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Educando a los futuros líderes de la moda

Marta Rey, profesora y coordinadora del Grado en Gestión Industrial de la Moda de la Universidad de A Coruña, debate sobre los retos de la formación del talento futuro del sector.

Tribuna Marta Rey

Educando a los futuros líderes de la moda: retos desde España

 

 

El abanico de programas formativos de nivel universitario en moda en España se ha ido ensanchando paulatinamente. Alentadas por el liderazgo global de las empresas de moda de nuestro país, las universidades públicas y privadas han consolidado programas formativos sobre diferentes aspectos de la cadena de valor de la moda, siendo el Grado en Gestión Industrial de la Moda (Ggim) de la Universidad de A Coruña (UDC) una de las iniciativas de más reciente lanzamiento en este ámbito.

 

Ahora bien, la formación universitaria para la industria de la moda se enfrenta a retos de calado. Educar de forma sólida y a la par versátil a las personas que guiarán el futuro de esta industria no es tarea fácil. ¿Qué carrera elegirías para trabajar en un sector que está sumido en un vórtice de cambio acelerado, y donde la única certeza es que a ti te tocará protagonizar esa transformación?

 

Un sector, además, donde cada producto es un mundo diferente. Una industria donde conviven procesos productivos decimonónicos, intensivos en mano de obra poco cualificada, con e-wearables y materiales biológicos intensivos en I+D+i. Una industria donde la competencia es tan feroz que las dinámicas promocionales basadas en precio amenazan con destruir valor, más que crearlo, a medio plazo.

 

 

 

 

La industria de la moda aúna mutación, variabilidad, contradicción y competitividad a partes iguales. Por eso fascina tanto a los jóvenes universitarios. Las tensiones entre creación y estandarización, masificación y exclusividad, fabricación y distribución, sostenibilidad e insostenibilidad, canales físicos y online agitan su día a día en una montaña rusa tan incierta como apasionante. Lo que siguen son unas consideraciones en voz alta destiladas del proceso de reflexión paralelo a la puesta en marcha del Ggim de la UDC, que confío sirvan a cualquier iniciativa de formación en moda en España. 

 

El primer desafío consiste en integrar interdisciplinarmente un programa de conocimientos generalistas con las justas dosis de especialización. Los mimbres del diseño, las operaciones de la cadena de suministro y la comercialización deben entreverarse de modo que los estudiantes adquieran una visión global de la cadena de valor y sepan aplicarla con independencia de los puestos que estén llamados a ocupar en cada momento de su carrera profesional.

 

Un diseñador debe saber que sus elecciones estéticas (tejidos y otros materiales, patrón, aplicaciones...) tienen consecuencias directas no sólo sobre el escandallo del artículo, sino también sobre sus impactos de sostenibilidad social y medioambiental. Un responsable de producto tiene que ser consciente de que el consumidor rara vez compra una prenda de vestir, salvo que sea un básico, por su valor tangible.

 

 

 

 

Antes bien, compra moda porque adquiere experiencias, elige para expresar su identidad, disfruta de valores estéticos o culturales, simboliza estados de ánimo o despliega sus aspiraciones. Un comprador en una empresa de moda debe ser consciente de su enorme responsabilidad en lo tocante a la sostenibilidad, pues en muchas ocasiones es el único eslabón que conecta la trazabilidad aguas arriba del producto con las expectativas de inversores y consumidores de que el impacto social y medioambiental de su empresa sea

razonable.

 

En segundo lugar, los programas formativos deben ajustarse a la (de)escalabilidad que

demanda el mercado a los profesionales de la moda. Los estudiantes deben estar preparados tanto para promover y hacer viables microemprendimientos en moda como para integrarse por cuenta ajena en pymes o en grandes marcas globales. Todo ello sin perder de vista al cliente como centro y razón de ser de la industria, y al modelo de negocio como única manera de crear y repartir valor sistemáticamente.

 

El tercer reto de la educación universitaria en moda radica en alimentar y reforzar el perfil global de los egresados. La cadena de valor de moda, además de ser enormemente compleja, está externalizada y deslocalizada fuera de los mercados de origen de las grandes marcas. Los nuevos profesionales de la moda deben ser sensibles a las diferencias institucionales y culturales que imprimen su carácter distintivo a todos los grupos de interés relevantes para la empresa de moda, se encuentren donde se encuentren. Deben saber negociar en este contexto de complejidad y sumar intereses aparentemente encontrados desde cualquier lugar del mundo.

 

 

 

 

En cuarto lugar, los programas formativos en moda deben saber jugar en las fronteras de la industria.  La moda se mezcla de forma imparable con sectores como belleza, cosmética y cuidado personal; salud y bienestar; viajes; deporte, entretenimiento y ocio... En este paisaje de fronteras móviles, donde los límites entre categorías de producto se desdibujan por momentos, los nuevos profesionales deben dominar los vectores de transformación que son comunes a todos los sectores para convertirse en auténticos todoterrenos.

 

El primer eje transversal de cambio es la experiencia que espera el consumidor empoderado por la feroz competencia, la movilidad y las redes sociales. Si el márketing tradicional aspiraba a crear deseos más que a satisfacer necesidades, los consumidores de hoy imaginan los productos antes de que la empresa de moda se plantee ni siquiera la posibilidad de diseñarlos.

 

Cada vez más, el consumidor de moda espera hacer suyo el producto de moda, co-creándolo, personalizándolo o compartiéndolo. Cada vez más, el consumidor le da menos importancia a la propiedad y prioriza el uso de los productos. Cada vez más, el consumidor interactúa con las marcas y con el resto del mundo a través del hub de su teléfono móvil.

 

 

 

 

El segundo eje transversal de cambio es la transformación digital como fuerza facilitadora de procesos y productos inéditos en la industria de la moda. Sus efectos y promesas de mejora son múltiples. El blockchain y la Rfid permitirán garantizar la trazabilidad end-to-end de la cadena de suministro. La aplicación de la Internet de las Cosas a la moda, los e-wearables, abren un mundo nuevo a las comunidades de clientes interesadas en su propia cuantificación (quantified selves).

 

El canal online está trastocando por completo la estructura de comercialización de moda. Las tensiones entre retailers multicanal y marketplaces arrojan, en un plato de la balanza, consumidores tan satisfechos como insaciables, y en otro plato de la balanza, operadores que son víctimas de la insostenibilidad de la logística inversa derivada de las devoluciones.

 

El tercer y último eje de cambio es la sostenibilidad como salvavidas de una industria que sólo es viable a largo plazo si cuenta con la confianza de la sociedad, los inversores y los consumidores. Los programas de formación en moda deben impregnar de sostenibilidad, tanto económica como medioambiental y social, sus currícula. Los futuros profesionales del sector deberán adquirir conocimientos de economía circular, además de una sensibilidad que les permita conectar con las emociones y los valores de unos consumidores que están cada vez más concienciados acerca de los límites de las personas y el planeta.

 

Nadie dijo que educar a los futuros líderes de una industria de la moda en deconstrucción fuese fácil...

 

Marta Rey es profesora y coordinadora del Grado en Gestión Industrial de la Moda de la Universidad de A Coruña