Back Stage

Manuel Heredia (Sods Estudio): “La administración debe ayudar al textil a ser más competitivo”

Exdirector general de comercio y consumo de la Xunta de Galicia, con experiencia en Inditex, advierte de los peligros del ultra fast fashion y propone un análisis de las cadenas de suministro para ganar protagonismo en Europa.

Manuel Heredia (Sods Estudio): “La administración debe ayudar al textil a ser más competitivo”
Manuel Heredia (Sods Estudio): “La administración debe ayudar al textil a ser más competitivo”

Irene Juárez

Manuel Heredia, con experiencia en Pull&Bear, PVH, Zara o Guess, dio el salto al sector público en 2020 como director general de comercio y consumo de la Xunta de Galicia. Desde abril de este año, Heredia ha vuelto al sector privado como fundador de Sods Estudio, compañía que asesora a marcas y fabricantes de la industria textil tanto en normativa, como en optimización de procesos. Tras más de dos décadas de trayectoria laboral en el sector del retail, Heredia pone en valor el retail europeo frente a opciones como el ultra low cost, y asegura que los estados miembros todavía pueden adquirir un peso mayor en la industria global. Si bien no compite con China en costes, “sí lo hace en calidad”, asegura.  

 

 

Pregunta: La moda española ha sido disruptiva en operaciones. ¿Continúa marcando la pauta?

 

Respuesta: A lo largo de todos estos años, las empresas textiles europeas han marcado la tendencia. Europa ha sido el faro en el que muchos otros países se han fijado para ver qué es lo que estaba encima de la mesa y cuáles eran las tendencias en el mundo textil. Hoy, todas esas empresas siguen llevando la batuta. Y España es uno de los actores principales, pionera con su know how. Lo hacemos muy bien. Siempre hemos sabido anticiparnos a lo que viene en cuanto a tendencias, coloridos, patronaje, etcétera. Y hay que tener en cuenta que tenemos una de las principales empresas del sector de la moda, a la vanguardia en todo el mundo.

 

 

P.: ¿Cómo debe ser hoy en día una cadena de suministro eficiente? ¿Cuáles son los puntos calientes a tener en cuenta?

 

R.: La cadena de suministro es importantísima, así como su flexibilidad. El sector de la moda es tan dinámico y cambia casi diariamente con toda la información que tienen los consumidores. El consumidor ha evolucionado mucho en los últimos diez años también por el ajuste en la cadena de suministro. Hace quince o veinte años, trabajábamos en cuatro colecciones. Hoy, eso es casi impensable e implica una cadena de suministro muy flexible. Todas las marcas españolas, europeas, incluso empresas norteamericanas, han adquirido ese modelo de trabajo. Porque el consumidor lo demanda. Independientemente de que hablemos de H&M, de Mango o de Inditex. El consumidor está acostumbrado y no va a renunciar a una oferta semanal o quincenal. En este punto, las empresas tienen que seguir preguntándose de qué manera van a ajustar su cadena de suministro para ofrecer todas estas colecciones. Y en este momento las pequeñas y medianas empresas están un poco más nerviosas. Porque la gran empresa tiene los medios, pero ellas tienen más problemas a la hora de reestructurar esa cadena de suministro.

 

 

P.: ¿Qué destacaría de los modelos operativos de dos de las empresas en las que ha trabajado, Inditex y Guess?

 

R.: Son empresas con modelos operativos totalmente distintos. Es cierto que Inditex siempre ha marcado la pauta, invirtiendo en optimizar su cadena de suministro y ser totalmente eficiente. Es el faro que muchas empresas textiles de menor tamaño utilizan como guía. Guess, precisamente por su tamaño, no sería comparable con Inditex. Los volúmenes con los que trabaja son totalmente distintos y, por lo tanto, la estrategia para optimizar cadena de suministro también. Primero, por la capacidad de negociación. Los medios son diferentes. Desde las pequeñas empresas se tiende a replicar el modelo de Inditex, aunque con una estrategia totalmente independiente a nivel de producto. Inditex es, en cuanto a nivel de eficiencia, una de las empresas que siempre se ha tenido en cuenta.

 

 

P.: ¿La prioridad es optimizar o flexibilizar?

