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20 Nov 201712:56

Vestuario ‘made in Chináfrica’

Fabricación textil

 

 

La eclosión del poderío económico de China ha alterado profundamente las relaciones comerciales en Asia, de tal manera que China se ha convertido en protagonista básico para la economía de otros países de la zona. En el textil, son bien conocidos los casos del Vietnam, Camboya, Tailandia o Bangladesh. Estos países tienen a China como principal suministrador de productos textiles (hilados y tejidos) y con estas manufacturas elaboran artículos de vestuario para todo el mundo.

 

En el presente siglo, China ha comenzado a posicionarse como cliente privilegiado de África. Los intereses chinos en el continente africano se han centrado hasta ahora en el petróleo, los minerales y las materias naturales,  que representan el 85 % de las compras chinas. El peso de las manufacturas es mucho menor, con poco protagonismo de los intercambios textiles.

 

La estrategia china en África no sólo es comercial ya que quiere potenciar su papel estratégico-político en el continente. Así, se han instalado empresas chinas y el  gobierno chino ha facilitado una generosa financiación para proyectos de infraestructuras y de ayudas al desarrollo.

 

Esta irrupción del gigante asiático es mal vista por algunos al considerar que responde a una estrategia de control sobre los productos básicos que China necesita. Estas opiniones han resucitado la etiqueta del neocolonialismo, basado, como el de los siglos XIX y XX, en esquilmar el continente de sus riquezas naturales pero sin generar un desarrollo económico suficiente para sacar a África de la pobreza.

 

 

El textil chino en África

Sin embargo, los pasos de China también se encaminan también en impulsar implantaciones industriales en determinados países que indudablemente pueden ayudar a su desarrollo. En el caso del textil, el posicionamiento competitivo de África es muy valorado atendiendo a sus bajos costes laborales (los salarios etíopes son la mitad que los vietnamitas y sólo una cuarta parte de los chinos); la proximidad con Europa, lo que acorta el tiempo de transporte y los costes logísticos; además, la mayoría de países africanos tienen libre acceso a Europa y Norteamérica en sus exportaciones de vestuario.

 

La opción africana también tiene sentido en una visión estrictamente comercial. La industrialización textil de África significa abrir un mercado importante para los hiladores y tejedores chinos. Por otra parte, la elevada población africana (1.000 millones) es un atractivo para las ventas de vestuario.

 

Es evidente que estos planteamientos no pueden generalizarse a todo el continente. El Norte, con Marruecos, Argelia, Túnez y Egipto, es un caso aparte, más volcado hacia Europa. Más al sur, hay que destacar los niveles económicos alcanzados por muchos países, como Nigeria y   Sudáfrica, que hacen atractivos sus mercados teniendo en cuenta el rápido desarrollo de las clases medias en el continente, que representan un 34% del total de la población.

 

Este posible desarrollo del textil africano también ha tenido respuesta a nivel interno, como el plan del gobierno etíope de invertir 250 millones de dólares para potenciar la infraestructura de su incipiente industria textil. En otro plano, varias empresas chinas están evaluando implantaciones en Etiopía, además el gigante sueco H&M estudia instalar una planta de confección en el país en colaboración de Swedfund, sociedad de capital riesgo del estado sueco para promover el desarrollo sostenible en los países emergentes.

 

Estos avances pueden ser recibidos con recelos al verse como  una nueva explotación de los países poderosos sobre los más pobres, pero, con una buena gobernanza de los proyectos pueden generarse beneficios mutuos, el llamado “win to win”. Esperemos que este enfoque vaya adelante y se eviten hechos tan bochornosos como el del Rana Plaza en Bangladesh. 

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