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Dogi, historia del textil español que soñó con ser grande

Sherpa ha puesto punto y final a casi una década en el capital de la histórica compañía catalana del textil, que logró superar la deslocalización textil, terminó en concurso en plena crisis y volvió a soñar con convertirse en un gigante de la mano del fondo.

Dogi, historia del textil español que soñó con ser grande
En 2013, el último año completo de Dogi antes de pasar a manos de Sherpa, la empresa facturaba 15,4 millones de euros y perdía más de nueve millones de euros.

Iria P. Gestal

14 nov 2022 - 05:00

La de Dogi es una historia de resistencia ante el destino al que parecía condenados todos los grupos textiles de España. Soñó con ser un gigante global para competir en un entorno marcado por la deslocalización, pero el tamaño se le atragantó, y la crisis le dio la puntilla que terminó con su entrada en concurso. Hace ocho años, la histórica compañía de tejido elástico, fundada en 1954, volvía a soñar de nuevo de la mano de un nuevo propietario, Sherpa Capital, que acaba de ceder las riendas a un grupo de inversores.

 

Sherpa, que compró Dogi con apoyo de la Generalitat y con grandes quitas de deuda, saneó el balance de la empresa a golpe de ajustes, logró devolverla a la senda de la rentabilidad y comenzó a tejer de nuevo un plan de expansión con compras. A base de operaciones corporativas, dio forma a un hólding, Nueva Expresión Textil (Nextil), en el que Dogi quedó diluido como una marca más, perdiendo incluso su histórica fábrica en El Masnou (Barcelona).

 

En 2013, el último año completo de Dogi antes de pasar a manos de Sherpa, la empresa facturaba 15,4 millones de euros y perdía más de nueve millones de euros. En 2019, la empresa, ya como Nextil, facturaba 93,7 millones de euros y perdía 8,9 millones, aunque con un ebitda en positivo.

 

Por el camino, Dogi se hizo con empresas como Qualitat Tècnica Textil (QTT), el interproveedor Treiss, la portuguesa Sici, los interproveedores Busmartex y Ritex, y la empresa de tintado Greendyes. En total, la empresa realiza producción de tejido y prenda y opera en los segmentos del lujo, el deporte, el baño, el íntimo y los productos médicos.

 

En 2021, el último año completo del que hay resultados, el grupo facturó 63,3 millones de euros, aún por debajo de 2019, pero logró reducir sus pérdidas hasta 3,6 millones. Lejos quedó el objetivo de alcanzar los 200 millones de euros en 2020 que Sherpa se había marcado tras su compra.

 

 

De Dogi a Nextil

 

Nextil es una de las decanas de la industria de la moda en España, con una trayectoria de más de sesenta años. Sus orígenes se remontan a 1954, cuando Josep Domènech, un empresario catalán, heredó el negocio de sus padres y puso en marcha una serie de estrategias para hacer crecer a la empresa.

 

A principios de los 2000, la compañía comenzó a crecer a base de compras con la adquisición de la empresa mexicana Textiles ATA para ganar posiciones en el mercado estadounidense, y en 2001 amplió su cartera con la compra de Sara Lee, que contaba con cuatro fábricas, tres en Asia y una en Europa.

 

Con una red ya global, la empresa se renombró Dogi International Fabrics y trasladó su histórica sede del centro de El Masnou (Barcelona) a un polígono industrial en la misma localidad, en una operación inmobiliaria realizada en pleno boom del real estate.

 

Estos movimientos se produjeron en un contexto en el que la industria textil en Europa buscaba oportunidades en países con costes más bajos a la espera de la liberalización del comercio textil que supuso el fin del Acuerdo Multifibras.

 

En ese marco, Dogi fue desarrollando su huella internacional y llegó a contar con plantas de producción en México, Estados Unidos, Filipinas, China, Alemania, Sri Lanka y Tailandia.

 

Pero el plan no salió bien. La compra de Sara Lee hizo mella en los resultados de la empresa, que tuvo que acometer dos ampliaciones de capital y más tarde una emisión de obligaciones para para sanear el balance y acometer nuevas inversiones.

 

Una de ellas fue la adquisición de la empresa estadounidense Elastic Fabrics of America (EFA) y, más tarde, la construcción de una nueva planta en Sri Lanka, mientras que decidió cerrar la de Filipinas.

 

 

 

 

En 2007, dos años después de la liberalización del comercio textil, la compañía comenzó un ajuste en su planta española que le llevó a prescindir de más de 200 empleados, pasando de una plantilla de 586 personas a apenas 343.

 

Ese mismo año, la familia Domènech decidió ceder por primera vez las riendas de la empresa a un externo a la familia, Karel Schröeder, procedente de Air Products y hermano de Pancho Schröeder, que había sido director de operaciones internacionales. Después tomaría el relevo Jordi Torras, procedente del grupo textil del mismo nombre.

 

Pero los cambios en la dirección no lograron evitar una sangría de pérdidas que llevaron incluso a que un grupo de accionistas, liderados por Hispánica de Calderería, amenazaran con tomar la dirección de la textil a través de la compra de títulos en bolsa. 

 

Finalmente, la empresa presentó concurso de acreedores, suspendió su cotización e inició un proceso de ajustes, desinversiones y reducción de la plantilla. El proceso incluyó la venta de sus filiales de Sri Lanka y Tailandia y de las plantas en Asia y Estados Unidos, concentrando su actividad en las tres plantas catalanas. Finalmente, la compañía logró superar el concurso, apoyada por un préstamo del Instituto Catalán de Finanzas (ICF).

 

En 2011, Dogi logró dejar atrás una década de números rojos y volvió a beneficios, pero la pérdida de la filial alemana en favor de su socios locales y la expropiación de su planta en China, sumado al difícil contexto económico marcado por la Gran Recesión, llevaron al grupo a buscar un socio inversor como única salida.

 

Finalmente, en 2014, la compañía pasó a manos de Sherpa Capital, que inició otro saneamiento en la empresa, dejando la plantilla en 153 trabajadores, e inició una nueva etapa engordando de nuevo su presencia internacional y diversificando su oferta mediante compras.

 

Una de sus últimas decisiones fue el cierre de la histórica fábrica de Dogi en El Masnou (Barcelona), relegando a Dogi a ser sólo una marca más dentro del grupo, que hoy concentra su presencia en España, Portugal y Estados Unidos, a los que se sumará próximamente otra planta en Guatemala.

 

 

 

 

El grupo Nextil, que engloba también Greendyes, Sici93, Playvest, Elastic Fabrics of America (EFA), Ritex, QTT y Treiss, cerró el primer semestre del ejercicio en curso con una cifra de negocio de 25,5 millones de euros, un 1,2% menos que en 2021. El resultado bruto de explotación (ebitda) se situó en 1,8 millones de euros, un 26% menos debido al impacto de la puesta en marcha de su nueva fábrica en Guatemala.

 

En esta nueva etapa sin Sherpa, Dogi estará liderada por Manuel Martos como consejero delegado, Rafael Bermejo como director financiero y Carlo Pirani como director general, que se incorporaron la semana pasada a sus puestos. 

 

Dogi dio el salto a bolsa en 1998 y en mayo de 2009, la compañía salió del parqué después de entrar en concurso de acreedores. A finales de junio de 2014, tras la adquisición por parte de Sherpa Capita, el grupo industrial volvió a cotizar después de que la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) levantase la suspensión cautelar de la negociación de sus acciones.