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Pedro Aznar (Esade):“Es esperable que los aranceles causen un repunte de la inflación en EEUU”

El mundo contiene la respiración a la espera de los anuncios de Donald Trump aunque, en ocasiones, se quedan en eso: en declaración de intenciones. Europa se enroca con Groenlandia y China continúa en la carrera por la IA.  

Pedro Aznar (Esade):“Es esperable que los aranceles causen un repunte de la inflación en EEUU”
Pedro Aznar (Esade):“Es esperable que los aranceles causen un repunte de la inflación en EEUU”
Pedro Aznar es profesor responsable de Economía en la Facultad de Derecho de Esade.

Irene Juárez

La geopolítica mundial está cambiando a pasos agigantados, empujada por un hombre y su administración: Donald Trump. El magnate ya gestiona Venezuela, incluidas sus atractivas reservas de petróleo, y amenaza con anexionarse Groenlandia para beneficiarse también de sus recursos minerales. Parece que Trump marca el ritmo y a Europa, obligada a entenderse y a avanzar en bloque, le cuesta seguir el compás. China, por su parte, se erige como la única potencia capaz de disputarle al país norteamericano su hegemonía tecnológica mundial, con la Inteligencia Artificial en el centro de la ecuación. Así lo analiza el doctor Pedro Aznar, profesor titular del Departamento de Economía, Finanzas y Contabilidad en Esade.

 

 

P.: ¿Cree que Estados Unidos se está haciendo el Harakiri o está cambiando las reglas globales a su favor?

 

R.: Algunas de las decisiones que toma Estados Unidos, especialmente cuando amenaza con los aranceles, tienen un impacto negativo en la propia economía americana. Dicho esto, el presidente Donald Trump utiliza los aranceles como arma de negociación, como una política centrada en sus propios intereses. En determinados aspectos, esto puede ser beneficioso, ya que permite un mayor acceso a determinados mercados europeos. Por ejemplo, Europa ha acordado comprar más energía procedente de Estados Unidos. Pero también hay ciertos riesgos en la política de Trump, como un aumento de la deuda pública. Sin embargo, de momento, las proyecciones de crecimiento económico en Estados Unidos son mejores que las de Europa.

 

 

P: ¿La globalización de la economía mundial se terminó el 2 de abril? ¿Vamos a un mundo con barreras o la integración mundial es irreversible?

 

R.: Vamos hacia un mundo más polarizado y con más bloques. En los foros internacionales, Estados Unidos muestra una actitud diferente a la que había tenido en el pasado. Llega a alianzas estratégicas según le conviene; es un país mucho menos multilateral y mucho más bilateral. Y, por otra parte, mucho antes que Trump, con la administración de Joe Biden e incluso con la de Barack Obama, Estados Unidos ya mostraba una importante rivalidad con China. En general, el mundo se está fragmentando y no queda clara cuál será la posición de la Unión Europea. Está cambiando la forma de relacionarse a nivel internacional y los flujos económicos son muy diferentes. La globalización es muy diferente a la que vimos en los años 80 y 90.

 

 

 

 

P.: ¿Prevé que los aranceles lleven a la inflación en EEUU?

 

R.: Habrá que verlo. Porque los aranceles se han anunciado, pero solamente se convierten en realidad en cierta medida. No obstante, si antes Estados Unidos aplicaba a países europeos y a otros socios comerciales aranceles del 2% o del 3%, ahora aplica el 15%. Es un cambio sustancial, y afecta a las empresas europeas que quieren vender, pero que tienen menos margen. Aunque suben los precios, no todas pueden hacerlo en la misma medida, aunque todas lo hacen. Hay estudios de la primera etapa de Trump en el cargo que sostienen que aproximadamente dos terceras partes del aumento de los aranceles se trasladaba al precio final. Si esto es así, sería esperable que una de las consecuencias de la política arancelaria fuera un cierto repunte de la inflación en Estados Unidos.

