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Circoolar: ronda de 200.000 euros para internacionalizar los uniformes B2B sostenibles

La compañía catalana, especializada el diseño y la producción de textil corporativo hecho con materiales ecológicos y reciclados, prevé iniciar su plan de expansión internacional el año que viene, tras cerrar una ronda de inversión con la que prevé levantar 200.000 euros.

Laura Juanes

27 abr 2021 - 04:49

Circoolar: ronda de 200.000 euros para internacionalizar los uniformes B2B sostenibles

 

 

Si algo ha quedado claro tras el año de la pandemia, es que la sostenibilidad es tendencia, y la moda se ha rendido a ella. Si hasta ahora lo eco ha invadido escaparates de tiendas y se ha erigido como un reclamo para los consumidores, ahora las prendas sostenibles han llegado también al canal business to business (b2b). Así lo aseguran desde Circoolar, una start up fundada en 2019 que se dedica al diseño y producción de textil corporativo hecho con materiales ecológicos y reciclados.

 

“Nuestro objetivo es ayudar a las empresas en su camino hacia la sostenibilidad”, argumenta Celina Tamagnini, cofundadora y responsable del área de desarrollo de producto de Circoolar. “El textil corporativo es un producto que realmente necesita de este cambio de dinámica y de una visión más disruptiva”, asegura la emprendedora, añadiendo además que la forma de vestir de las empresas “puede ayudarlas a ser coherentes con sus principios y a impulsar sus objetivos de sostenibilidad”.

 

Tamagnini creó la empresa a finales de 2019 de la mano de su socio, Luis Ribó, que se dedica al área de márketing y comercial. Ambos empresarios lanzaron Circoolar al mercado después de haber invertido 20.000 euros gracias a recursos propios. “Queríamos conseguir un producto tangible, que no quedara solamente en una promesa de mejora”, explica Ribó. Los dos socios, que se reparten el capital de la start up, venían del sector corporativo vinculado a la responsabilidad social corporativa (RSC), algo que les ha ayudado a la hora de crear la empresa y establecer un objetivo y una hoja de ruta clara.

 

 

 

 

La start up echó a andar bajo la premisa de producir textil corporativo con materiales reciclados y con un diseño ecológico para facilitar su posterior reciclaje. “Nosotros trabajamos con talleres que emplean a personas en riesgo de exclusión social y, cuando el pedido es de gran volumen, recurrimos a talleres profesionalizados en Marruecos y Portugal”, apunta Tamagnini.

 

Circoolar cuenta, actualmente, con una cartera de 25 clientes, entre los que se encuentran Pepsico, Uriach o Isdin, entre otros. Entre los clientes de la start up figuran marcas nacionales, aunque los planes de expansión de la compañía pasan por dar el salto al extranjero. “Estamos cerrando una ronda de financiación de 200.000 euros con la que prevemos iniciar la internacionalización”, subraya Ribó.

 

La mirada de la empresa está posada sobre tres mercados europeos estratégicos: Holanda, Alemania y Francia. “Son mercados muy maduros, donde la uniformidad sostenible está muy desarrollada”, asegura Tamagnini.

 

Los planes de expansión de la empresa pasan también por aumentar su plantilla, trabajar en un stock básico “para poder ofrecer mayor agilidad y precios competitivos”, tal como explican ambos fundadores, e impulsar la circularidad de las empresas. “Una de las patas de nuestra estrategia es un servicio de recogida al final de la vida útil del producto”, explica Tamagnini. “El objetivo es volver a meter estos artículos en el círculo”, concluye la emprendedora.

 

 

 

 

Pese a que Circoolar tuvo un inicio de vida en el mercado muy bueno, el estallido de la pandemia obligó a la start up a reinventarse. “Se nos pusieron los pelos de punta, pero rápidamente vimos la necesidad de pivotar y entendimos que las empresas necesitaban que sus empleados estuvieran seguros frente al Covid-19, a la vez que necesitaban ser sostenibles”, apunta Ribó.

 

Ante este contexto, la empresa empezó a producir mascarillas que aguantan hasta cincuenta lavados. “Al final, de una crisis hay que hacer una oportunidad, y quién sabe si hubiéramos tenido la misma agilidad sin la pandemia”, argumenta Tamagnini. “El concepto de sostenibilidad ha salido fortalecido, y las empresas han aumentado su interés y su apuesta por esta cuestión”, añade Ribó.

 

Pese a lo complicado de la situación con tan solo tres meses de vida, Circoolar no se vio penalizada por la pandemia. El año pasado, alrededor del 50% de la facturación total de la start up procedió de las mascarillas, aunque ambos fundadores estiman que este año no se repita esta fórmula. “Fue algo puntual, pero nos permitió generar confianza: hemos tenido clientes que han repetido o que ahora nos han contactado para fabricarles los uniformes”, indica Tamagnini.

 

Circoolar, que tiene su sede en Barcelona y concentra el grueso de su estructura en la capital catalana, cerró el ejercicio de la pandemia con una facturación de 156.000 euros. La start up, que actualmente no emplea a nadie, a parte de los dos fundadores, prevé concluir este año con una cifra de negocio de 500.000 euros y la incorporación de dos personas en plantilla. Para el año que viene, la empresa prevé alcanzar también el break even.