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Alberto Palatchi Gallardo busca su hueco en moda nupcial para facturar diez millones de euros

La empresa, que echó a andar con una inversión de un millón de euros y con Palatchi como único accionista, llegará al break even en su primer ejercicio de actividad y su objetivo es seguir creciendo en el canal multimarca.

Alberto Palatchi Gallardo busca su hueco en moda nupcial para facturar diez millones de euros
Alberto Palatchi puso en marcha la firma que lleva su nombre el pasado marzo y llegará al ‘break even’ este año.

Iria P. Gestal

19 sep 2022 - 05:00

Cuando Alberto Palatchi Gallardo decidió emprender, el sector estaba claro. Su padre fue el impulsor de Pronovias, una de las mayores compañías de moda nupcial del mundo, que fundó su abuelo. En marzo de 2022, él puso en marcha su propia firma, que lleva su nombre y con la que ahora aspira a facturar diez millones de euros en un horizonte de alrededor de tres años.

 

La empresa, que echó a andar con una inversión de un millón de euros y con Palatchi como único accionista, llegará al break even en su primer ejercicio de actividad. La firma se distribuye en el canal multimarca y se dirige a novias jóvenes, de la generación Z.

 

El empresario, de 29 años, es nieto de Alberto Palatchi Bienveniste (fundador de Pronovias) e hijo de Alberto Palatchi Ribera (que convirtió la empresa en un gigante global). Comenzó su carrera en la compañía familiar, y para arrancar su propio proyecto ha recurrido a talento de la casa.

 

 

 

 

Su primera empleada fue Amalia Lago, directora de producto de Pronovias. Con ella y tres representantes, Palatchi puso en marcha la firma que lleva su nombre a sólo diez semanas de Barcelona Bridal Week.

 

La primera colección, de 74 modelos, tuvo buena acogida y en tres días la marca facturó más de medio millón de euros. Hoy, la compañía emplea a nueve personas: cuatro en la oficina y cinco agentes, y el resto está externalizado. “De los nueve, ocho han estados antes en la industria de la novia”, subraya Palatchi. La mayoría proceden de Pronovias.

 

La firma se distribuye en más de 120 puntos de venta en Portugal, España Francia, Italia, Alemania, Países Bajos y Grecia, y el mercado italiano es el mayor por facturación, con más de la mitad de las ventas.

 

 

 

 

“Tiene su explicación: allí hay mucho wholesale y aquí Pronovias y Rosa Clará tienen muchas tiendas; si por cada tienda de retail que hay aquí hubiera un punto de venta wholesale, la película sería muy diferente, pero hay buena una parte del pastel que se reparten ellos dos”, argumenta Palatchi.

 

Por el momento, él descarta dar el salto al retail. “El wholesale es la parte del negocio que yo conozco; es mejor ir ligero de equipaje y tener foco, y cuando la rueda está en marcha ya plantearte otras cosas”, opina. El objetivo inmediato es llegar a entre ochenta y noventa puntos de venta por agente.

 

La marca tiene un precio medio de venta a público de entre 2.300 euros y 2.500 euros y se dirige a novias jóvenes, de la generación Z. “Si vas a pensar un proyecto nuevo, una de las cosas que tienes que pensar es qué vas a aportar de nuevo, y una de esas cosas era una imagen un poco diferente”, recuerda Palatchi.

 

 

 

 

“La novia siempre ha tenido una imagen de perfección, un retoque extremo, muy cheesy, como que no te lo crees; yo veo eso y pienso ‘esto es para novias que ya se han casado, no para las que se tienen que casar’”, dice el ejecutivo.

 

La otra clave diferencial para Palatchi era la logística. “Los clientes estaban hartos de ver siempre la misma imagen, pero también de que no llegaran los pedidos a tiempo, así que nos propusimos ser los que primero sirvan del mercado, y lo hemos conseguido”, asegura.

 

La empresa fabrica en China y centraliza su logística desde un centro externalizado en Barcelona, con un estricto control de calidad. “Me baso en gente de confianza, y hasta el día de hoy me ha funcionado bastante: hasta el forwarder que va a recoger los vestidos a la fábrica en China es la misma persona que ha estado trabajando con mi abuelo y con mi padre”, explica.

 

Con el nombre, que comparte con su padre y con su abuelo, dice Palatchi que nunca tuvo dudas. “Muchas marcas de moda tienen nombre propio, y si hay que poner un nombre tengo que poner el mío”, defiende el emprendedor.

 

 

Una carrera entre vestidos de novia

Alberto Palatchi Gallardo estudió Derecho y en seguida comenzó a trabajar en la empresa familiar con la idea de pasar por distintos departamentos para, en su día, llegar a la dirección de la compañía.

 

El ejecutivo comenzó su carrera como representante en el sur de Francia, en formación, y después pilotó el negocio multimarca en el centro de España (Madrid, Castilla-La Mancha y Extremadura). “Era un trabajo de ventas puro, haciendo mil, dos mil kilómetros de coche a la semana, nueve meses al año, con el catálogo”, recuerda.

 

Después, se trasladó a Estados Unidos a trazar un plan de expansión en la Costa Este, supervisando un equipo de cuatro personas y presencia en 24 estados. “El mercado americano es muy duro, pero aprendí un montón y durante este trabajo me enamoré un poquito del mundo de la novia”, dijo el ejecutivo.

 

 

 

 

Pero el plan de Palatchi dentro del grupo familiar sólo duró apenas tres años: en 2017, Pronovias pasó a manos del fondo BC Partners por 550 millones de euros. El ejecutivo pasó entonces al family office, Galma Capital, donde trabajó durante un año y medio.

 

“Estando acostumbrado a clientes, viajes, ventas… De repente me vi en un despacho y pensé que eso estaba bien para dentro de unos años, pero tenía 24 y eso no me correspondía”, recuerda Palatchi.

 

Llegó entonces su primera experiencia fuera del entorno familiar de la mano de Pepsico, donde se incorporó a Future Brands, un proyecto para introducir marcas nuevas de bebidas saludables en el mercado europeo, que no llegó a puerto.

 

“Aprendí muchísimo, pero con el Covid-19, el proyecto, que no acababa de calar, se frenó, así que fue el momento perfecto para hacer un pensament”, dice Palatchi. Tras pasar el confinamiento estudiando para el Gmat (un examen que se exige habitualmente en las escuelas de negocio), el ejecutivo se matriculó en Insead, al sur de París, para estudiar un MBA. A su regreso, puso en marcha su propia firma.