Entorno

Retos ‘macro’ en 2026: PIB, consumo y geopolítica del ‘far west’ en otro año de cisnes negros

Si el de 2025 parecía un año de tensiones geopolíticas, 2026 se inicia con Black Hawks estadounidenses sobre la ciudad de Caracas. Sourcing, consumo, exportaciones y crecimiento marcarán también a la moda española en el nuevo año.

Retos ‘macro’ en 2026: PIB, consumo y geopolítica del ‘far west’ en otro año de cisnes negros
Retos ‘macro’ en 2026: PIB, consumo y geopolítica del ‘far west’ en otro año de cisnes negros

P. Bueno/ C. De Angelis

La palabra incertidumbre ha quedado caducada para describir el entorno económico y geopolítico en el que opera la industria internacional de la moda. Una situación económica global estable (aunque con Europa rezagada), España arranca el nuevo año tras haber confirmado su bonanza en 2025 entre las economías desarrolladas. Sin embargo, el fuerte desempeño económico del país no se traslada al consumo y a la confianza del consumidor, impactado por el aumento de precios de productos y servicios esenciales.

 

La industria española de la moda cierra 2025 más débil, pero con un nuevo éxito exportador a pesar de las circunstancias, y con nuevos desafíos en el sourcing. La geopolítica, en la que queda confirmado que se ha entrado en una era del far west en la que el multilateralismo ha quedado olvidado, se lleva no obstante todas las miradas.

 

El contexto económico global no apunta a grandes colapsos, pero tampoco a motores de expansión, y los cisnes negros (llamados Taiwán o Venezuela) están llamados a hacer acto de presencia en un año en el que sigue la reconfiguración del orden mundial, en el que Europa, por cierto, está desubicada.

 

 

 

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  1. Crecimiento global estable en 2026, pero con riesgos y divergencias

El consenso macroeconómico para 2026 apunta a un crecimiento global estable, aunque lejos de los niveles previos a la pandemia. El Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé que la economía mundial cierre 2025 en torno al 3% y mantenga un ritmo similar en 2026, apoyada en la solidez de Estados Unidos y de varias economías asiáticas. El escenario base descarta una recesión global, pero también anticipa un ciclo largo de crecimiento débil y muy expuesto a shocks externos.

 

El Banco Mundial, sin embargo, dibuja un escenario algo más prudente. Sus últimas proyecciones sitúan el crecimiento global ligeramente por debajo del 3% tanto en 2025 como en 2026 y alertan de que casi dos tercios de las economías avanzadas y emergentes han revisado sus previsiones a la baja. El organismo subraya que el comercio internacional y la inversión siguen sin recuperar el pulso previo a 2020, un factor clave para sectores intensivos en cadenas globales como la moda.

 

 

 

 

Las divergencias entre ambos organismos no están tanto en el dato agregado como en su lectura estructural. Mientras el FMI pone el foco en la resiliencia del consumo y del empleo en las grandes economías, el Banco Mundial insiste en que la combinación de deuda elevada, fragmentación comercial y baja productividad limita el potencial de crecimiento a medio plazo.

 

 

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  1. Crecimiento dispar en grandes regiones

Estados Unidos volverá a ser uno de los principales anclajes del crecimiento global en 2026: el FMI prevé que la economía norteamericana cierre 2025 con una expansión del 1,9% y que el Producto Interior Bruto (PIB) del país se expanda un 2% en 2026. Tras sorprender al alza en 2024 y 2025, las previsiones apuntan a una normalización del crecimiento, apoyada en el consumo interno, pero con amenazas de enfriamiento en inversión y comercio exterior.

 

En Asia, China mantiene un papel central, aunque cada vez menos dominante. Las previsiones para 2026 anticipan crecimientos moderados (del 4,2% en 2026, viniendo el 4,8% en 2025), penalizados por la debilidad del mercado inmobiliario y un consumo interno irregular. India y el sudeste asiático ganan peso como motores regionales, tanto en crecimiento económico (India crecerá de nuevo un 6,4% en 2026) como en atracción de inversión productiva.

