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Ane Castro (Zer Era): “La impresión 3D tendrá que evolucionar para que otras tecnologías no pasen por encima”

Fabricando prendas a través de impresión 3D, las fundadoras de Zer Era sostienen que, aunque el material que ellas utilizan no es tan sostenible como otros, también hay que saber darle una segunda vida a los excedentes textiles.

Iria P. Gestal

3 mar 2022 - 04:51

Ane Castro y Núria Costa, cofundadoras de Zer Era

 

 

Ane Castro y Núria Costa, cofundadoras de Zer Era, sostienen que la sostenibilidad no sólo recae en el tipo de material que se utiliza para producir prendas en el mundo de la moda, si no también en el tipo de proceso que se realiza para no desperdiciar el material. Las fundadoras explican que, cuando comenzaron con el proyecto, especializado en la investigación de tejidos para impresión 3D, sólo querían “producir el tejido necesario, ya fuera con la impresora 3D o con cualquier otra técnica de fabricación digital”. Esto les permitiría reciclar el material, dándole cuantas vidas fuesen necesarias para no desperdiciarlo y convirtiendo el ciclo de vida del producto en un circuito cerrado.

 

 

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Pregunta: Su factor diferencial es la impresión en 3D con tejidos, ¿es esto escalable?

 

Núria Costa (N.C.): Sí que es escalable, aunque es una tecnología muy lenta. Es cierto que desde que la patente de la impresión 3D caducó, cada vez hay más gente que tiene impresoras 3D en sus casas y se está haciendo más mainstream. Esto hará que la escalabilidad sea posible.

 

 

P.: Toda la producción que se hace hoy de moda, ¿podría llegar a hacerse con impresión 3D?


Ane Castro (A.C.): Sí. Hay que tener en cuenta la tecnología a la que se puede acceder. La tecnología que utilizamos ahora es doméstica, aunque otras empresas, que cuentan con tecnología más puntera, tienen la capacidad de ir más rápido y producen más piezas de golpe. Pasa como en cualquier sector: hay compañías que tienen acceso a ciertas tecnologías menos actualizadas y hay otros mastodontes que pueden acceder a las más actuales.

 

 

P.: ¿Y por qué es más sostenible?


N.C.: Es más sostenible no únicamente la impresión 3D, sino cualquier técnica de fabricación digital. Empezamos el proyecto queriendo producir prendas que no generaran residuos en su proceso de corte. Sólo queríamos producir el tejido necesario, ya fuera con la impresora 3D o con cualquier otra técnica de fabricación digital. La impresora 3D nos llamó la atención y cada vez le veíamos más posibilidades. Lo que la hizo más sostenible es que digitalizamos todos los patrones y sólo utilizamos el tejido necesario en cada caso. Si es un tejido de punto, también utilizamos la bordadora u otras técnicas que facilitan el mismo proceso sostenible.

 

 

 

 

P.: En Zer Era se usa un filamento elástico con base de poliuretano, ¿es más sostenible que el algodón?


A.C.: Todo depende del uso. El concepto de sostenibilidad es muy amplio. Sostenible es una marca que produce de forma local o que trabaja con algodones ecológicos. También hay que tener en cuenta la procedencia del algodón; este tipo de producción también tiene una parte oscura. En los últimos años, los países en los que se produce el algodón han sido muy explotados porque el mercado lo demanda y eso no es sostenible. Hay que tener en cuenta qué material utilizamos, su procedencia y cómo lo manipulamos. En el proceso de producción hay una etapa de corte y, si se desecha del 20% al 30% de ese tejido, tampoco es sostenible. Hay que encontrar las tecnologías, los materiales y el método para hacer una producción lo más sostenible posible dentro de tus capacidades. Lo ideal sería que, en cada país, se consumieran los materiales que se producen. La sostenibilidad es muy amplia. En nuestro caso, el material que utilizamos quizás no es tan sostenible como otros, pero también hay que ver cómo le damos un segundo uso. Con nuestro tamaño no podemos darle un segundo uso al algodón, pero este material sí nos lo permite.

 

 

P.: En referencia a la circularidad, ¿qué posibilidades tiene este material?


A.C.: Para hacer prendas sin residuo, lo que proponemos a través de este material es volver a fundirlo y volver a obtener la materia prima. Así, este producto tiene una vida circular, pero sobre todo cerrada. Siempre se le puede dar una segunda vida, tercera o cuarta. En ese caso, el material también va evolucionando y pierde un poco de elasticidad, pero al final también hay que tener en cuenta el uso que se le va a dar a la prenda. Quizás tras fundir el material, en vez de una prenda elástica produzcamos una prenda exterior. Siempre se puede plantear una segunda vida para el material con otro tipo de características.

