Utilizamos las cookies para ayudar a personalizar contenido, adaptar y medir los anuncios, y facilitar una experiencia más segura. Al hacer clic o navegar en el sitio, aceptas que recopilemos información dentro y fuera de modaes.es mediante las cookies. Consulta aquí más información, incluida la relativa a los controles disponibles: Política de cookies

Líder en información económica del negocio de la moda

17 Dic 201720:58

Jordi Évole, ¿quieres hablar de moda? Hablemos

 

Decepcionada con el tono del último Salvados de Jordi Évole sobre #FashionVictims, que me ha sonado a la versión televisiva de No Logo de Naomi Klein, pero versión española y con 17 años de retraso.

 

Esperaba que el sagaz periodista hubiese dado otro enfoque al asunto que no fuera el demagógico “Inditex, el gran coco explotador y amigos”. Vaya por delante que detesto cualquier tipo de explotación de seres vivos (animales y personas), que no estoy a favor del capitalismo salvaje, y que, aunque trabaje en el mundo de la moda como consultora y docente, la moda en sí me la trae totalmente al pairo.

 

Así las cosas, no podía dejar pasar la ocasión para hablar de moda en este país, pero de verdad. O, mejor dicho, más allá de lo fácil y populista.

 

Para empezar, hablemos del contexto de este país llamado España. Un país cuyo gasto medio en textil es de 1.138 euros al año, según el último informe anual sobre el comercio textil de Acotex. Un gasto que desde 2008 no ha hecho más que bajar, comprensiblemente, salvo en 2014, que ha repuntado un 2,61 por ciento.

 

Evidentemente, este gasto medio no creo corresponda a ninguno de los españoles en paro (20,9 por ciento), y que si no existiera Primark, por ejemplo, habría que inventarlo para que muchas familias pudieran vestirse, sobre todo sus hijos.

 

Pero no he visto mucho meterse con esta marca de low cost en el programa. Entre otras cosas, porque ha confundido la fast fashion con la moda low cost, que no es exactamente lo mismo. Zara es fast fashion, pero no low costY hoy quien triunfa vendiendo en España es Primark, no Zara.

 

¿Hablamos también de las cosas buenas de Inditex, o no tiene? Para empezar, gracias a él los españoles y medio mundo ha podido vestir a la moda desde 1985.

Es una empresa que crea puestos de trabajo, genera valor para sus inversores, o se preocupa por la trazabilidad de sus productos. Para más datos buenos, consultar este post de Juan Manuel López-Zafra en El Confidencial de anoche.

 

Por no decir que Inditex ha creado un modelo de negocio admirado por el resto del mundo y estudiado en las grandes escuelas de negocio. Pero vaya, eso debe ser malo, según Salvados. Es la explotación del capital.

 

Y no, Jordi Évole, claro que no es oro lo que reluce en Inditex. Desde luego que no. Pero ya lo desveló Cecilia Monllor en Zarápolis en 2001, cuando habló de la explotación patria de talleres; y Jesse Drucker en Bloomberg Newsen 2014 cuando desveló cómo reducía (legalmente) el pago de impuestos sobre sus beneficios. Y no comparto ni una cosa ni la otra, dicho sea de paso. Pero tu Salvados llega tarde. Desde 2008 has decidido tratar la moda en 2016. Curioso.

 

Pero sigamos hablando de moda. Hablemos ahora, Jordi Évole, del dinero de las arcas públicas invertido por el Estado desde los años ochenta. Hablemos de cómo se invirtieron los más de 14.000 millones de pesetas del Plan de Promoción de Diseño y Moda de Intangibles Textiles promovido por el Ministerio de Industria del Gobierno de Felipe González para el trienio 1985-88, y de su resultado.

 

Hablemos del Plan Global de la Moda, lanzado en 2001 por el Gobierno de Aznar, con un presupuesto de 49 millones de euros anuales, una iniciativa que involucraba a los ministerios de Economía, Ciencia y Tecnología y Cultura. Y hablemos de su resultado.

