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New Bond Street: lujo, arte y subastas en la calle comercial más cara del mundo

En Londres se encuentra la calle comercial más costosa para instalar una tienda: rentas de hasta 24.000 dólares al mes por metro cuadrado, disponibilidad escasa y los grandes operadores del lujo batallando por conseguir un hueco.

New Bond Street: lujo, arte y subastas en la calle comercial más cara del mundo
New Bond Street: lujo, arte y subastas en la calle comercial más cara del mundo
Bond Street es una de las principales calles de compras de Londres, que atraviesa Mayfair desde Piccadilly en el sur, hasta Oxford Street en el norte.

Irene Juárez

En el enclave situado entre Oxford Street y Piccadilly, en el corazón de Mayfair, en Londres, se levanta entre fachadas señoriales y escaparates exclusivos la cotizada calle New Bond Street. Este año, la vía londinense se ha ganado el título de la calle comercial más cara del mundo según el ránking Main Streets Across the World de Cushman&Wakefield, situándose en el punto de mira de operadores e inversores que saben que hacerse un hueco allí es sinónimo de negocio, prestigio y visibilidad.

 

New Bond Street alberga desde residencias particulares de precios estratosféricos hasta una particular muestra de las tiendas más elegantes, exclusivas y caras del planeta. Moda, joyería, galerías de arte y casas de subastas conviven en un ambiente de lujo y bullicio cosmopolita, en el que la tradición y la modernidad se dan la mano. Con una demanda desbocada y una oferta prácticamente inexistente, los alquileres de New Bond Street se han disparado un 22% en el último año. 

 

Este aumento podría explicarse por los recientes movimientos que ha experimentado la calle. A principios de 2025, Prada anunció la adquisición del edificio ocupado por Miu Miu por 250 millones de libras (288 millones de euros). Richemont también compró un edificio el año pasado en New Bond Street por cerca de 82 millones de libras (94 millones de euros).

 

 

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Situado en la zona comprendida entre Clifford Street y Burlington Gardens, el tramo más caro de New Bond Street no es especialmente grande: su longitud no supera los cincuenta metros. Allí se ubican Givenchy, Chopard y Van Cleef&Arpels. En el conjunto de la calle, el precio de las rentas supera los de las ciudades consideradas los epicentros de la moda a nivel mundial: Nueva York y Milán. Mientras en la Quinta Avenida el alquiler por metro cuadrado al año se sitúa en 18.359 euros, y en la Via Montenapoleone, en 20.000 euros, en New Bond Street la renta alcanza los 20.482 euros por metro cuadrado al año.  

 

Las calles adyacentes a New Bond Street, por su parte, también han visto elevarse las rentas en hasta el 10%. En este contexto, las compañías ya no se interesan sólo por los alquileres, sino que cada vez más el objetivo pasa por hacerse con la propiedad de los locales, para asegurar su pervivencia a largo plazo.

 

 

 

 

 

Con la clientela más rica de Londres a su alrededor, New Bond se convirtió desde su nacimiento en la principal calle comercial de la ciudad y, actualmente, continúa siendo el hogar de las marcas más prestigiosas del mundo, entre las cuales se encuentran Burberry, Chanel, Dior, Hermès, Roberto Cavalli, Aquazzura, Versace o Louis Vuitton, entre otras. Pocas firmas españolas tienen presencia en la calle: solamente Pronovias y Zara, aunque esta con un local situado en Oxford Street, esquina con New Bond. La próxima española en instalarse será Carolina Herrera, que abrirá sus puertas próximamente.

 

New Bond no ha estado exenta de los movimientos del mercado en los últimos años. En 2024, la vía tuvo una pérdida importante con la salida de la icónica Fenwick, con más de 130 años de historia. Era uno de los establecimientos más antiguos y emblemáticos de la ciudad, y vendió su local a Lazari Investments, una compañía de inversión inmobiliaria, por alrededor de 430 millones de libras (495 millones de euros). El mismo año, el fondo Blackstone también se hizo con una propiedad en la calle por valor de 230 millones de libras (265 millones de euros), atraído por la alta demanda de la zona y la posibilidad de continuar incrementando el valor de los alquileres.

