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Un año de vértigo en el aprovisionamiento: cercanía y más presión para aguantar el golpe

La pandemia ha acelerado la transformación del sourcing hacia un modelo más eficiente para evitar a toda costa la acumulación de stocks si llega otro shock.

Iria P. Gestal

12 mar 2021 - 04:52

Un año de vértigo en el aprovisionamiento: cercanía y más presión para aguantar el golpe

 

 

 

Hace un año, Pedro Sánchez anunció una medida inédita en el país: el consejo de ministros declaró el estado de alarma y, de un día para otro, España se paró. El 15 de marzo de 2020, el país entero quedó encerrado en sus casas y las tiendas bajaron la persiana sin horizonte de cuándo volverían a abrir. Desde entonces, el mundo ha cambiado y la moda ha tenido que adaptarse a contrapié.

 

En Insight: un año después del coronavirus, impulsado por Zalando, Modaes.es aborda qué cambios ha dejado la pandemia en la industria de la moda y cómo se dibuja el sector post-Covid.

 

 


 

Aceleración, frenazo y vuelta a empezar. El sourcing de moda cierra un año de vértigo, marcado por cambios reactivos al compás de las restricciones, que deja una lección para el día después: evitar a toda costa la acumulación de stock.

 

“Llevábamos años comprando mucho y muy barato y después haciendo descuentos, y ese modelo nos ha explotado en la cara”, opina Jordi Blasco, director general de T2T Solutions. “El fast fashion, entendido como una producción rápida, ágil y versátil, se ha visto reforzado”, coincide Gabriel Farías, experto en aprovisionamiento.

 

A medio plazo, los expertos apuntan a un sourcing de moda más eficiente, con mayor peso de la cercanía y una relación más estrecha con los proveedores para evitar un nuevo shock como el de 2020. Mientras eso llega, el último año deja un mapa a medio camino en ese proceso: con mayor cercanía, pero también más presión a los proveedores.

 

A falta de que la Organización Mundial del Comercio (OMC) publique los datos definitivos del comercio global por categorías, la evolución de las compras de los dos mayores importadores de moda del mundo da una muestra de cómo se ha transformado el mapa del aprovisionamiento en 2020.

 

Europa contrajo sus importaciones de ropa un 14,8%, según datos de la agencia estadística europea Eurostat. Los mercados cercanos como Turquía o Portugal resistieron mejor, con descensos de sólo el 10,5% y el 7,9%, respectivamente, frente al 15,5% registrado por China o el 16,8% de Bangladesh.

 

Turquía ha sido, de hecho, el mercado ganador de este reajuste del mapa. Con buenos precios, capacidad y flexibilidad, además de buenas condiciones comerciales con la Unión Europea y Estados Unidos, el país ha captado buena parte del trasvase de la producción desde Asia en detrimento de otros polos, como Marruecos, que se han quedado vacíos.

 

El conjunto de las importaciones de moda (incluyendo calzado, perfumería o relojería) se desplomó un 16,7%, lo que supuso la primera caída desde 2012 y la mayor de la serie histórica. Europa compró moda por valor de 282.055 millones de euros, el menor dato desde 2014.

 

 

 

 

Estados Unidos, por su parte, recortó sus compras de ropa un 23,4%, hasta 64.068 millones de dólares, según datos de US Census Bureau. Incluyendo también el textil, las importaciones se redujeron un 19,5% el año pasado, debido al aumento de la demanda de tejidos para la producción de mascarillas y equipos de protección individual.

 

China, que ya llevaba perdiendo peso en las importaciones estadounidenses en los últimos años por la guerra comercial, fue el más perjudicado, con un desplome del 38,2%, aunque se mantiene como el mayor proveedor del país con una cuota del 23,6%.

 

El segundo puesto lo ocupa Vietnam, con una cuota del 19,6% sobre el total de las importaciones estadounidenses de ropa, y una caída de sólo el 7,2% en 2020. Bangladesh cierra el top 3, con un peso del 8,2% y una caída del 11,7%

 

A diferencia de lo que ocurrió en Europa, Estados Unidos también redujo a doble dígito las compras a polos en proximidad como Honduras (35%), México (29,5%), Nicaragua (22,2%) o El Salvador (14,4%).