 

Hablemos también de la gestión de Paco Flaqué al frente de las cosas de la moda en la era de Jordi Pujol. De cómo en 1995 se convierte en la cabeza visible de la moda en Cataluña, manejando dinero público desde una empresa privada.

 

Hablemos, por favor también, de la guerra de pasarelas entre Barcelona y Madrid, y del dinero del erario público invertido sin retorno por el Estado y las Comunidades Autónomas en las mil y una pasarelas taifas de este país. Pasarelas públicas que no llevan la moda a ningún sitio más que a las revistas del corazón y a los telediarios.

 

Hablemos del por qué somos el único país donde papá Estado patrocina a fondo perdido pasarelas de moda. Y hablemos de si hemos de hacerlo y por qué. Yo vengo diciendo desde hace muchos años que no, pero un político de Esquerra Republicana encargado de los asuntos de la moda en Cataluña me contestó, a mi pregunta de qué por qué no cerraban el grifo, después de haberse comprobado que no existía ROI ninguno, que “el dinero forma parte de una partida dedicada a la moda, y debe gastarse en ella sí o sí”.

 

Hablemos de la fascinación que ejerce la moda en todo político que se precie, para demostrar que es moderno y cool. La foto de postureo en una pasarela parece ser vende mucho y hace ganar votos. Pero si hasta Ada Colau se ha apuntado al carro, con un discurso igualito al de la vieja política: pasarela consolidada, referente, sector estratégico. Bla bla bla…

 

Y hablemos también de los diseñadores. De los que desfilan en la hoy Mercedes Benz Fashion Week Madrid y en la 080 Barcelona Fashion. Hablemos de cuántos venden la colección que desfilan y de dónde sacan (y sacaron) el dinero para desfilarla. O de la coherencia de las marcas que desfilan, de los criterios que se utilizan.

 

Hablemos de la lógica que tiene que, además, que en este tipo de pasarelas de prêt-à-porter (muerto hace décadas) desfilen marcas como Mango o Desigual, por ejemplo, con las colecciones que están en sus tiendas. Hablemos de la lógica del sistema.

 

Hablemos también, ya que somos catalanes los dos, del Projecte Bressol de la Generalitat, que llevó a la tumba a la inmensa mayoría de proyectos acogidos, cuando no a la depresión y endeudamiento de sus diseñadores, crónica anunciada de un exterminio creativo en masa donde los Business plan se hacían desde el mundo de Yupi. Eso sí, pagados por todos los catalanes.

 

Y ya que estamos, hablemos de las escuelas de moda de este país. El 99% privadas, claro. Es decir, empresas (como Inditex). Hablemos de los sueldos que muchas pagan a sus profesores. Y del precio de sus cursos. Y de las motos que venden algunas. Hablemos. Yo ya lo hice.

 

Hablemos de los centenares de jóvenes diseñadores que salen cada año de esas escuelas, sólo en España. Y de dónde acaban trabajando. De cómo acaban sus sueños de ser una gran estrella del diseño en muchos casos. De la culpa que tienen las escuelas también en fomentar sus egos con los desfiles. Hablemos de lo que significa ser diseñador de moda.

 

Y ya que estamos, y como somos globales y tal, además de la fast fashion y el low cost, hablemos de dónde y cómo fabrican algunas grandes marcas de lujo hoy. Hablemos del Made in Italy que tanto nos gusta a los españoles, por ejemplo. Ya lo hizo tu colega, la periodista Milena Gabanelli en su programa Report de la RAI.

 

Hablemos también de la normativa de etiquetaje de la Unión Europea y de las trampas que permite.

 

Hablemos de moda, Jordi Évole, pero hablemos con una visión plural y no desde lo trillado y sabido, porque tu programa de ayer llega veinte años tarde.

 

P.S. Por cierto, me dicen que salí en los agradecimientos del programa de ayer. Yo no me vi, pero muchas gracias por nada.

...