 

 

P.: Otra de las políticas de Trump es el America First. ¿Va de aislacionismo, como se prometía, o de un nuevo colonialismo?

 

R.: La política de Trump no se opone a que Estados Unidos realice negocios con otros países. Lo que sí establece es que esas transacciones tienen que producirse en un entorno que ellos consideren beneficioso. Trump dice: no puede pasar que nosotros compremos cada vez más a China y no al revés, y que tengamos un déficit comercial creciente sin tener acceso a sus mercados. El America First permitía que empresas no americanas produjeran en Estados Unidos y tuvieran ciertos incentivos fiscales, siempre y cuando contrataran a trabajadores americanos. En el fondo, es otra manera de enfocar la globalización más centrada en unos intereses concretos.

 

 

P.: ¿Venezuela funcionará como país teledirigido o ha sido un error de Trump?

 

R.: Todo indica a que, al menos durante un periodo de tiempo, Venezuela va a funcionar como un país teledirigido. A la larga, sin embargo, se imponen dos cuestiones. La primera es que Venezuela tiene una de las reservas de petróleo más importantes del mundo. Y eso abre la posibilidad a Estados Unidos de conseguir petróleo barato, en un momento en que está produciendo mucha energía. Pero la contracción económica que ha experimentado Venezuela en tiempos de Maduro está al nivel de la que se observa en países con guerras civiles o conflictos militares con países terceros. Es decir, que la gestión económica por parte de Maduro ha sido nefasta. Y el problema, aquí, radica en que el petróleo tiene que refinarse y transportarse con una infraestructura determinante. Para eso hace falta una inversión muy relevante. Por eso hubo esa famosa reunión entre Trump y las empresas del petróleo, en que algunas de ellas no lo acababan de ver claro, porque la inversión es muy elevada. Así que, a medio plazo, Trump sí podrá acceder a un petróleo barato y garantizar las reservas, pero eso no va a ocurrir de manera inmediata.

 

 

 

 

P.: Y, en cuanto a Groenlandia, ¿logrará EEUU anexionarse el territorio? ¿Supondrá esto una ruptura con Europa?

 

R.: Es difícil abordar con claridad lo que puede ocurrir con Groenlandia. Porque, aunque Trump lo explicite de una forma tan clara, una invasión de Groenlandia no tendría precedentes. No estamos hablando del caso de Venezuela, donde ni se habían reconocido los resultados electorales. Groenlandia es un Estado democrático y los groenlandeses tendrían derecho a decidir sobre su futuro. Además, si Estados Unidos invadiera Groenlandia, ocurriría algo que no ha pasado antes en la historia: un país de la Otan invadiría a otro país de la Otan cuando hay un acuerdo de protección mutua. Y esto rompería todos los esquemas. Probablemente, se llegará a algún tipo de acuerdo por el que Europa refuerce la seguridad en el Ártico, y se le darán ciertas ventajas a Estados Unidos con respecto a Groenlandia, relativas al acceso de determinados minerales o recursos naturales en los que el país es rico. De lo contrario, si se llegara a una situación de confrontación total, los volúmenes de incertidumbre y volatilidad serían tan altos que podrían tener efecto en los mercados financieros, como en los tipos de interés o las cotizaciones de las bolsas. Por lo tanto, la anexión de Groenlandia es más un tema de retórica que una acción concreta. Y Europa, por su parte, también está intentando mantener una posición más fuerte que la que ha mantenido hasta ahora, mostrando que también existen las líneas rojas, como atentar contra la integridad territorial de un Estado miembro de la Unión Europea.  

 

 

P.: ¿Qué papel le queda hoy a Europa en el desarrollo de la economía mundial?