 

R.: Son dos conceptos que van íntimamente ligados. Si quieres fabricar en Ubrique, sabes perfectamente que el coste va a variar mucho que si lo haces en Pakistán. Si quieres fabricar una cartera con piel de calidad para vender en España, puedes hacerlo aquí o en India, que también trabaja mucho la piel. Pero si queremos optimizar los márgenes, por desgracia, hay que alejarse de la ubicación del cliente final. Las grandes empresas, las internacionales, pueden fabricar donde venden. Y tienen suficiente optimización de costes y flexibilidad a la hora de entregar la mercancía en tiempo y forma. Pero en la gran mayoría de casos no es así. Optimizar las cadenas de suministro de las empresas puede reforzar su reputación y mejorar sus márgenes. Y, en segundo lugar, las compañías deben hacerlo por todo lo que está por venir de aquí a 2030 a nivel europeo. Porque quizá un pantalón de una marca determinada ha pasado por siete procesos en siete empresas distintas. A veces hay que reorganizar la cadena de suministro, siempre pensando en la mejora del producto, que debe ser el foco principal. Hoy en día tenemos un cliente muy informado. Pero también hay que saber defender el precio que le aplicamos al producto y que se relaciona con la cadena de suministro. Tenemos que alejar lo que realmente se puede alejar y acercar lo que debe producirse de forma cercana, teniendo también en cuenta la sostenibilidad. De poco vale decir que eres sostenible si lo fabricas todo en Antártida.  

 

 

P.: ¿Y hasta qué punto se puede diversificar la cadena sin perder el valor?

 

R.: Es un tema de equilibrios, pero es un reto. Hay competidores con estrategias de precios muy agresivas, así que no queda otra que defender los productos y su precio. Hay que hacerlo muy bien para que el cliente apueste por la sostenibilidad que defienden las marcas que fabrican en cercanía. El sector textil fabrica tradicionalmente en Asia, pero también hay mucha producción local. El secreto es encontrar el equilibrio y conseguir que el producto sea atractivo para el cliente final, defiender los valores de marca, su precio y su calidad. Además, hoy en día hay que tener cuidado con la exposición al mercado asiático. ¿Qué pasó cuando cerraron el canal de Suez? ¿Y con la pandemia? ¿O con las guerras? Los aspectos geopolíticos deben tenerse en cuenta.

 

 

 

 

P.: ¿Cuál va a ser el papel de China en el aprovisionamiento del sector de la moda en el futuro? ¿Y el de Europa?

 

R.: China hoy en día es un actor principal. Siempre lo ha sido, tanto por la fabricación de la materia prima como la del producto final. Tiene unas capacidades productivas muy elevadas en comparación con otros países y va a seguir dentro de la ecuación. China seguirá siendo una de las grandes fábricas del mundo, como lo está siendo hoy, los próximos diez o quince años. Otro tema es que esté alineada con los principios de la Unión Europea en materia textil. Debe haber una serie de acuerdos para encontrar el equilibrio. Si el mercado chino va a inundar el mercado europeo y mundial de productos low cost, los Estados miembro deben reaccionar. Hay que buscar un punto medio en las relaciones de un país con tanta capacidad productiva y Europa, que necesita esa materia prima para hacer sus productos aquí. Hay que proteger a las marcas que no pueden competir con el fast fashion que está llegando. Y, a pesar de que China es puntero en cuanto a materia prima, hay países emergentes que también están impulsándose con políticas propias, como puede ser Vietnam, Indonesia o el sudeste asiático. China será el actor principal, pero dependerá también de la reacción que tengan el resto de países. En Europa tenemos el conocimiento, la industria y la capacidad de competir, no a nivel de costes, pero sí a nivel de calidad. Si bien Europa no puede competir contra China, sí que debería empezar a tomar un papel más protagonista. Tenemos mucha experiencia en la industria textil, pero tenemos que hacer los deberes para evitar la llegada masiva del ultra fast fashion y acostumbrar al cliente a que no compre ultra low cost. Es una misión de concienciación también, que ya estamos viendo con el crecimiento de la moda de segunda mano.  

 

 

P.: ¿Qué supondrá para las empresas la aplicación obligatoria del pasaporte digital?

