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22 Nov 201703:03

Precio, el incómodo protagonista

 

 

Decía Adam Smith en La riqueza de las naciones que “los comerciantes del mismo gremio rara vez se reúnen, siquiera para pasar un buen rato, sin que terminen conspirando contra el público o por alguna subida concertada de precios”. Desde luego esta frase no aplica al negocio de la moda en España, un sector que, desde hace varios años, ha contribuido a la contención de precios en la industria española.

 

El precio ha sido más protagonista que nunca en el sector en los últimos años. Por un lado con la irrupción del fenómeno de la moda low cost y el crecimiento en nuestro país de gigantes como la irlandesa Primark, que ha cambiado de una forma muy trascendente el eje calidad-precio en la industria de la moda.

 

Pero el protagonismo de los precios ha ido mucho más allá. El importe que marcan las etiquetas de las prendas ha sido un factor estratégico para tres gigantes de la moda española, El Corte Inglés, Mango y, ahora, Cortefiel, que han llegado a anunciar a bombo y platillo sus decisiones en este aspecto. En todos los casos, la decisión ha sido bajar fuertemente los precios.

 

Y el precio también ha sido la herramienta más utilizada por las empresas para movilizar a una clientela apática: más allá de las rebajas, iniciativas como el Black Friday o las mid season sales han llegado a España probablemente para quedarse.

 

Con todo, el Índice de Precios al Consumo (IPC) de vestido y calzado no supera el 0,5% desde hace mucho tiempo y, aunque ahora la inflación es baja o incluso negativa, en el acumulado de los últimos años se sitúa muy por debajo del incremento general de precios. El efecto es fácil de entender: si los salarios, los alquileres y otros muchos costes fijos suben a ritmos del IPC y los precios de venta crecen por debajo de la inflación, el sector está perdiendo margen.

 

Llegados a este momento, con una clara recuperación del consumo y del conjunto de la economía, el precio podría dejar de ser, por fin, un incómodo protagonista en el sector de la moda. Por mucho que el consumidor se haya maleducado en este aspecto, alguno en algún momento querrá consumir moda sin hacer la compra maestra. Y todo podría volver a cambiar.

Sin que Adam Smith nos oiga, no estaría mal que el sector fuera capaz de recuperar parte de los márgenes que genera por el valor que crea.

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