 

En sus escasos 800 metros de longitud, New Bond aúna las firmas de moda más prestigiosas del mundo, pero también cuenta con galerías de lujo que conforman el circuito de arte de New Bond Street, que suelen participar en ferias de arte y en exposiciones privadas. La ruta se conforma por Halcyon Gallery, Opera Gallery London, Eden Gallery y Richard Green. También alberga casas de subastas como Sotheby’s London, una de las más importantes del mundo, o Bonhams, con gran actividad. En sus alrededores, además, se sitúan hoteles de lujo como The Beaumont, Claridge’s y The Ritz, que atienden a la clientela de la calle. También se compone por restaurantes y cafés de alta gama.

 

 

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Una calle con historia

La historia de la calle se remonta a finales del siglo XVII con la construcción de la Clarendon House en Piccadilly por parte de Edward Hype, primer conde de Clarendon, como mansión privada. Al conde, sin embargo, la ostentación no le duró mucho. Tras ganarse la animadversión de los demás integrantes de la corte se vio obligado a exiliarse en Francia, país en el que murió sin poder jamás volver a pesar Inglaterra.  

 

Su casa, que se había ganado también la hostilidad entre los vecinos por su enorme tamaño, fue comprada finalmente por un grupo de promotores entre los que se encontraba sir Thomas Bond, que daría nombre a la calle. Bond decidió demoler la mansión para desarrollar la zona, construyendo calles, residencias y comercios. Tras la demolición emergió el barrio aristocrático de Mayfair y New Bond se posicionó como una calle eminentemente comercial.

 

Arquitectura concebida para las compras

Desde el punto de vista arquitectónico, una de las particularidades de New Bond es que sus aceras no están elevadas. A pesar de que el espacio reservado al peatón y el concebido para los coches se diferencian a simple vista con dos pavimentos distintos, ambos comparten un mismo espacio, lo que técnicamente se conoce como plataforma única. Esto no es casual: se remonta a su nacimiento. 

 

Podría decirse que New Bond se concibió sin una jerarquía clara. Las calles georgianas eran espacios continuos pensados para peatones, pero también para los carruajes. Las aceras elevadas son una solución tardía, ligada a la masificación urbana del siglo XIX y al posterior tráfico moderno, algo que New Bond quiere evitar. Eliminar los desniveles de las calles permite una continuidad visual que conforma una arquitectura más limpia, elegante y hasta cierto punto privada. Y, lo más importante para los comerciantes: incentiva los paseos y, por lo tanto, las compras.  

 

Una de las esculturas más icónicas de New Bond Street es la obra conocida como Allies (Aliados). En ella se representa a Winston Churchill, exprimer ministro del Reino Unido, y a Franklin D.Roosevelt, presidente de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, sentados en un banco mientras conversan distendidamente. La escultura fue creada en 1995 por Lawrence Holofcener, un artista precisamente con doble nacionalidad británica y estadounidense. La obra conmemora la cooperación de ambos países durante el conflicto, mostrando además la relación personal que mantuvieron los mandatarios.

 

 

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En las últimas décadas, Westminster City Council ha querido proteger la esencia de New Bond reduciendo la velocidad del tráfico, eliminando los bordillos todavía visibles y usando pavimentos diferenciados en textura, no en altura. El objetivo ha sido darle la vuelta a la jerarquía tradicional moderna. En New Bond, el coche es considerado como un elemento que entra en un espacio peatonal, y no al revés. La falta de bordillos contribuye a acentuar esa sensación por parte del conductor, que percibe la calle como un espacio compartido.

 

En sus más de tres siglos de vida, la arquitectura de New Bond se ha modernizado, siempre con la conservación histórica y la tradición como ejes vertebradores de su evolución. El lujo contemporáneo ha encontrado su lugar en una calle que ni fue ni se concibe como una calle monumental, sino que se alza como un escaparate de arquitectura discreta, refinada y funcional diseñada especialmente para acoger el comercio de exclusividad.