 

 

P.: La impresión en 3D no es nueva y ha habido muchos experimentos hasta ahora. Uno de los mayores ejemplos fue lo que hizo Adidas con las speed factories en Europa y en Estados Unidos, que acabaron cerrando. ¿Por qué no han salido adelante estos proyectos?

 

N.C.: Hay muchos tipos de impresoras 3D y normalmente los englobamos todos en el mismo saco. En ese caso se utilizaron impresoras de lechos de polvo con otro tipo de tecnología. El sistema de fabricación también hace que sea diferente. Estamos empezando a ver otros tipos de impresoras, pero hasta ahora hemos trabajado con Nas, que son como mangas pasteleras: funden el material y crean el patrón que se quiera en cada caso. Con este tipo de impresoras sí que hemos visto muchas ventajas que con otro tipo de tecnología no hemos identificado. Para ello es importante saber qué tipo de proyecto quieres hacer y cuál es la mejor tecnología para hacerlo. A alguien que quiera hacer joyería no le recomendaría nuestra impresora, le recomendaría otras. Que no haya funcionado en un tipo de proyecto no significa que no tenga que ser válido para otros. Hay grandes avances que se han probado muchas veces hasta dar con la fórmula definitiva y hay que encontrarla para que todo funcione. Las empresas de materiales van evolucionando y sacan nuevos materiales; las empresas de impresoras 3D también; cada vez hay más gente experta en el sector…  todo esto ayuda para que la gente entienda mejor este tipo de tecnología.

 

 

 

 

P.: ¿No tenéis miedo de haber llegado demasiado pronto?


A.C.: A veces sí. Al final, es difícil abrir terreno. A la vez que te abre puertas y posibilidades, te encuentras con muchos problemas. Lo ideal para nosotros sería trabajar con un filamento más parecido a una fibra natural, pero todavía no está en el mercado; lo ideal también sería una máquina que funcionase más rápido para reducir costes y producir más rápido, pero no estamos en ese punto. Todo lo nuevo tiene unos riesgos, pero si no hay nadie que llegue a ese punto tampoco va a empezar el desarrollo. Estamos en el momento adecuado, sino no habríamos podido trabajar tres años en este proyecto. Ser pionero a veces tiene sus ventajas.

 

 

P.: ¿Cómo ha cambiado la recepción por parte de las compañías del sector, tanto industriales como retailers? ¿Habéis notado una mayor apertura a este tipo de innovación desde que comenzasteis?


N.C.: Sí. Al principio parecía algo muy experimental, pero hasta ahora nos han contactado distintas empresas para realizar colaboraciones. Sí que es verdad que sigue influyendo por el presupuesto. La impresión 3D es una tecnología muy cara y, sobre todo, en el sector de la moda, que cada vez es más perverso. Si es algo innovador hay que entender el balance de precio. Dependiendo de la marca todavía cuesta entender que esta tecnología cueste más, pero cada vez hay mayor interés por parte de las empresas por introducir y por interesarse por el proceso y sus ventajas.

 

P.: ¿Y cuál es la barrera para su desarrollo?

A.C.: Con la impresora 3D en concreto es el tiempo de producción y el coste del producto, que es muy alto todavía. El mercado de la moda es un mercado muy explotado, siempre hay competencia y todos quieren bajar el precio. En moda se está produciendo a una escala muy alta y a precios muy reducidos. Realmente, debería ser inviable tener una prenda por cuatro euros y todavía se sigue haciendo. El precio afecta demasiado.

 

 

 

 

P.: ¿Esto es un problema de las empresas o del consumidor, que no está dispuesto a pagar más?


A.C.: Al final es de todos. Podríamos hacer prendas que, en términos de precio sean más elevadas y se introduzca más diseño, pero si no hay ningún cliente que lo compre, tenemos un problema. La concienciación tiene que venir por ambas partes. La sociedad tiene que empezar a consumir de forma más ética y plantearse el valor real de los productos y de su procedencia, y nosotros como empresa tenemos que saber darle esa información al cliente.

