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Afterwork: Francisco Algás sobre la gestión del riesgo

Después de cuarenta años en el sector, el fundador de Bóboli explica que una de sus decisiones más acertadas fue dejar la producción para la gran distribución y crear marca propia.

Silvia Riera

Afterwork: Francisco Algás sobre la gestión del riesgo

 

 

Quién

Francisco Algás

 

Cargo y especialidad

Fundador y presidente de Bóboli

 

Dónde

Restaurante Batuar, Cotton House Hotel, en Barcelona

 

Qué

Un café cortado

 

Cuándo

16:30 h.

 

Fin de su jornada laboral habitual

“¿Qué jornada laboral?”

 

“No se trata ni de ser más listo ni más espabilado, sino de saber gestionar el riesgo”, afirma Francisco Algás, fundador de Bóboli y su actual presidente. La compañía de moda infantil arrancó a principios de los ochenta a la par que Tutti Frutti, Caribú, Schuss o Valenri, un sinfín de nombres que hoy ya han desaparecido del mapa. Algás se encoje de hombros y dirige la mirada al infinito mientras busca la respuesta a por qué tantos se quedaron por el camino y ellos no. Cruza los brazos y con un soplo de aire confiesa: “a veces se tiene suerte a la hora de tomar decisiones en el momento determinado, sin precipitarse ni llegar demasiado tarde”.

 

Dicho esto, el empresario continúa buscando más respuestas en el equipo, en saber dar con profesionales preparados, y hace hincapié en seguir una estrategia realista con el mercado. Finalmente resume: “quizás se tiende a confundir en demasiadas ocasiones lo que se es con lo que se quiere ser”, apunta Algás, quien subraya que esta falta de contacto con la realidad es catastrófica porque distorsiona los objetivos.

 

Economista de formación, el empresario inició su andadura profesional en una multinacional estadounidense de la industria química afincada en España. Más tarde se aventuró con un socio andaluz a gestionar una fábrica de íntimo y después se alió con un belga para entrar en la fabricación para la gran distribución europea.

 

 

 

 

Eran mediados de los setenta y el empresario vio el negocio en la producción de prendas de felpa en grandes volúmenes para hipermercados europeos. “Entonces el principal problema no era el mercado, todo lo que producíamos lo vendíamos, era la financiación, con tipos de interés al 18% y costes bancarios que representaban el 5% de la facturación”, recuerda el empresario.

 

A finales de los setenta, cuando producía para terceros, Algás visitó Shanghái, Shenzhen y Hong Kong de la mano de uno de sus clientes británicos. “No fuimos innovadores en nada”, sentencia el empresario, quien explica con la boca pequeña que quizás fue el contacto que mantuvieron desde el primer día con el exterior y la oportunidad de ver cómo se trabaja fuera, de empaparse de la cultura de competir, lo que les imprimió carácter.

 

 

 

 

“La decisión más acertada que tomamos fue dejar la producción para la gran distribución y crear marca propia”, afirma con rotundidad Algás. El empresario explica que el cambio fue radical, pero valió la pena: pasaron de fabricar género de punto en grandes volúmenes para pocos clientes a desarrollar colecciones completas y comercializarlas en centenares de comercios multimarca.

 

En 2008, Algás cedió el timón a sus hijas, Mónica y Arantxa, con un relevo natural. “Ellas han vivido en una familia emprendedora porque, al final, cuando se es empresario siempre se prioriza la empresa”, sentencia. Por ahora, la empresa se queda en casa: ante el capital inversor, de nuevo, prudencia.

 

 

Pensar en global

El clip de su Montblanc lleva grabado India 1993. La pluma se la regaló hace treinta años su hija Arantxa para recordar la primera vez que la llevó consigo a visitar fábricas. Con ella, Francisco Algás subraya su visión global del textil.