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24 Oct 201706:29

¿Hemos de aumentar los salarios?

 

La economía española ha comenzado a remontar desde la tremenda fosa en que había caído a causa de la crisis. Frente a los sucesivos periodos negativos, entre 2007 y 2013, se espera que el 2015 continúe en esta senda de recuperación.

 

Aunque las cosas se pueden ver de muchas maneras, y más en una situación compleja como la actual, hay consenso que la economía va a mejor, ya que el año que empezamos presenta una serie de factores que han de considerarse positivos: La depreciación del euro, que ayudará a exportar más; la caída de los precios del petróleo, que nos puede ahorrar entre 3 y 5.000 millones y la mejora de las condiciones de financiación,  son motores muy potentes que pueden compensar la debilidad de la economía europea, nuestro principal cliente, e impulsar el PIB al nivel del 2%.

 

Los salarios han sufrido un importante ajuste a la baja debido a la crisis. Ello ha permitido, en primer lugar, mejorar la situación de muchas empresas que de otra manera hubieran tenido que cerrar o efectuar importantes recortes de plantilla. En segundo lugar, la contención salarial ha sido básica para mejorar nuestra competitividad exterior que ha contribuido a generar crecimiento a través de las mayores exportaciones y el auge del turismo.

 

El recorrido a la baja de los salarios ha sido claro, tanto en el sector privado como en el público, en especial desde 2010. Sin embargo, la realidad es más negativa de la que indican las estadísticas ya que las bajas han sido desiguales, afectado más intensamente a los niveles más bajos de la escala laboral, formados por el personal menos calificado, con menor antigüedad en la empresa y sobre todo a los más jóvenes.

 

La actual recuperación en el empleo, iniciada a mediados de 2014, se centra básicamente en los contratos temporales con salarios más bajos, ahondando aún más las diferencias entre los ingresos de los empleados.

 

Nuevos interrogantes

En estos momentos de cambio, muchos se preguntan si no hay que procurar aumentar algo más los salarios. No se olvide que las rentas salariales son la parte más importante de los ingresos de las familias y las que determinan el nivel y evolución del consumo. La reflexión de algunos se centra en esta relación: ?Cómo vamos a esperar un mayor consumo si al mismo tiempo continuamos reduciendo los salarios?

 

Es evidente que las empresas están presionadas por la competencia, tanto interna como externa, por lo que no pueden pensar en aumentos salariales importantes, y más con un IPC negativo, que las colocaría en posición difícil o marginal. En el campo internacional, el dilema es más evidente: Para exportar se necesita ser muy competitivo, si no lo eres, no vendes.

 

Es indudable que no se puede volver a subidas de tipo uniforme para todos ya que, incluso a nivel sectorial, hay importantes diferencias entre una empresa y otra. Por ello, el ideal sería que los temas salariales se decidieran a nivel de cada empresa en concreto para ajustarse a su situación y necesidades. Ello no es fácil en una estructura  basada en las PYMES y con unos agentes sociales acostumbrados a ver más el día a día que el medio plazo, pero es indudable que la crisis nos ha sensibilizado a todos en que con acuerdos pueden generarse ventajas mutuas, el llamado “win to win”.  De esta manera,  una contención salarial “selectiva” podría seguir apoyando el proceso de recuperación y favorecer al mismo tiempo la reducción de unos niveles de desempleo todavía escandalosos. Así, poco a poco, iríamos creando unas bases estables para el crecimiento del consumo.

 

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