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12 Nov 201904:33

Estrellas fugaces

A la moda siempre le ha encantado encumbrar a sus nuevas estrellas. El nuevo enfant terrible, el nuevo it bag, el nuevo fenómeno de esta o aquella temporada. En los últimos años, en los que los reyes de la economía han venido de Silicon Valley, la moda también se ha empeñado en buscar sus propios fenómenos disruptivos, operadores online que idearon una nueva forma de comprar y vender moda y que estaban llamados a convertirse en los nuevos reyes del sector.  Pero, en un momento de cambios rápidos y transformación, pasar del hype al negocio, del crecimiento a doble dígito al crecimiento sostenible, de la inversión a cualquier precio a la rentabilidad, se antoja más complejo que nunca.  Esta última semana, Asos ha anunciado un desplome de su beneficio después de tres profit warnings en menos de doce meses y mientras su compatriota Boohoo le adelanta por la derecha. Jacquemus se ha retirado para “pensar” justo cuando tiene que encarar su salto de “el diseñador favorito de Instagram” a una empresa de moda escalable y rentable. En España, hace ya muchos meses que Hawkers, el rey del hype, no protagoniza titulares.  No son los únicos: en real estate, WeWork, el gran fenómeno de los últimos años, ha cancelado sus salida bolsa y ha reconocido que no sabe cuándo podrá ser rentable. Las estrellas son hoy más fugaces que nunca y no hay que confiarse. Ser un fenómeno es caro, pero relativamente rápido y fácil si se activan las palancas adecuadas. Pero eso nunca es suficiente para sobrevivir. Sino, hoy seguiríamos vistiendo de Benetton y Jason Wu sería el rey de las pasarelas.

 

 

A la moda siempre le ha encantado encumbrar a sus nuevas estrellas. El nuevo enfant terrible, el nuevo it bag, el nuevo fenómeno de esta o aquella temporada. En los últimos años, en los que los reyes de la economía han venido de Silicon Valley, la moda también se ha empeñado en buscar sus propios fenómenos disruptivos, operadores online que idearon una nueva forma de comprar y vender moda y que estaban llamados a convertirse en los nuevos reyes del sector.

 

Pero, en un momento de cambios rápidos y transformación, pasar del hype al negocio, del crecimiento a doble dígito al crecimiento sostenible, de la inversión a cualquier precio a la rentabilidad, se antoja más complejo que nunca.

 

Esta última semana, Asos ha anunciado un desplome de su beneficio después de tres profit warnings en menos de doce meses y mientras su compatriota Boohoo le adelanta por la derecha. Jacquemus se ha retirado para “pensar” justo cuando tiene que encarar su salto de “el diseñador favorito de Instagram” a una empresa de moda escalable y rentable. En España, hace ya muchos meses que Hawkers, el rey del hype, no protagoniza titulares.

 

No son los únicos: en real estate, WeWork, el gran fenómeno de los últimos años, ha cancelado sus salida bolsa y ha reconocido que no sabe cuándo podrá ser rentable.

 

Las estrellas son hoy más fugaces que nunca y no hay que confiarse. Ser un fenómeno es caro, pero relativamente rápido y fácil si se activan las palancas adecuadas. Pero eso nunca es suficiente para sobrevivir. Sino, hoy seguiríamos vistiendo de Benetton y Jason Wu sería el rey de las pasarelas. 

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