 

R.: Normalmente nos centramos en el PIB, si crece más o menos, y parece que un menor porcentaje de crecimiento sea un fracaso. Pero la realidad es que Europa, en general, tiene estándares de vida muy elevados, con mejores o peores sistemas de educación y sanidad dependiendo del país, pero con niveles de desigualdad inferiores a los de Estados Unidos. También es una sociedad más cohesionada, libre, democrática y plural que la china. A pesar de todo ello, los europeos estamos perdiendo peso en la esfera internacional y también en la economía global. A Europa le falta poder de liderazgo en aquellos sectores que son más emergentes. Los expertos creen que la irrupción de la Inteligencia Artificial (IA) tendrá un impacto en términos de empleo, de productividad, de nuevos modelos de negocio. Pero no hay ninguna gran empresa europea de IA. Los avances tecnológicos más relevantes en industrias disruptivas se están produciendo en Estados Unidos y China. Europa va a rebufo y eso implica que está perdiendo competitividad. Lo recogía muy claramente el informe Draghi, que afirmaba que tenemos una Europa con un exceso de regulación y de burocracia, lo que implica una menor innovación. Europa no está consiguiendo liderar en industrias estratégicas.

 

 

P.: A pesar de ello, se están dando pasos: el acuerdo con Mercosur, el tratado con India… ¿La geopolítica hoy va de eso o lo que necesitamos es un ejército más grande?

 

R.: Son dos cuestiones algo diferentes. En primer lugar, en una Europa de 27 Estados, a veces sus miembros tienen intereses diferentes, y por lo tanto cuesta mucho avanzar en bloque, y eso va en detrimento del crecimiento económico. El acuerdo en el Mercosur es un ejemplo. Pero hay momentos en que Europa se da cuenta de que lo tiene que hacer. India está exponiéndose a un crecimiento económico importante. Por lo tanto, cualquier acuerdo con India que permita un mayor acceso a los mercados de India va a ser positivo. Y un elemento diferente es la seguridad internacional; el ejército. Hasta ahora, Europa siempre había contado con el paraguas de la Otan para defender a sus Estados miembros. Y con la Otan me refiero, básicamente, a Estados Unidos. Pero ahora no está tan claro que un presidente como Trump se prive de enviar tropas a Europa si le hiciera falta. Y tenemos a Rusia que, a pesar de estar sufriendo las consecuencias económicas de las sanciones y de una guerra que se ha prolongado más de lo esperado, continúa siendo una amenaza para Europa. En este contexto, acelerado por Trump, Europa está tomando consciencia de la necesidad de ser responsable de su propia seguridad. Esto se pone de manifiesto a través del fuerte aumento, con excepción de algún país, del gasto destinado a la defensa por parte de muchos miembros de la Unión, como por ejemplo Francia.   

 

 

 

 

P.: ¿China y Estados Unidos están condenados a entenderse?

 

R.: Sí, en parte. China y Estados Unidos están condenados a ser rivales porque ambos se quieren disputar la hegemonía mundial y, sobre todo, en el campo de los avances tecnológicos. Es muy claro en el campo de la IA. Por lo tanto, no van a dejar de ser rivales. Pero, por otra parte, Estados Unidos se está dando cuenta de que en algunos países como África China tiene un rol estratégico que antes no tenía. Y que, además, necesita mantener determinadas relaciones comerciales con China. No puede cerrar todos sus mercados, por lo que son enemigos que están obligados a entenderse.

 

 

P.: Si fuera el CEO de una empresa de moda, un sector con una cadena de valor muy globalizada, ¿qué estrategias seguiría?

 

R.: En primer lugar, hoy en día, cuando las empresas deciden su estrategia futura, el análisis de los riesgos geopolíticos tiene un peso que hace diez o quince años no tenía. Y eso ha llegado para quedarse. Por otra parte, la estrategia de internacionalización es importante. Las empresas que venden a más mercados o a mercados más amplios se benefician de las economías de escala y afrontan costes menores. Dicho esto, el precio no puede ser el único elemento a tener en cuenta a la hora de plantearse una cadena de valor. A veces, hay que sacrificar algo de margen por seguridad en el suministro y la producción.