 

 

 

 

Europa, por su parte, afronta 2026 desde una posición más frágil. El cierre de 2025 deja una economía con bajo crecimiento, industria estancada y consumo contenido: el PIB de la zona euro se ha situado en el 1% el pasado año y subirá al 1,2% en 2026.

Alemania sigue lastrada por su sector manufacturero (aunque su expansión pasará del 0,1% en 2025 al 0,9% en 2026), mientras que el sur de Europa muestra mayor dinamismo, aunque insuficiente para compensar la debilidad del conjunto. Francia crecerá un 1% en 2026 (cuatro décimas más que en 2025) e Italia lo hará a ritmos del 0,8% (tres décimas más).

 

 

 

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  1. España: moderación tras un ciclo vigoroso

España ha despedido 2025 como un alumno aventajado entre las economías desarrolladas, pero el vigor tenderá a moderarse en 2026. En el presente curso, la economía española seguirá expandiéndose a ritmos superiores a los de la media europea, aunque lejos del impulso observado en los años anteriores.

 

Según la Comisión Europea, la economía española crecerá un 2,9% en 2025, impulsada por la demanda interna, el consumo y la inversión, y se moderará hasta el 2,3% en 2026, con una continuidad del descenso hasta el 2,0% en 2027. El FMI enfría estas expectativas: apunta a un alza del 2,5% en 2025 y modera la expansión al 1,8% en 2026.

 

Por su parte, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde) apunta a una expansión del 2,2% en 2026, tras un avance del 2,9% en 2025, destacando el apoyo del mercado laboral y la inversión derivada del Plan de Recuperación, aunque advierte de que la moderación del comercio internacional y la normalización del turismo pesarán sobre las exportaciones.

 

 

 

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  1. Amenazas al sourcing: presión laboral, aranceles y revisión de mapas productivos

Las cadenas de aprovisionamiento globales afrontan 2026 con amenazas persistentes que redundan en aumentos de costes y a la seguridad de suministro. Normalizada la ruta marítima por el Mar Rojo, los aranceles de Estados Unidos y las tensiones sociales en países como Bangladesh (que celebrará en 2026 las primeras elecciones generales tras el derrocamiento de Sheikh Hasina) ponen en riesgo algunos polos clave del sourcing de moda e incentivan una difícil diversificación de las cadenas de suministro.

 

Las huelgas y bloqueos de carreteras, registradas en varios distritos manufactureros de Bangladesh en el último trimestre de 2025 ya han ocasionado paros puntuales en fábricas textiles, afectando plazos de entrega y planificación de inventario para marcas europeas y estadounidenses.

 

La persistente amenaza arancelaria vuelve a colarse entre los principales riesgos para el aprovisionamiento. Tras los anuncios de 2025, Estados Unidos planteó aranceles de hasta 37% sobre importaciones textiles bengalís, que finalmente se moderaron a un 20% tras negociaciones bilaterales. Ese ajuste plantea un escenario mejor inicialmente planteado, pero continúa siendo muy superior a los aranceles vigentes para otros proveedores del sudeste asiático y ha generado reajustes en los patrones de abastecimiento de moda. 

 

En el caso de China, el acuerdo comercial alcanzado en octubre con Estados Unidos reduce los aranceles a un todavía elevado 47%, condicionando la actividad de los operadores europeos que tienen un foco importante en el mercado estadounidense e incentivando el comercio de China con otros países.

 

 

 

 

India, Vietnam y Pakistán se sitúan como alternativas al alza para el sourcing global de moda gracias a las percepciones de estabilidad contractual y predictibilidad de entregas. Turquía, país de alto potencial para el aprovisionamiento europeo por la proximidad geográfica, se enfrenta a una alta inflación y una devaluación de la lira que genera conflictos sociales y que ha llevado a una subida del salario mínimo del 27%.

 

 

 

 

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  1. España: consumo interno moderado en un contexto de cautela

El buen cuadro macroeconómico de España no se ha reflejado en un particular vigor de las ventas de moda en 2025 y la evolución de la demanda será clave en el presente curso. Según las cifras de la Asociación Empresarial del Comercio Textil, Complementos y Piel (Acotex), las ventas de moda crecieron en noviembre un 5,7% interanual, impulsadas por la campaña de Black Friday y la bajada de las temperaturas. Pese a ello, en el acumulado del año la moda sigue en rojo: hasta noviembre, las ventas habían caído un 1,1% interanual.

