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La Ruta de la Seda y el Made In China: las armas de Xi Jinping ante un parón de la globalización

La rotura en la cadena de suministro y los planes de reindustrialización de países occidentales pone en jaque el modelo de chino que la situaba como la fábrica del mundo, pero la segunda mayor economía del mundo está preparando su nuevo papel en la economía mundial.

Marta Tamayo

8 nov 2021 - 04:54

La Ruta de la Seda y el Made In China: las armas de Xi Jinping ante un parón de la globalización

 

 

La Nación del Centro se prepara para ocupar un nuevo puesto en el comercio mundial. China, consolidada en los últimos años como la fábrica del mundo, prepara un cambio de rumbo de su política de exportaciones con dos grandes proyectos de inversión: la ruta de la seda, que aspira a conectar el globo con China en el centro, y el Made In China, que elevará la producción china a los mayores estándares tecnológicos.

 

Desde el siglo I aC, comerciantes y viajeros transitaban del continente asiático al europeo y al africano cargando mercancías como arroz, piedras preciosas, metales, porcelana o su producto estrella, la seda. Más de 2.000 años más tarde, el presidente chino Xi Jinping anunció un gran proyecto de infraestructuras que busca volver a conectar las regiones y que el comercio fluya hacia China, el autodenominado la Nación del Centro desde la misma época de Marco Polo.

 

El proyecto lleva dos años en relativo parón, pero es que todo el mundo se ha paralizado desde el inicio de la pandemia”, explica Ramón Gascón, experto en internacionalización y profesor de EAE Business School. La iniciativa china toma posiciones en el mundo post pandemia que ha despertado con una gran disrupción en el comercio global: la rotura de la cadena de suministro.

 

Con el desequilibrio en el tráfico de mercancías, los países occidentales han empezado a lanzar planes de reindustrialización. Francia anunció a principios de octubre una inversión de 30.000 millones de euros para reindustrializar el país con el foco puesto en la fabricación de automóviles y la innovación biomédica para acercarse a la “independencia productiva” en el ámbito científico, mientras que la Unión Europea avanza en el proyecto de una ley que impulse la fabricación de chips en el continente.

 

“Estados Unidos ya empezó este mismo camino de la mano de Donald Trump, que buscaba volver a atraer la producción al país y reequilibrar la balanza comercial con China”, sostiene Gascón. Ante esta tendencia que parece anunciar una marcha atrás en la globalización comercial, China, la llamada fábrica del mundo, lleva años preparando un golpe de timón que no sólo no la deja fuera del circuito, sino que la sitúe a la cabeza.

 

 

“Es uno de los mayores planes de desarrollo de la historia geopolítica y busca integrar a África y Europa con Asia en una red de transporte intercontinental”, explica Miguel Ángel Benedicto, profesor asociado de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). “El proyecto busca estimular el desarrollo y el comercio de más de sesenta países y abarcar más de la mitad de la población mundial y más del 50% del Producto Interior Bruto (PIB) mundial”, añade el profesor. El nuevo proyecto chino también alcanzará las islas del Pacífico y Latinoamérica.

 

El plan se anunció en 2013, pero el escenario del gobierno mundial no se ha mantenido plano desde entonces. “A China el modelo de fabricar y exportar le ha funcionado como mínimo durante 25 años, ahora le interesa fomentar un modelo basado en la demanda interna y que el sector exportador no sea el encargado de aguantar el PIB”, afirma el profesor de EAE Business School.

 

Para lograr esa evolución, el presidente chino anunció una inversión global de 900.000 millones de dólares que está destinando a crear infraestructuras en países como Sri Lanka, Grecia, Montenegro o Italia. “En muchos de estos países, China se está convirtiendo en el principal acreedor”, afirma Benedicto. La gran iniciativa china también guarda un puesto para España. La compañía de contenedores China Cosco opera desde el pasado año en Bilbao y ha iniciado también servicio en Valencia.

 

“China busca en la ruta de la seda materias primas que demanda su propia industria”, sostiene Gascón. Además de este nuevo proyecto para conectar el mundo, el país anunció en 2015 el proyecto Made In China 2025 (MIC 2025), que busca asegurar la posición de China como potencia global de tecnología y reducir la dependencia del país a otros países.

 

“China ve el proyecto de MIC 2025 como una oportunidad para integrarse totalmente en la cadena global de suministro y relacionarse de forma más efectiva con las economías industrializadas”, aseguran desde la Universidad de Harvard en su artículo A Guide to Understanding China's Next Wave of Innovation. El plan contempla el impulso de diez grandes industrias como la robótica, el equipamiento aeroespacial y aeronáutico, medicina y equipamiento médico o vehículos eléctricos.

 

El contrataque occidental

Ante la gran apuesta china, las economías occidentales acordaron un plan el pasado junio en el G7 para movilizar miles de millones de dólares para crear un cinturón verde de transporte. El presidente estadounidense Joe Biden añadió que buscan ofrecer una alternativa “democrática” a los préstamos que China está ofreciendo por todo el mundo para levantar infraestructuras como carreteras, puertos, aeropuertos o vías férreas.

 

El plan impulsado por el Ejecutivo estadounidense Build Back Better World (B3W), aspira a construir nuevas infraestructuras en países en desarrollo para el año 2035 con una inversión de 40.000 millones de dólares.

 

Paralelamente, durante la celebración de la COP 26 en Glasgow, se ha pactado la creación de un fondo de 100.000 millones de dólares anuales para potenciar el crecimiento de países en desarrollo sin que este contribuya al aumento de la contaminación.