 

 

 

 

No sólo el mapa se ha dado la vuelta: también lo han hecho las condiciones. Según un informe elaborado por el Center for Global Worker’s Rights de la Universidad de Pensilvania, a partir de una encuesta a proveedores de Asia, África y Latinoamérica el pasado septiembre, cada vez que en Occidente reabrían las tiendas, se trasladaba una mayor presión a las fábricas.

 

El 56% de los proveedores tuvieron que aceptar algunos pedidos por debajo del precio de coste, y la mayoría anticipaban que lo tendrán que seguir haciendo. Las condiciones de pago también han cambiado: si antes cobraban, de media, a 43 días, ahora el plazo se ha extendido a 77 días. Además, un 77% todavía tenía pendiente de cobrar pedidos cancelados durante la primera ola de la pandemia.

 

Pero si los plazos de pago habían aumentado, los de entrega continuaban siendo estrictos, según los proveedores, a pesar de que las medidas de seguridad impuestas en las fábricas obligan a reducir el número de trabajadores y retrasan la producción. Más de la mitad, un 57% de los proveedores, sostenían que si esas prácticas continuaban era “extremadamente probable, o algo probable” que debieran echar el cierre.

 

 

 

Más allá del Covid-19

Además de la pandemia, los últimos doce meses dejan varias noticias que contribuirán a definir el mapa del sourcing del futuro. Por un lado, tras cuatro años condicionados por la retórica proteccionista de Donald Trump y la guerra comercial con China, en 2020 se han dado algunos pasos de vuelta hacia la globalización.

 

Tras ocho años de negociaciones, en noviembre se firmó el mayor tratado de libre comercio del mundo, la Asociación Económica Integral Regional (Rcep, en sus siglas en inglés), que fue suscrita por quince países de la región Asia Pacífico-Oceanía, entre ellos China, Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda. Entre todos copan el 48,2% de las exportaciones mundiales de ropa.

 

La primera consecuencia del acuerdo será un salto de gigante en la integración de la cadena de valor de la moda dentro de esta región, que está ya muy interconectada. Además, el acuerdo refuerza el papel de China no sólo a escala global, sino también como la reina de la producción de ropa en la región.

 

También en Occidente comienzan a aliviarse algunas tensiones. La semana pasada, Estados Unidos y la Unión Europea acordaron suspender los aranceles impuestos por el conflicto de Airbus y Boeing, y que implicaba una carga de 10.300 millones de euros sobre las exportaciones transatlánticas.

 

La otra noticia de alcance, ya en 2021, ha sido el golpe de Estado en Myanmar, un país que se había posicionado como la gran promesa del sourcing de moda. Los militares tomaron el control de la antigua Birmania, que contaba con ventajas arancelarias con la Unión Europa y Estados Unidos y que previsiblemente saldrá del mapa hasta que se estabilice la situación en el país.

 

 

 

Objetivo: la circularidad

La pandemia también ha acelerado otra tendencia clave que transformará la estrategia global de compras a medio plazo: la circularidad. Avanzar hacia una moda circular a escala requerirá no sólo cambiar el aprovisionamiento, sino también crear toda una nueva industria que por ahora está sólo en los primeros compases de su desarrollo: la del reciclaje de fibras.

 

España ya está tomando posiciones para esta nueva etapa. El país ha logrado hacerse con uno de los cinco macrocentros de reciclaje textil que se construirán en Europa con los fondos para la recuperación de la Unión Europea. Además de España, Bélgica, Italia, Finlandia y Alemania son los otros cuatro países escogidos. Los cinco centros, que podrían estar en marcha en 2023, generarán 120.000 puestos de trabajo.

 

El futuro pasa, coinciden los expertos, por una producción que aúne una mayor eficiencia y agilidad y, a medio plazo, por la circularidad. “Tiene que haber una reconversión, si te quedas fuera dejas de ser competitivo”, opina Farías. “Van a cerrar la mitad de las fábricas porque no van a estar preparadas”, coincide Blasco.

 

Este futuro requiere una relación diferente con el proveedor, más estrecha y de igual a igual. “El concepto de comprador-vendedor, el débil y el fuerte, desaparece, y tiene que nacer otra relación de colaboración más equilibrada -opina Blasco-; el modelo antiguo de “soy tal o cual marca y quiero este precio sea como sea ya no es válido”.