 

Por su parte, los datos del Índice de Comercio al por Menor (ICM), elaborado por el Instituto Nacional de Estadística (INE), dan una visión más positiva sobre el consumo de moda: en el acumulado entre enero y noviembre, el comercio minorista de moda ha vendido un 6,5% más que en el mismo periodo del año anterior.

 

El Índice de Confianza del Consumidor (ICC) refuerza el panorama de cautela: en octubre la confianza de los consumidores cayó a 78,7 puntos, reflejando un retroceso mensual del 3,4%. La percepción negativa de la situación y de las expectativas hace que los hogares se muestren más prudentes a la hora de realizar compras discrecionales, lo que podría limitar el impulso de la demanda interna en 2026. La combinación de inflación todavía relevante y expectativas económicas más conservadoras modera el dinamismo del consumo.

 

 

 

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  1. Exportaciones: rumbo a un nuevo récord

Los mercados exteriores se mantienen como un motor inesperado para la moda española. En un contexto internacional volátil y con clientes clave con débiles crecimientos, las exportaciones españolas del sector enfilan un nuevo récord exportador en 2025. Según los últimos datos oficiales, entre enero y octubre de 2025 España exportó 324.772 millones de euros, un incremento interanual del 0,8%, impulsado por la diversificación de destinos y sectores.

 

Las exportaciones de moda subieron de enero a septiembre un 4,3% en comparación con el mismo periodo del año anterior. De continuar con este ritmo en los últimos tres meses del año, el sector batirá en 2025 un nuevo récord exportador, alcanzado en 2025 con 33.648 millones de euros.

 

Según datos de Icex, las ventas al exterior de productos textiles, prendas de vestir, calzado, perfumería, joyería, accesorios y otros productos agrupados bajo el epígrafe moda se recuperaron en septiembre, con un alza interanual del 5,9%, lo que ha permitido mantener un balance acumulado muy positivo.

 

Este dinamismo exportador de la moda española contrasta con la atonía en el conjunto de las ventas españolas de bienes a los mercados internacionales: de enero a septiembre, estas exportaciones subieron sólo un 0,5%, con una subida en septiembre del 2,6%.

 

 

 

 

  1. Sangría en la industria local de la moda

Las dificultades para el sourcing de las empresas españolas de moda no se reflejan en un dinamismo de la industria local, sino todo lo contrario, con una tendencia que se ha mantenido en los últimos meses de 2025. Censo empresarial, actividad, facturación y empleo en la industria española de la moda han ido a la baja en 2025, generando que el arranque del nuevo año se realice en una situación más débil que doce meses atrás.

 

En noviembre, el empleo en la industria textil, el sector de la confección y la industria del cuero y el calzado registró una recuperación débil en comparación con el mes anterior y obtuvo un resultado interanual peor que en los meses anteriores. En concreto, el número medio de afiliados a la Seguridad Social en estas tres industrias se situó en 124.296 trabajadores, sólo 894 más que en octubre. Este débil incremento del pasado noviembre provocó que, en términos interanuales, el conjunto del sector emplee un 2,9% menos trabajadores que hace un año: en términos absolutos, esto se traduce en 3.815 puestos de trabajo menos.

 

 

 

 

Los últimos datos sobre el censo empresarial también son malos: textil, confección y cuero y calzado sumaban 16.410 empresas a 1 de enero de 2025, lo que supone una caída del 3,27% en comparación con la misma fecha del año anterior. En términos absolutos, esta evolución representa la pérdida neta de 554 sociedades en el último año contabilizado.

