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Josep Moré, relocalización pero no a cualquier precio

Josep Moré lleva cuatro décadas en el sector textil y casi dos de ellas en crisis. Aunque el sector le sigue pareciendo “apasionante, porque te tienes que reinventar cada día”, la experiencia en la empresa familiar, Hidrocolor, y en su etapa patronal le ha enseñado a ser prudente con las voces de la relocalización. “La gente exige pero no paga”, dice.

I. P. Gestal

15 jul 2021 - 04:57

Josep Moré, relocalización pero no a cualquier precio

 

 

Josep Moré dice que llegó al textil por casualidad, pero que cuando entró ya no lo dejaron salir. En sus más de cuatro décadas en el sector, ha vivido sus épocas doradas, cuando llegó a emplear a ochenta personas, pero también muchas crisis (la de la deslocalización, la financiera de 2007 y, ahora, la del Covid-19) que le han hecho desconfiar de las voces que llevan años hablando de una posible relocalización.

 

 

 

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Moré estudió Maestría Industrial y, un día, un hermano de su padre que tenía una empresa textil en Mataró (Barcelona) le fue a buscar. “Me pidió que fuera durante las vacaciones a ayudarle en el laboratorio, y nunca más lo dejé”, rememora. En 1978, recién estrenada la democracia, las familias Moré, Fábregas y Solana fundaron Hidrocolor, especializada en el sector de la tintura y el acabado de género de punto y con sede en Llinars del Vallès (Barcelona).

 

El empresario pasó de cargar máquinas y “hacer de todo”, con un equipo de sólo tres personas, a coordinar hasta a ochenta trabajadores en la mejor época. “Aquí, cada día empiezas de cero, es tan cambiante y los problemas son tantos que te tienes que reinventar todo el día -dice-; pero también es apasionante, porque tienes que saber de todo, de textil, de maquinaria, de mecánica, de personal, de instituciones…”.

 

Todo lo que sabe hoy lo aprendió, asegura, “en la carrera de la calle: aunque he seguido estudiando y he hecho cursos de dirección de empresas, cuando estás en la empresa sabes los problemas que hay; todas las máquinas de la compañía las he puesto en marcha yo, y eso es lo que me da la confianza para dirigir”, sostiene.

 

Hidrocolor pronto se hizo un hueco en el sector, pero en 2005, con la liberalización del comercio textil, llegó el golpe y los cierres de buena parte de sus clientes y sus competidores. La empresa aguantó, pero dos años después llegó la crisis. “Caímos en picado, en caída libre, hasta que en 2011 tocamos fondo y pensábamos que íbamos a cerrar; es muy duro cuando tienes que deshacerte de personal y nos dolió muchísimo, pero era eso o hundirnos todos”, argumenta.

 

 

 

 

 

La empresa logró salir de aquello diversificando y “cambiando el chip”. “Empezamos a entrar en otros mercados como tejidos técnicos, toallas, automoción, tejidos a la plana, y logramos aumentar la plantilla de nuevo; justo cuando estábamos levantando cabeza, estalló el Covid-19”, dice.

 

Moré asegura que uno de los motivos por los que la empresa ha sobrevivido a otros rivales es el personal, pero eso también está en riesgo. “Estamos renovando plantilla por jubilación, y no encontramos gente ni siquiera sin preparar”, dice. “La industria nunca sale en televisión y cuando salimos es porque contaminamos o porque ha explotado una fábrica; no somos atractivos para los jóvenes”, insiste. “En las industrias hoy hay muchísima tecnología, es un sector que da estabilidad y riqueza al entorno y eso hay que ponerlo en valor”, apunta.

 

El problema de fondo, sostiene, es la falta de una política industrial, uno de sus caballos de batalla durante su etapa como presidente de la Confederación de la Industria Textil (Texfor), cargo que ocupó de 2018 a 2020. “Con el Covid-19 hemos aprendido a valorar más la sostenibilidad y la cercanía, pero el problema es que la gente exige pero no paga”, recalca. “El mercado es muy agresivo y si vas a precio no puedes hacer inversiones, ni atraer talento -añade-; el textil de cabecera necesita muchísima inversión y si no estás a la última al final petas”.

 

Hoy, Moré combina la dirección general de Hidrocolor con la presidencia de la Federación Nacional de Acabadores, Estampadores y Tintoreros Textiles (Fnaett). “Cuando estás encerrado en tu trabajo, el día a día se te come, estar en estas organizaciones te permite tener una visión de hacia dónde van las cosas y adelantarte a los acontecimientos”, señala Moré.