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27 May 202003:07

Sourcing Keys (XV): Vietnam, de rey de las ‘sneakers’ a competir por las ‘t-shirts’

Antes de convertirse en una nueva China del textil, la industria de Vietnam ya estuvo vinculada a la moda a través del calzado y, en especial, del deportivo, del que siempre ha sido uno de los mayores hubs productivos del mundo.

01 Sep 2017 — 00:00
S. Riera
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El aprovisionamiento se ha convertido en uno de los pilares estratégicos para el negocio de la moda. Saber dónde, cómo y cuándo producir son cuestiones decisivas para el devenir de las empresas del sector. Modaes.es aborda las claves en las políticas de compras de las compañías y pone el acento en definir los principales hubs del sourcing y en los núcleos productivos de las materias primas. Bajo el título de Sourcing Keys, se irá trazando durante varias semanas una radiografía exhaustiva de los principales ejes geográficos en los que se concentran los distintos procesos manufactureros de la cadena de valor de la moda.

 

 


 

Vietnam reivindica su músculo productivo en la moda desde hace varias décadas. Antes de ser uno de los hubs industriales del textil low cost, el país fue uno de los epicentros fabriles del calzado deportivo. En los últimos años, el territorio ha derivado su actividad hacia el textil captando parte de la producción que ha salido de China en busca de costes productivos más bajos, tal y como ha ocurrido en otros países vecinos, como Bangladesh, Camboya, Laos o Tailandia. Vietnam es, desde 2007, miembro de la Organización Mundial del Comercio (OMC), lo que ha fortalecido su protagonismo en este negocio.

 

Vietnam produce en la actualidad 920 pares de zapatos cada año y exporta alrededor de 800 millones de pares a más de cincuenta mercados en todo el mundo, de los cuales la Unión Europea es su principal destino. En 2016, Vietnam firmó un tratado de libre comercio con Europa (pospuesto hasta 2018), allanando aún más su camino. El país asiático cuenta también con acuerdos de este tipo con Corea del Sur, Rusia, Kazajistán o Bielorrusia.

 

Se estima que, en la actualidad, operan en el territorio un millar de empresas en la piel y el calzado, de las cuales sólo el 23% son de capital extranjero, aunque concentran el 65% de las exportaciones. En 2016, la industria vietnamita de calzado exportó por valor de 16.200 millones de dólares, un 8,8% más que en el año anterior. Casi la mitad de las ventas del sector son de calzado textil mientras que un tercio es de piel.

 

 

El calzado generó el año pasado el 9,2% del valor del total exportado por la economía del país. Se prevé que en 2017, esta cifra se sitúe en 18.000 millones de dólares y llegue a alcanzar los 54.000 millones de dólares en 2030. En total, el sector emplea a unos 720.000 trabajadores.

 

En este escenario, Vietnam es uno de los mayores proveedores mundiales de calzado deportivo pero aún no tiene suficiente mercado de consumo interno para desarrollar sus propias marcas. Su mercado local consume 180 millones de pares al año por valor de 5.000 dólares, pero está dominado por producción china de precios bajos y marcas internacionales de gama media-alta.

 

Por otro lado, su actividad fabril consiste sólo en el montaje, sin haber evolucionado la cadena de aprovisionamiento hacia otras fases, que le enriquecerían como clúster. Por último, otro de los retos del sector del calzado en el país es la robotización. En este sentido, las que avanzan más rápido son las fábricas de capital extranjero. Según la patronal de la piel, el calzado y los complementos de Vietnam, Lefaso, por cada seis pares que las empresas locales fabrican de manera robotizada, las factorías de capital extranjero producen quince.

 

 

En paralelo a la actividad manufacturera del calzado, Vietnam ha impulsado en los últimos años la del textil. La salida de China de la producción low cost en busca de costes productivos más bajos también recaló en este país del sudeste asiático. Se calcula que, en la actualidad, la industria textil y de la confección en el territorio suma unas 3.800 empresas, de las cuales unas cincuenta están controladas por el Gobierno y unas 500 son de capital extranjero. El sector emplea a 1,3 millones de personas de manera directa y otras 700.000 de manera indirecta.

 

De la misma manera que ocurre en el calzado, la industria textil vietnamita está centrada en la confección de prendas y es dependiente de las importaciones de tejido, procedente sobre todo de China. No obstante, y a diferencia del calzado, el país si ha facilitado la inversión en la construcción de factorías de fibras, hilados y tejeduría.

 

Las exportaciones del sector crecieron el año pasado un 7%, hasta 30.000 millones de dólares, según la Viet Nam Textile and Apparel Association (Vitas). El sector exporta a cuarenta países, siendo sus mayores destinos Estados Unidos, Japón, Corea del Sur, China y la Unión Europea.

 

La mayor empresa del textil en Vietnam, y una de las principales del país, es Vinatex, de titularidad pública y con una cifra de negocio anual de 600 millones de dólares. Se trata de un hólding empresarial que suma unas cincuenta empresas y otras cuarenta en joint venture (compañías conjuntas). Con sede en Hanói, la empresa tiene capacidad para producir hasta 23 millones de metros de tejido al año.

 

 

El Acuerdo Transpacífico (Ttp) generó también grandes expectativas para la industria textil en el territorio. En 2016, Vietnam lideró la inversión extranjera en el sector textil y de la confección con un montante de 2.700 millones de dólares, según el informe World Investment Report, elaborado por Naciones Unidas. El siguiente país en la clasificación fue Etiopía, con una inversión de 636 millones de dólares.

 

En el caso del país asiático, los inversores fueron otros grupos de China, Corea del Sur o Taiwán, que quisieron sacar provecho de la adhesión de Estados Unidos al tratado. La salida del mercado estadounidense frenó en seco la llegada de inversión foránea en el sector, a pesar de que el país americano ya era, y continúa siendo, el principal destino para las ventas exteriores de la industria textil y de la confección del país, a pesar de que grava sus importaciones de ropa de Vietnam con aranceles de entre el 12% y el 20%.

 

El país ha logrado hacerse un hueco entre los mayores países productores de prendas de vestir por sus bajos costes laborales, pero la presión sindical ha forzado al Gobierno a subir el listón del salario mínimo. En la actualidad, el Ejecutivo del país está a las puertas de aprobar una nueva subida salarial, que podría mejorar en un 6,5% el sueldo mínimo actual, hasta 147 euros, tal y como propone el consejo asesor para el salario nacional del país.

 

 

Desde que Vietnam tomó protagonismo en el mapa mundial del aprovisionamiento de moda, el país ha ido incrementando de manera paulatina su sueldo básico. En 2008, éste se situaba en 89 euros, mientras que en 2015, cuando se llevó a cabo la última subida, se fijó en 129 euros mensuales. Las previsiones del Gobierno vietnamita pasaban entonces por continuar incrementando el salario mínimo del país un 21% en 2017 y un 55% hasta 2020 con el propósito de situar el listón en 156 euros este año y en 199,95 euros en tres años.

 

A finales de 2016, la española Inditex puso en marcha su primera red sindical de proveedores en el país, siendo la primera red de este tipo en la industria textil y pertenecientes a un solo grupo que se creó en el mundo. En 2014, el gigante español del textil trabajó con 134 fábricas de confección y calzado en Vietnam, que empleaban a unos 152.101 trabajadores.

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