 

Por otro lado, el sector textil, la industria de la confección y el sector del cuero y el calzado volvieron a reducir su producción en octubre, marcando una variación acumulada a la baja. El Índice de Producción Industrial (IPI) del textil acumulaba de enero a octubre una caída media del 1,8%, frente al descenso medio el 3,1% a lo largo de todo 2024. Asimismo, el IPI del cuero y el calzado ha caído un 8,4% de media de enero a octubre (en 2024 cerró con un descenso del 8,2%), y el de la confección, un 7,1% (frente al 3,2% de caída en el año anterior).4

  

 

 

 

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  1. Inflación y moda: presión en los márgenes

La inflación ha dejado de ser una amenaza global como lo fue tras el inicio de la invasión rusa de Ucrania, pero se mantiene en niveles elevados. En España, el Índice de Precios al Consumo (IPC) adelantado de diciembre se situó en el 3,1%, según el INE, con presión en gastos no discrecionales (vivienda, energía y alimentación) que reduce la capacidad de compra para moda y productos de ocio.  

 

En el sector de la moda, la evolución de precios sigue por debajo de la inflación general (una circunstancia estructural que sólo se había revertido tras la salida del Covid-19), lo que implica que, en términos reales, los precios de la ropa y el calzado van a la baja. Los datos del INE indican que, mientras el IPC general cerró noviembre en torno al 3%, los precios del vestido y el calzado subieron sólo un 0,3% interanual

 

De cara a 2026, la combinación de inflación todavía significativa en bienes esenciales y un diferencial persistente de precios en moda sitúa de nuevo la presión sobre los márgenes.

 

 

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  1. Conflictos abiertos: la geopolítica como riesgo estructural del negocio

En el ámbito geopolítico, el mundo inicia 2026 todavía en mitad de una inacabada reconfiguración del orden mundial, con consecuencias y resultados impredecibles, y con conflictos entre estados todavía abiertos. La intervención de Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, como mediador en los conflictos en Gaza y Ucrania han sido prueba de lo que el think tank Centro de Estudios de Relaciones Internacionales y Cooperación para el Desarrollo (Cidob) denomina una “privatización de la paz”: acuerdos en los que el mediador siempre gana. Además, las intervenciones de Trump, que reclama un reconocimiento internacional como salvador, no han apagado ni mucho menos estos conflictos, particularmente el de Ucrania.

 

Cidob señala que el trumpismo ha inaugurado una nueva era de instrumentalización de la coerción económica y tecnológica y que en 2026 se pondrá a prueba la capacidad de adaptación a las diferentes potencias para afrontar una “geopolítica brutal”. “Las relaciones internacionales se reordenan: no se trata sólo de ganadores y perdedores, también hay oportunidades, que instrumentalizan el retorno de agendas y doctrinas imperiales, los pragmáticos desacomplejados, capaces de encontrar acomodación o coyunturas para influir en un orden caótico y los resistentes, que impulsan movimientos de protesta o espacios a contracorriente”. Por último, Cidob habla de los “desubicados”, entre los que está Europa, “faltos de instrumentos o de liderazgo para afrontar los cambios”.

 

 

 

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  1. Venezuela y la era del far west

El año 2026 arranca con la primera intervención directa de Estados Unidos en Latinoamérica desde los años 80, con la clara voluntad del Gobierno de Trump de controlar un país soberano. Con una situación de enorme incertidumbre sobre el futuro de país clave en la región (por sus reservas de petróleo y por sus conexiones con China y Rusia), la intervención estadounidense es también significativa porque se realiza sin cobertura legal: ni de los propios órganos democráticos estadounidenses ni de Naciones Unidas.

 

Los Black Hawk sobrevolando Caracas abren la puerta, según algunos analistas, a que Rusia consuma su anexión de territorios ucranianos y la imposición de un Gobierno títere en un país que ansía su incorporación en la Unión Europea o que China invada Taiwán.

Taiwán es un eslabón central en la cadena global de semiconductores y tecnología avanzada, y cualquier escalada mayor podría perturbar de forma significativa la producción y exportación de componentes estratégicos, con efectos en la industria global que van desde electrónicos hasta bienes de consumo interconectados.

 

El entramado de estos conflictos explica por qué organismos internacionales han advertido de la creciente incertidumbre política como un lastre para la inversión y el comercio global. Estas tensiones no sólo elevan primas de riesgo y seguros, sino que influyen en decisiones de inversión directa, en la planificación de cadenas de suministro y en la percepción de estabilidad macroeconómica para 2026, afectando sectores complejos y globalizados como la moda.