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24 Oct 201706:21

Fast Fashion: ¿causa o efecto?

 

Post de Mar Rodríguez.

 

¿Qué fue antes el huevo o la gallina? ¿El Fast fashion o la demanda del mismo? ¿La idea luminosa de hacer negocio a costa del consumo compulsivo de moda o la necesidad de la gente de comprar ropa cada vez más a menudo?

 

Bajo mi modesta opinión, se trata de una estrategia de negocio enfocada a provocar demanda y no al revés, es decir, oferta masiva para producir demanda compulsiva. He leído por ahí que el objetivo del Fast fashion es satisfacer la demanda de manera eficiente (en poco tiempo) y efectiva (los productos están en la tienda en el momento preciso), pero yo sigo pensando que es al revés y la demanda en este caso es totalmente provocada cuando no la había o no había tanta.

 

Evidentemente, las claves de este negocio son la velocidad y la flexibilidad en la producción, haciendo que las colecciones de ropa y complementos roten un par de veces por semana en las tiendas, lo cual obliga al consumidor a visitarlas con frecuencia y a no salir “con las manos vacías” sin pasar por caja antes. Es decir, satisfacer la demanda en su pico, crear una situación de urgencia en el consumo que, obviamente, va en absoluto beneficio de las ventas de las empresas acogidas a este modelo de “Moda rápida”.

 

Hasta aquí todo muy bien para el retail de lo rápido y veloz, pero ¿qué se esconde detrás de esta estrategia comercial tan psicológicamente estudiada? Pues, evidentemente, procesos de producción de dudosa “legalidad”, amen de la fabricación masiva de plagios de otros diseñadores a precios de risa, pero con materiales de escasísima calidad. Nadie vende duros a cuatro pesetas.

 

Bangladesh y China son los imperios de la mano de obra barata  y aquí las grandes empresas se aprovechan del vacío legal existente en estos países en materia laboral y ambiental, al igual que de la necesidad de estas naciones de contar con inversiones extranjeras, de ahí que se molesten mas en crear leyes que favorecen al inversionista extranjero que a sus trabajadores, lo que se conoce como outsourcing.

 

Por otro lado y no menos grave, estas producciones rápidas y baratas no se puede decir que sean precisamente sostenibles, pues suponen un serio peligro para el medio ambiente por el uso masivo de tinturas, sustancias, fibras, etc de altísimo poder contaminante incluso nocivas para la salud del consumidor. ¿Quién no ha acabado con las manos azules el día que estrenas esos jeans tan monos y baratos y que a los cuatro lavados has tenido que tirar a la basura?

 

Está claro que en esta vorágine consumista provocada por las propias empresas de moda, se ha llegado a preferir cantidad a calidad y que realmente no nos importa mucho llenarnos de tinta las manos y las piernas por unos vaqueros de 12 euros que dentro de un par de meses van a ser sustituidos por otros, como tampoco nos paramos a pensar mucho (ni poco) en la cantidad de personas que trabajan en pésimas condiciones para fabricar esos pantalones, y mucho menos aun en si el medio ambiente se degrada o no por el uso de materiales de dudosa reputación.

 

En realidad, si nos paramos a analizar fríamente cada prenda que adquirimos, acabaríamos como cuando lees entero el prospecto de una medicina y sus efectos secundarios, no tomándola.

 

 

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