 

N.C.: Se puede intentar buscar los materiales más sostenibles y una producción muy cercana, pero al final todo recae en la cantidad de piezas que se consumen cada día. Nosotras queríamos cambiar esa mentalidad. El consumidor debe entender que quizás, si compra una prenda con innovación tecnológica hoy, no necesita comprar nada más durante el resto del mes, y el mes siguiente puede quizás comprar otra prenda de otro diseñador, hecha por un sastre. Se trata de volver a una artesanía digital y que el consumidor comprenda que sólo necesita una prenda.

 

A.C.: Hay veces que los clientes no se pueden permitir comprar ciertas prendas, pero una persona que se compra cuatro jerséis en un mes, ¿realmente los necesita? Es mejor que dedique su presupuesto a un mismo jersey. Acabamos teniendo un armario repleto y muchas veces no es “no puedo”, sino “no quiero”.

 

 

P.: Lo que plantea Zer Era es un cambio de modelo, ¿se puede integrar esta tecnología en un proceso tradicional?


A.C.: Muchas empresas utilizan esta tecnología como forma de prototipado, reduciendo así su coste. Quizás no es el producto final, pero para hacer unos cierres para una mochila, por ejemplo, se pueden hacer pruebas con impresión 3D para el diseño del archivo y más tarde, producirlas las piezas para ver si encajan. Ahora mismo este es el sistema más común. Además, hay otras empresas que están usando esta tecnología para hacer prendas que son inviables de hacer con cualquier otro tipo de tecnología, como las futurecraft, que son suelas imposibles de hacer con otra tecnología, tanto a escala estética como funcional. A parte, habría que sumar el valor añadido la impresión 3D, la parte estética, el punto futuro, y esa es la imagen que queremos proyectar.

 

N.C.: Nosotras, al venir del mundo del diseño de moda, sabemos cómo confeccionar y patronar y la tecnología puede funcionar muy bien con esto. La prenda no sale directamente de la máquina lista para ser vendida. En realidad, cada pieza se ha estudiado mucho antes de producirla y, para un solo vestido, hemos llegado a hacer muchísimas pruebas de encaje, de producción y de corte, entre otras. Antes necesitabas saber cómo coser bien o técnicas específicas para unir las piezas, pero, con la impresión 3D, al final no deja de ser artesanía digital para ensamblar las piezas de manera eficiente.

 

 

 

 

P.: Si esto se expandiera, ¿cómo podría cambiar el mapa del aprovisionamiento? ¿Se dejaría de producir en Asia para que todo fuera más cercano a los mercados de consumo?


N.C.: A día de hoy, nosotras no creemos en el sistema de producción en Asia. No tiene sentido ahora mismo producir en Asia por muchos motivos. Hemos ido a ferias y hablado de este tema con clientes, pero cuando la producción se realiza en el extranjero hay muchas empresas que no la quieren porque no pueden controlar todos los procesos de la cadena ni cómo va a llegar el producto. Ese sistema no funciona. Actualmente hay una red de fab labs para producir digitalmente de manera más cercana. Confiamos en que, al igual que existe esto, también podrían ser talleres para implementar toda la parte textil.

 

 

P.: ¿Hasta qué punto va a llegar la impresión 3D? ¿Cuál será el límite?

 

A.C.: La idea principal de las impresoras 3D siempre ha sido que cada persona se produzca sus cosas en casa. Teóricamente, todo el mundo también se puede hacer un jersey de punto en casa y no se hace. Hay muchas cosas que podemos hacer, pero nuestro tiempo es valioso. No es cuestión de fabricar o hacer todo lo que se tenga. Eso no sería una realidad porque, en ese caso, tampoco se saldría a cenar porque se puede cocinar en casa. La impresora 3D tiene muchas cosas nuevas, pero sí es cierto que también tendrá que evolucionar para que otras tecnologías no pasen por encima. Siempre vendrán sistemas de producción mucho más innovadores para implantarse en el mercado, aunque a la impresora 3D todavía le queda mucho por mejorar: materiales, precios, velocidad… hay mucha trayectoria por delante.

 

N.C.: Esta tecnología nos va a permitir salir del trabajo seriado, brindando la oportunidad a futuras generaciones de producir un objeto en casa, sin la necesidad de que tenga que pasar por muchas manos o eslabones. La máquina tiene muchos materiales con los que se puede trabajar y esto facilita la obtención de productos como un vaso, por ejemplo. El día de mañana se puede llegar a ser un artesano con esta tecnología y los niños podrán experimentar y jugar. Se dice que la tecnología nos hace poco creativos pero, a veces, esta parte digital puede ayudarnos a serlo mucho más.