperanza de vida, que hoy supera a la de India o Pakistán.

Su recuperación tras el golpe del Covid-19 también ha sido más rápida que la de sus vecinos, pese a estar muy afectado por las sucesivas olas. La predicción del FMI apunta a un crecimiento del 6,6% en 2022 y del 7,1% en 2023, cuando buena parte de la población esté ya inmunizada contra el Covid-19.

 

Pero por delante le espera el más difícil todavía. Bangladesh aspira a dejar atrás su estatus de países menos desarrollados, según la clasificación de la ONU, convertirse en una de las 25 mayores economías del mundo en 2030 y ser una nación próspera y desarrollada en 2041.

Esta ambiciosa transformación se trasladará también a la industria de la confección, que fue un pilar en la primera etapa del desarrollo del sector y deberá ahora adaptarse para serlo también en la segunda.

 

 

Hassan apunta varios ejes que vehicularán esta nueva etapa para el sector de la confección, además de continuar con el trabajo de responsabilidad ética y medioambiental de los últimos años.

 

En primer lugar, el presidente alude a la voluntad de abrirse paso en el sector de la gama alta, especialmente con las fibras sintéticas. “El 75% del consumo total del textil a escala mundial es de materias primas diferentes al algodón, un sector en el que Bangladesh sólo tiene una cuota del 25%”, argumenta Hassan.

 

Actualmente, el 82% del negocio de la confección del país proviene de sólo cinco tipos de artículos, la mayoría de algodón: pantalones, camisetas, blusas, sudaderas e íntimo, por lo que hay oportunidades si logra introducirse en categorías pujantes como ropa deportiva, de vestir o prendas exteriores.

 

Otro de los ejes de la nueva etapa del sector es la transición hacia la industria 4.0. “Debemos esforzarnos en pasar de un modelo de negocio de mano de obra intensiva a uno de valor añadido a través de la innovación, la fabricación moderna, la diversificación, la actualización tecnológica, la mejora y la recapacitación de nuestra fuerza laboral”, subraya.

 

En este sentido, la formación laboral será otra de las claves de esta transformación, para lo que el Ministerio de Comercio ha desarrollado ya un Centro de Innovación y Eficiencia para las fábricas de confección.

 

 

 

 

Iniciativas en marcha

En el país hay ya varias iniciativas en marcha o a punto de salir adelante que ilustran ya esta nueva hoja de ruta para el sector. En agosto, meses después de que venciera el Accord on Fire and Building Safety firmado tras el Rana Plaza, las marcas, sindicatos y propietarios de fábricas locales firmaron el International Accord for Health and Safety in the Textile and Garment Industry, que conserva alguna de las calves del original y se compromete, además, a extender el acuerdo a al menos un país más además de Bangladesh.

 

La firma es un paso más en un proceso de transformación de la industria de la confección en el país que comenzó tras el Rana Plaza y con el que Bangladesh se ha convertido en un referente en transparencia y en mejora de las condiciones de los trabajadores del sector.

 

 

 

 

Lo próximo ahora podría ser una subida de precios, con la que el país dejaría atrás definitivamente su posición como polo solamente barato para ganar un nuevo estatus en el mapa global del sourcing. A principios de enero, la Asociación de Fabricantes y Exportadores de Ropa de Bangladesh (Bgmea) y la Asociación de Fabricantes y Exportadores de Prendas de Punto de Bangladesh (Bkmea) crearon un comité para establecer un precio estándar mínimo en el sector.

 

Según los impulsores, el objetivo es “garantizar los procesos éticos de fabricación” en el país asiático. La iniciativa también incluye un análisis del Standard Minute Value (SMV), que mide el tiempo específico en el que debe completarse cada trabajo. El objetivo general es trazar una imagen completa del coste de la fabricación de prendas de vestir en Bangladesh y justificar el precio mínimo.

 

Además, el Ministerio de Comercio del país está trabajando con la agencia alemana Gesellschaft fur Internationale Zusammenarbeit (GIZ) para la implementación de una directiva del uso de químicos en el textil y la confección del país.