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Soy Pitita: lecciones de una ‘start up’ que echa el cierre

Juanjo Rengel fundó Soy Pitita en diciembre de 2017 y creció al calor de la popularidad de la edición del momento de Operación Triunfo, incorporando citas de los concursantes en su producto. En marzo de 2022, el ejecutivo dejó todo atrás y jura que no volvería a emprender.

Isabel Carmona

24 may 2022 - 04:51

Soy Pitita: lecciones de una ‘start up’ que echa el cierre

 

 

Cumplió el sueño de todo emprendedor y ahora declara que nunca volvería a fundar su propia empresa. Juanjo Rengel, fundador de la start up Soy Pitita y única persona al volante durante los cuatro años y medio que duró el fenómeno, recuerda que, creciendo, su sueño siempre había sido ser autónomo, pero “el día en el que se me aprobó la baja fue el más feliz de mi vida”.

 

Reid Hoffman, cofundador de la red social LinkedIn, afirma en su célebre libro The Startup of You que el mejor modo de triunfar emprendiendo es personalizarse en la empresa. “Debes verte a ti mismo como una start up, escribe Hoffman en el best-seller, publicado en 2012. Algo así hizo Juanjo Rengel cuando, en diciembre de 2017, se decidió a poner en venta una primera tanda de camisetas estampadas con la cita de uno de los concursantes de Operación Triunfo, que por aquel entonces inundaba las redes sociales.

 

“Prácticamente dejé de vivir: no tuve vacaciones ni un día libre en cuatro años”, describe el emprendedor malagueño, que gestionaba desde comunicación hasta compras, operaciones y logística de Soy Pitita. En marzo de 2022, después de cuatro años y medio de actividad, la empresa publicó en redes sociales que dejaría de operar. “Adiós y gracias”, empieza el comunicado de despedida de Soy Pitita, aprovechando también para apuntar que “detrás de todo esto, sólo hay una persona”.

 

 

 

 

“Desde fuera, la gente cree que estás montado en el dólar, pero sigues sin ir a flote”, describe Rengel. El ejecutivo llama a Soy Pitita, “Pitita”, casi como un diminutivo. Habla de la empresa como la personificación de un proyecto que creció demasiado y demasiado rápido, hasta que ocupó todo el espacio de la vida de su fundador.

 

En la publicación de despedida, la start up explica que el impacto de la pandemia y de Filomena en el negocio había añadido estrés y una dificultad imposible de asumir al día a día de la empresa. Sin embargo, Juanjo Rengel contesta que Soy Pitita “podría haber seguido operando, porque aún había ventas”.

 

Lo que habría necesitado para hacerlo, según explica el fundador de la start up, era inversión externa y la ayuda de un segundo par de manos. “No estaba preparado para un bombazo de tal escala, un proyecto que no tiene inversión es imposible que tire”, declara Rengel.

 

“Me siento orgulloso de haber hecho llegar a la empresa tan lejos, pero me habría gustado que el trabajo hubiese sido de dos”, contempla el directivo, antes de añadir que “si no contraté a alguien externo, fue responsabilidad mía, pero no me sentía listo para tener una nómina a mi cargo”.

 

 

 

Soy Pitita llegó a facturar alrededor de 60.000 euros anuales en su mejor momento, aunque Rengel explica que nunca llevó la cuenta de manera rigurosa, principalmente por falta de tiempo. “Cuando pusimos a la venta la colaboración con Zahara, se vendieron casi 9.000 euros en dos semanas”, recuerda el fundador de Soy Pitita, que llamó la atención de la artista andaluza en su punto álgido. La empresa, que nació y creció en el seno de Operación Triunfo (y de la mano de artistas como Amaia Romero o Aitana Ocaña, hoy sólo Aitana) también firmó una colaboración con Miss Caffeína y sus diseños aparecieron en series como Liumelia y By Ana Milán.

 

“Me daba miedo quedarme como la marca de camisetas de Operación Triunfo”, explica Rengel, que con el tiempo lanzó sus propios diseños, ajenos a cualquier artista o programa de televisión. “Fue importante desvincularnos rápido del fenómeno, había que seguir adaptándonos sin quedarnos atrás”, añade el emprendedor.

 

Después de anunciar su cierre, Soy Pitita disparó sus ventas entre siete y ocho veces respecto a los meses anteriores, y mantuvo la actividad durante unas semanas más para hacer frente a los últimos pedidos antes de bajar la persiana definitivamente. Las últimas publicaciones de la compañía en su cuenta de Instagram, aún activa, están repletas de comentarios apenados de consumidores que se despiden de la marca.

 

Desde que abandonó Pitita, Juanjo Rengel trabaja en el departamento de contenido y de atención al cliente de Podimo, plataforma de streaming para podcast y audiolibros. El malagueño, formado en comunicación y márketing y especializado en locución, explica que su ritmo de vida es ahora mucho más agradable y llevadero, “con un horario fijo”, apunta.