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23 Mar 201918:23

Una ecuación de futuro: diseño y artesanía

Una ecuación de futuro: diseño y artesanía

Diseño de María ke Fisherman. Fotografía: Foto de Estudio Barri

 

2018 se despidió con un acto relevante para nuestro sector, los Premios Nacionales

de la Industria de la Moda que otorga el Ministerio de Industria. Hace ya cinco años que estos galardones ponen sobre la mesa el peso económico de la moda en las finanzas de nuestro país, que es el 2,9% del Producto Interior Bruto (PIB). Entre las empresas que lo recibieron, la de Agatha Ruiz de la Prada, con una historia detrás de más de 30 años, que no es decir poco, y sobre todo en este mundo, que en la última década ha sido implacable con las marcas de tamaño medio, incapaces de competir con los gigantes del sector.

 

Otros premiados han sido Oteyza, una firma para hombre y mujer que está llevando a cabo una relectura de la sastrería tradicional, y Reliquiae, una marca de bolsos de lujo fabricados íntegramente en España y con un ADN muy basado en la manufactura cuidada y artesanal.

 

Pero no quiero hacer aquí una crónica de estos premios sino traer a colación una reflexión hecha por una de las participantes en la mesa redonda que tuvo lugar durante el acto de entrega. Y es la de la constatación de la pérdida de relevancia de la moda para los consumidores actuales. Lo dijo Pilar Riaño, que también ha planteado este tema en alguno de sus artículos: la desafección del consumidor en general y del español en particular hacia la moda, que prefiere la experiencia (viajes, gastronomía u ocio) a la adquisición de moda cuando toma decisiones de compra.

 

Recuperar ese valor perdido debería ser uno de los principales retos a los que la moda se enfrente este año que comienza. Como explicitó la misma Riaño en el coloquio, al fin y al cabo, todos tenemos que vestirnos, así que no es una industria que vaya a desaparecer, pero volver a seducir al consumidor y subir en su escala de deseos, ya es harina de otro costal. Para mí, una de las claves para que esto ocurra está en construir un relato en donde el diseño se una a la artesanía y a sus procesos, en los que el tiempo y la excelencia en la ejecución sean centrales a la hora de entender el precio y desarrollar el discurso de cada prenda.

 

 

 

 

Porque de lo que estoy hablando es de la pervivencia de muchas firmas de creador que no pueden -y pienso que tampoco deben- competir con la gran distribución en lo que a coste se refiere, pero en lo que sí pueden rivalizar es en el discurso que arropa y construye sus prendas. A estas empresas, lo que las diferencia, lo que las hace únicas y les da valor es su imbricación con los procesos artesanales, y no sólo me refiero –que también- a la manufactura en sí, sino a la incorporación de técnicas tradicionales al borde de la desaparición.

 

Bordados, encajes, ganchillo, bolillo, macramé, punto de cruz, artesanías de la piel, del esparto y otros tejidos vegetales… utilizados con un lenguaje contemporáneo y actualizado hacen que una pieza tenga un lenguaje complejo que es importante transmitir de manera coherente y continua. Ambos, moda de autor y disciplinas artesanales, necesitan el uno del otro para sobrevivir y crecer; ambos se complementan en discurso y dan valor a sus creaciones a partir de su imbricación y colaboración.

 

Cuando María ke Fisherman diseña looks de ganchillo hechos con hilo técnico en lugar de algodón que fabrican las monjas de un convento de Huelva; cuando Leyre Valiente o Devota&Lomba incorporan encaje de Camariñas a sus vestidos de novia; cuando las tejedoras del pueblo de Las Ventas del Carrizal llevan a cabo los bordados en punto de las prendas de Leandro Cano; cuando Oteyza o Ana Looking reinterpretan técnicas de sastrería tradicional; cuando Duyos construye toda una colección con matones de Manila vintage o cuando Juana Martín actualiza el traje de flamenca, pasado y presente forman un binomio que proyecta diseño y artesanía hacia el futuro.

 

Los consumidores buscan experiencias con valor, y precisamente eso, experiencia, calidad y tiempo es lo que aporta valor a unas prendas cuyo mayor coste viene justificado por esta unión. El diseño de moda tiene en dicha ecuación uno de sus caminos de futuro.

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