 

R.: Tiene que ser una ventaja competitiva. El cliente final lo tiene en el radar. Y hay que recordarle también lo que implica comprar ultra fast fashion en detrimento de lo que ofrecen las empresas europeas, con normativas europeas y con la sostenibilidad en su core business. A la industria de la moda le ha costado mucho llegar al punto en el que está en Europa. Mientras aquí trabajamos para cumplir todos estos estándares, a la vez llegan marcas que están muy lejos de ellos. ¿Cómo enfrentamos todo eso? Esa es la gran pregunta en el sector textil ahora mismo. Me consta y soy plenamente consciente de que se está haciendo muchísima presión en Europa para tratar de frenar todo esto que está viniendo.  

 

 

P.: ¿Cómo deben prepararse las empresas ante la normativa de ecodiseño, a falta de conocer los detalles de la misma?

 

R.: Como empresas pensamos: ¿quién se va a ocupar de todo esto? ¿Qué hago con mi cadena de suministro? ¿Qué está haciendo Europa? ¿Y el cliente final? Los plazos afectan a la toma de decisiones, porque hay que cumplirlos. Es por eso por lo que la comunicación tiene que ser la clave. La Unión Europea y también el Gobierno tienen que ser muy claros. Porque trabajamos en un sector que necesita previsión. Sin embargo, las empresas saben que tienen que cumplir, porque las normativas se van a acabar estableciendo sí o sí, tarde o temprano. Habrá que ver en qué medida afectan a cada una. El pasaporte digital va a ser una realidad, por lo que hay que trabajar de antemano en los canales de suministro para poder cumplir con los estándares. Para ello, la tecnología es fundamental. Una de las patas de Sods Estudio es la innovación. No puedes cumplir normas si no tienes trazada toda la cadena de suministro. Las grandes la tienen, pero para las pequeñas cuesta más.

 

 

 

 

P.: ¿Qué papel debe tener la administración para ayudar a las empresas a implementar este tipo de normativas?

 

R.: Las directivas tienen efectos muy positivos, tanto sociales como ambientales. Pero también pueden afectar a la competitividad de las empresas. Si antes podías comprar algodón a cinco proveedores y ahora solamente a uno, el producto se encarece. Luego, ¿qué hace la Unión Europea? Nos consta que está ofreciendo fondos para la transformación del sector textil, pero hay que estar muy atento para saber qué hay sobre la mesa, como por ejemplo opciones para modernizar las empresas o ganar competitividad. La administración no debe decirle a las empresas cómo tienen que hacer las cosas, pero sí ayudarlas a seguir siendo competitivas. Si, como empresa, tenemos que asumir en soledad todos los costes del cumplimiento normativo, o lo pagará la cadena de suministro o el cliente final. Y esto no puede ser.  No puede ser que una norma encarezca el producto. Y hay que poner el foco en las pymes, que no tienen capacidad de negociación con la cadena de suministro porque son más pequeñas. Si tienen que encarecer el producto, van a quedar fuera del mercado, arrastradas por la corriente del fast fashion. Y también hay que apuntar: no sirve de nada una ayuda a la digitalización si la empresa ya está digitalizada.

 

 

P.: La UE ha ralentizado las normativas en materia de sostenibilidad. ¿Qué efectos tiene esto en la estrategia sostenible del sector?

 

R.: Veo un poco de desorden, por ejemplo, a la hora de entender cuál es el papel fundamental de cada uno de los actores en este tema del reciclaje textil. Y ver si, como país, estamos preparados o no. Los hay más preparados, como Francia. En España se están generando clústeres para el reciclaje textil. Pero, pongo un ejemplo. ¿Sabemos quién se va a hacer cargo del contenedor? De momento, todo está en el aire. El reciclaje textil es muy complejo, no es un tema menor. Y es una dificultad mayúscula para muchas empresas, que tampoco pueden perder su competitividad.

 

 

P.: El sector de la moda entra pocas veces en las prioridades de las políticas económicas e industriales. ¿Falta lobby en el sector?

 

R.: Creo que se hace bastante fuerza, que el textil en Europa tiene una voz que se está elevando por toda la carga normativa que está por llegar. Pero el textil no siempre ha tenido un papel principal en este aspecto. Recuerdo las primeras normativas con respecto a los informes de auditorías de fábricas. La primera fue H&M, y más tarde se fue cogiendo una línea de trabajo para mejorar todos los procesos productivos que afectaban al textil. Ahora, tanto pequeños como grandes actores han levantado la voz y por eso están llegando también los retrasos que comentábamos, a tenor del desacuerdo entre lo que necesita el sector y lo que demanda la normativa.